La herramienta del trabajador del conocimiento es su saber específico y, su principal recurso, la capacidad de atención; esto es: la habilidad cognitiva para enfocar la mente en una tarea puntual mientras se ignoran otras distracciones. Se trata de un proceso que nos permite seleccionar y filtrar la información para centrarnos en lo que es importante para nuestras metas o intereses.
Tanto la atención como la memoria son procesos cognitivos fundamentales ya que nos permiten procesar, retener y recuperar información relevante. Si no podemos enfocar nuestra atención en la información que estamos examinando no podremos procesarla y no se almacenará en la memoria. Del mismo modo, si no podemos recuperar esos datos cuando los necesitamos, no podremos utilizarlos cuando sea necesario.
Existe un gran corpus de investigación que estudia la influencia del espacio físico sobre las funciones cognitivas, incluidas la atención, la memoria y los procesos de aprendizaje. Sin embargo, durante mucho tiempo la comunidad científica asumió que los distintos modos de concentración son invariantes a través de todas las culturas. Hallazgos recientes demuestran que esto no es así y que la cultura también puede modelar la forma en que prestamos atención al mundo que nos rodea.
De acuerdo con un estudio de la Universidad de Alberta, Canadá, el estilo de pensamiento analítico dominante en las culturas occidentales, tales como las de Europa occidental y América del Norte, está caracterizado por una atención orientada más a los objetos que al contexto. Por el contrario, el estilo holístico que predomina en las culturas de Asia oriental, tales como China, Corea del Sur y Japón, presta más atención a los objetos en relación con el contexto.
Entonces, dado que el entorno construido junto con la cultura es capaz de afectar procesos cognitivos fundamentales para el desempeño, como la atención y la memoria, ¿de qué forma podemos potenciar estas habilidades desde el diseño del espacio de trabajo?
Numerosos estudios corroboran que el espacio físico puede tener una gran influencia en la capacidad de atención y la memoria. Un ambiente que proporcione estímulos adecuados y una configuración de diseño apropiada puede mejorar la habilidad de las personas para procesar y retener información. A continuación, se enumeran algunas estrategias de diseño para mejorar estos procesos cognitivos:
También se ha visto que la altura del techo puede influir en el procesamiento de la información. Mientras que los espacios con techos altos promueven el pensamiento conceptual y activan la imaginación estimulando el pensamiento creativo, los espacios con cubiertas bajas estimulan un estilo de pensamiento más concreto, enfocado y detallista que mejora la atención.
No obstante, tanto la monotonía visual como la sobreestimulación pueden desencadenar estados disfuncionales. Los entornos poco estimulantes caracterizados por el uso de baja intensidad de colores, armonías monocromáticas, colores acromáticos o contrastes débiles de color pueden provocar inquietud y dificultades de concentración.
Pero, más allá de los efectos sobre nuestra fisiología, es importante considerar que los colores pueden tener un significado simbólico diferente para cada cultura, lo cual requiere una comprensión de las tradiciones, los valores y las costumbres locales a la hora de decidir una paleta cromática.
La concentración elevada de dióxido de carbono (CO2) en el aire interior es un indicador de contaminación, debido a su efecto potencial sobre la función cognitiva y se deriva, principalmente, de una ventilación insuficiente. El aumento de los niveles de este gas conduce a una disminución de aproximadamente un 5 % en la capacidad de atención y la memoria, las cuales mejoran cuando aumenta la tasa
de ventilación.
Existe evidencia de que las temperaturas más bajas en el rango de 25°C a 20°C mejoraron el rendimiento en un 2 % a 4 % por cada reducción de 1°C. El rango recomendado es de 20°C a 22°C en el invierno y de 22°C a 24°C en verano, ya que la evidencia sugiere que las temperaturas fuera de este margen pueden afectar el rendimiento cognitivo.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que existen adaptaciones culturales producto del clima y la geografía de la región donde vivimos. Quienes residen en zonas de clima cálido suelen preferir temperaturas interiores más altas que las personas que viven en ambientes de clima frío.
Es bien sabido que la preservación del espacio personal y la privacidad son necesidades básicas de las personas y pueden influir en la capacidad de atención. Un espacio de trabajo con mucha densidad de ocupación puede interferir con la habilidad para concentrarse y aumentar el estrés y la fatiga.