Noviembre 2023 - Año XXXIII
Al Borde
Historia, curiosidades y leyendas

Un Castillo frente al mar

por Ing. Mario Minervino - @mrminervino1

“La forma de castillo de la usina aparece muy apropiada para su ubicación, aparecerá como centinela avanzada y exponente incontestable de la pujanza e incesante progreso de Bahía Blanca”, LNP, 25 de mayo de 1929

El edificio marca una inesperada presencia medieval en medio de un paisaje portuario-industrial, con una elevada torre almenada como hito principal. Una rareza si se quiere, vecino a construcciones ladrilleras utilitarias, a silos de hormigón y al recuerdo de los elevadores de chapa demolidos en 1978.

Conocido como El Castillo, fue habilitado en 1932 como Usina de Electricidad Ingeniero White. Allí se generó durante 65 años la energía que alimentaba a Bahía Blanca. Rebautizada en la década del 50 con el nombre de Gral. San Martín, fue puesta fuera de servicio hace 40 años, y el lugar quedó vacío, sin mantenimiento, sin proyectos sobre su posible utilización y en progresiva degradación. En los últimos meses, en una intervención no menor, se completó el retiro de asbesto presente en lagunas cañerías, una presencia que desde hace décadas conformaba una excusa precisa para justificar ese desentendimiento. Fue merced al impulso y gestión de la Asociación de Amigos del Castillo que se completó esa obra, que hoy permite ingresar al edificio sin riesgo alguno y abrir nuevas expectativas en cuanto al futuro del lugar.

Primero, la historia

¿Por qué un castillo para una usina? La respuesta viene de la mano de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, empresa de capitales suizos que en 1927 obtuvo la concesión del servicio eléctrico para nuestra ciudad, hasta entonces en manos del Ferrocarril del Sud.

Entre las condiciones impuestas por la comuna al decidir esa adjudicación estuvo la de construir una nueva usina, considerando que la que desde 1913 operaba en Loma Paraguaya resultaba insuficiente para atender la creciente demanda de energía. Así se puso en marcha esta particular obra, en terrenos ganados al mar, recostada su figura contra el estuario y la primera inversión de esta prestataria que en la ciudad tomó el nombre de Empresas Eléctricas de Bahía Blanca.

En julio de 1928 se conoció una ilustración de la obra con la denominación “Usina Ingeniero White”, la cual se presentaba “entre las más modernas del país” por su equipamiento y “favorable al progreso edilicio, industrial, comercial y de sus puertos de Bahía Blanca”.

Fundada sobre pilotes y con estructura de hormigón armado, el edificio quedó terminado a fines de 1931. Entre los detalles relacionados con su funcionamiento se destacaba la obra hidráulica, que incluía una toma de agua salada en la dársena del elevador de chapa Nº 1, conformada por dos canales de 234 metros de recorrido que llegaban hasta las bombas de las turbinas.

Se equipó el lugar con dos grupos turbogeneradores de 7500 w de potencia cada uno, a los cuales se sumaron luego otros dos del doble de potencia. Se tendió además un cableado subterráneo para transportar energía a la Usina de Loma Paraguaya, a los elevadores de granos, a la vieja usina de White, al puerto Nacional y a varias subestaciones.

Estatizado a fines de los 40, privatizado en los 90, desguazado en 2000, el edificio es desde el 2001 propiedad del municipio. Está inventariado como Patrimonio Arquitectónico de la ciudad y tiene rango de Monumento Histórico Nacional y Patrimonio cultural de la provincia de Buenos Aires.

El autor del proyecto y un bunker para un vampiro

El diseño del castillo fue realizado por el arquitecto Giuseppe Molinari. Nacido en 1898 en Novara, en la región italiana de Piamonte. Su trabajo en el norte de Italia y el sur de Suiza le permitió tomar contacto con un directivo de Motor Columbus, quien lo recomendó a un miembro de esa empresa que necesitaba ampliar una suerte de bunker subterráneo que éste habitaba en Berna, Suiza.

A partir de ese contacto, la empresa le propone luego realizar algunas construcciones en Buenos Aires para la Compañía Ítalo Argentina. Molinari aceptó el trabajo y comenzó por proyectar la usina más importante de la empresa, ubicada en Puerto Nuevo, un edificio de 140 metros de largo, todavía en operatividad, con una composición clásica rematada con dos elevadas torres.

A la par tomó otras dos obras. Un nuevo bunker subterráneo para aquel cliente de Berna, que había decidido mudarse a Buenos Aires, al cual “disfrazó” con una fachada estilo medieval similar al estilo de las usinas y que hasta hoy conforma una singularidad en el barrio de Recoleta. Una leyenda urbana asegura que el directivo que habitaba el sitio era en realidad un hombre-vampiro.

Ese mismo año, 1926, se hace cargo de diseñar el castillo en Bahía Blanca, siguiendo los lineamientos de diseño que ya había desarrollado en varias usinas porteñas su colega Giuseppe Chiona. La obra comenzó con el relleno del terreno, con material proveniente del dragado del canal de entrada al puerto, la fundación sobre pilotes y la estructura de hormigón armado. Luego vino la obra de ladrillo y los revoques imitando piedras en diferentes formas y tonalidades.

El estilo

En 1983 el arquitecto Enrique Cabré Moré, uno de los primeros profesionales en interesarse por el patrimonio bahiense, definió el estilo de la usina como “la noble y cálida arquitectura de un castillo lombardo”, señalando como un error emparentarlo con el arte gótico o la variedad Tudor inglesa, ya que el edificio no tenía, dijo, “ningún detalle que lo acercara a esa tendencia”.

