Diciembre 2023 / Enero 2024
Espacios laborales

Potenciar la atención y la memoria

Vivimos en la era del conocimiento –un recurso que se ha vuelto más importante para las empresas que los activos físicos o financieros– lo que ha dado lugar a nuevas formas de trabajo y nuevos tipos de producción. Hoy, el trabajador del conocimiento es el activo más valioso de cualquier organización.

La herramienta del trabajador del conocimiento es su saber específico y, su principal recurso, la capacidad de atención; esto es: la habilidad cognitiva para enfocar la mente en una tarea puntual mientras se ignoran otras distracciones. Se trata de un proceso que nos permite seleccionar y filtrar la información para centrarnos en lo que es importante para nuestras metas o intereses.

Tanto la atención como la memoria son procesos cognitivos fundamentales ya que nos permiten procesar, retener y recuperar información relevante. Si no podemos enfocar nuestra atención en la información que estamos examinando no podremos procesarla y no se almacenará en la memoria. Del mismo modo, si no podemos recuperar esos datos cuando los necesitamos, no podremos utilizarlos cuando sea necesario.

Existe un gran corpus de investigación que estudia la influencia del espacio físico sobre las funciones cognitivas, incluidas la atención, la memoria y los procesos de aprendizaje. Sin embargo, durante mucho tiempo la comunidad científica asumió que los distintos modos de concentración son invariantes a través de todas las culturas. Hallazgos recientes demuestran que esto no es así y que la cultura también puede modelar la forma en que prestamos atención al mundo que nos rodea.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Alberta, Canadá, el estilo de pensamiento analítico dominante en las culturas occidentales, tales como las de Europa occidental y América del Norte, está caracterizado por una atención orientada más a los objetos que al contexto. Por el contrario, el estilo holístico que predomina en las culturas de Asia oriental, tales como China, Corea del Sur y Japón, presta más atención a los objetos en relación con el contexto.

Entonces, dado que el entorno construido junto con la cultura es capaz de afectar procesos cognitivos fundamentales para el desempeño, como la atención y la memoria, ¿de qué forma podemos potenciar estas habilidades desde el diseño del espacio de trabajo?

Un espacio para potenciar la atención

Numerosos estudios corroboran que el espacio físico puede tener una gran influencia en la capacidad de atención y la memoria. Un ambiente que proporcione estímulos adecuados y una configuración de diseño apropiada puede mejorar la habilidad de las personas para procesar y retener información. A continuación, se enumeran algunas estrategias de diseño para mejorar estos procesos cognitivos:

  • Forma y geometría. Con base en numerosos estudios sobre las reacciones innatas de las personas al medio ambiente, se infiere que preferimos las curvas y los contornos suaves sobre los ángulos y las rectas, prácticamente inexistentes en la naturaleza. De ello se desprende que las formas angulares benefician el estado de alerta y la atención mientras que las suaves y redondeadas propician la relajación.
  • Otros experimentos han demostrado que las composiciones simétricas se detectan más rápidamente que las asimétricas. Esto se debe a que el sistema visual humano ha evolucionado para procesar imágenes de la naturaleza en las que prevalece el equilibrio. En consecuencia, las composiciones desiguales pueden provocar malestar y atentan contra la capacidad de atención.
  • Dimensiones. Se ha comprobado que los espacios de grandes extensiones producen un rendimiento más bajo y afectan negativamente el procesamiento de la memoria en comparación con los de menor tamaño.

También se ha visto que la altura del techo puede influir en el procesamiento de la información. Mientras que los espacios con techos altos promueven el pensamiento conceptual y activan la imaginación estimulando el pensamiento creativo, los espacios con cubiertas bajas estimulan un estilo de pensamiento más concreto, enfocado y detallista que mejora la atención.

  • Colores y texturas. Los estímulos visuales que provocan los colores y las texturas pueden afectar las funciones cognitivas. Por ejemplo, las tareas de atención y memoria tienen mejores resultados en espacios donde predominan los tonos fríos, mientras que la memoria se potencia en áreas con combinaciones de colores de alto contraste.

No obstante, tanto la monotonía visual como la sobreestimulación pueden desencadenar estados disfuncionales. Los entornos poco estimulantes caracterizados por el uso de baja intensidad de colores, armonías monocromáticas, colores acromáticos o contrastes débiles de color pueden provocar inquietud y dificultades de concentración.

Pero, más allá de los efectos sobre nuestra fisiología, es importante considerar que los colores pueden tener un significado simbólico diferente para cada cultura, lo cual requiere una comprensión de las tradiciones, los valores y las costumbres locales a la hora de decidir una paleta cromática.

  • Condiciones ambientales. Un ambiente físico cómodo, en términos de temperatura y ventilación, puede estimular las funciones cognitivas de los ocupantes para mantener la productividad, mientras que la incomodidad resulta claramente negativa.

La concentración elevada de dióxido de carbono (CO2) en el aire interior es un indicador de contaminación, debido a su efecto potencial sobre la función cognitiva y se deriva, principalmente, de una ventilación insuficiente. El aumento de los niveles de este gas conduce a una disminución de aproximadamente un 5 % en la capacidad de atención y la memoria, las cuales mejoran cuando aumenta la tasa
de ventilación.

Existe evidencia de que las temperaturas más bajas en el rango de 25°C a 20°C mejoraron el rendimiento en un 2 % a 4 % por cada reducción de 1°C. El rango recomendado es de 20°C a 22°C en el invierno y de 22°C a 24°C en verano, ya que la evidencia sugiere que las temperaturas fuera de este margen pueden afectar el rendimiento cognitivo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que existen adaptaciones culturales producto del clima y la geografía de la región donde vivimos. Quienes residen en zonas de clima cálido suelen preferir temperaturas interiores más altas que las personas que viven en ambientes de clima frío.

  • Iluminación. Diversos estudios han demostrado que el color de la luz tiene un impacto en nuestra fisiología: mientras que la luz azulada de la mañana tiene un efecto activador (de alerta), el rojo del atardecer tiene un resultado relajante. Pero, la temperatura de color óptima para espacios que requieren buena atención y memoria es de 4300 K.
  • Ruido. Es un factor importante para mantener la atención. Un ambiente ruidoso puede interferir con la capacidad de concentración y aumentar el estrés y la fatiga, lo que induce la liberación de cortisol alterando la capacidad para pensar con claridad y retener información.
  • Layout. Los espacios de trabajo en open plan pueden aumentar la distracción y disminuir la capacidad de atención. Los empleados que trabajan en zonas abiertas experimentan más distracciones y tienen menos privacidad que aquellos que trabajan en espacios más cerrados.

Es bien sabido que la preservación del espacio personal y la privacidad son necesidades básicas de las personas y pueden influir en la capacidad de atención. Un espacio de trabajo con mucha densidad de ocupación puede interferir con la habilidad para concentrarse y aumentar el estrés y la fatiga.

  • Vistas al exterior. Las experiencias restauradoras que ofrece la naturaleza ayudan a mitigar la fatiga mental, mejoran la atención y juegan un papel decisivo en el bienestar de las personas.

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