Para ejemplificar su calificación invitó a mirar al campanile de Cremona, a la catedral de Ferrara, al Palazzo Vecchio de Florencia, el castillo Sforza de Milán y las bandas superpuestas de la catedral de Pisa, todas inspiradoras de la obra de Ingeniero White.

La obra ha sido también calificada como de líneas del “románico lombardo florentino”, considerado en el siglo XIX el estilo nacional de Italia.

El obelisco, la bombonera y la usina de White

Otro detalle interesante del Castillo es la constructora que intervino. Nada menos que la mítica Compañía General de Obras Públicas S.A. (Geopé), empresa de capitales alemanes de vastísima actividad en nuestro país durante todo el s. XX.

Entre sus cientos de obras basta mencionar las fábricas de cemento Loma Negra (Olavarría) y Ferrum (Avellaneda), el edificio de Correos (hoy Centro Cultural Néstor Kirchner), las Galería Güemes de calle Florida, la Confitería el Molino, los estadios de fútbol de Boca Juniors y Racing Club y el mítico Obelisco porteño.

La extraña presencia de San Jorge y el Dragón

Sobre una de las fachadas del castillo se encuentra emplazada una estatua de San Jorge y el Dragón, realizada por Troiano Troiani. Nació en Udine (Italia) en 1885 y llegó a Buenos Aires en 1910, merced a una beca del Gobierno Nacional para que artistas europeos contribuyeran al embellecimiento de la ciudad de Buenos Aires.

Uno de sus primeros trabajos fue un conjunto de esculturas para la Bolsa de Comercio porteña. Son de su autoría los 51 faroles de la Plaza de los dos congresos en Buenos Aires, piezas de hierro forjado fundidas en la región de Champagne, Francia. También es autor de El Arquero, escultura ubicada en la plaza Moreno de La Plata. En el edificio de Obras Públicas de la Avenida 9 de Julio porteña —dos de cuyas fachadas lucen el rostro de Eva Duarte—, realizó dos figuras ubicadas en la fachada, famosas por ser consideradas una alegoría a la coima.

No está claro por qué la Ítalo decidió colocar esa obra San Jorge y el Dragón en el castillo, la cual recrea la famosa acción de ese caballero hundiendo su lanza en un dragón que atemorizaba a toda una población. Jorge nació a finales del siglo II en la Capadocia y era oficial del séquito del emperador Diocleciano. Murió como un mártir por no querer renunciar a su fe cristiana. Canonizado, su historia lo convirtió en un paladín del imaginario medieval europeo, protector de caballeros y soldados, cruzados y templarios. Hoy es patrón de Inglaterra, Portugal, Bulgaria, Ucrania, Etiopía, Georgia y de ciudades como Cáceres, Barcelona, Moscú, Inglaterra, Génova y Regio de Calabria, entre otras.

Balneario de la usina: climatizado y nocturno

Otra curiosidad del castillo es que hasta la década del 80 funcionó en uno de sus laterales un muy concurrido balneario de calidad aguas saladas.

El mismo no dependía de la marea sino que se alimentaba del agua que la usina devolvía al mar luego de ser utilizada para el enfriamiento de su equipamiento. El siguiente relato de Nicolás Caputo, quien fuera empleado del lugar, cuenta de las características de ese espacio.

“En la central teníamos dos canales para tomar el agua de mar. Mientras se limpiaba uno, el otro seguía funcionando. El agua salada entraba por estos canales y pasaba por los filtros. La bomba de circulación tomaba el agua y la mandaba a los condensadores, a los refrigerantes de aceite, del alternador y de los transformadores. A lo largo de ese circuito, el agua ganaba temperatura y finalmente era descargada otra vez a la ría por un canal que formaba una especie de pileta.

El agua tenía temperatura cálida y la gente se bañaba en esa pileta, la usaba como playa. Incluso cerraban con piedras la salida y así se llenaba más. También nadaban contra la correntada, porque el agua salía con una presión de diez kilos. De noche, un foco iluminaba el lugar y la gente se venía a bañar. “Vamos a la usina”, decían, porque a la pileta todo el mundo le decía “la usina”.

La usina del arte: un modelo a seguir

Diez años antes de que Molinari diseñara la usina Ingeniero White, la Ítalo-Argentina inauguró una usina en el barrio de la Boca, a la que bautizó Pedro de Mendoza, que durante 80 años abasteció de electricidad a Buenos Aires. La misma fue estatizada, luego privatizada y en los 90 abandonada, desguazada y olvidada.

Diseñada por el arquitecto Giovanni Chiogna, el edificio tiene los lineamientos de un castillo medieval aunque, a diferencia del de Ingeniero White, se destaca por sus muros de ladrillo a la vista. Posee también arcos de medio punto, frisos con molduras, una torre almenada, escudos en las paredes, rosetones, tragaluces y una gran variedad de detalles decorativos.

Cerca de convertirse en ruina, el Gobierno Nacional al mando de Fernando de la Rúa dispuso su recuperación para servir como sede de las orquestas Sinfónica Nacional y Filarmónica.

Los trabajos comenzaron en 2007 y el lugar se inauguró en 2011. Un año después se lo bautizó “Usina del arte”. Hoy cuenta con una sala para conciertos para 1200 espectadores, un Salón para exposición, una sala de ensayo y una de Cámara, entre otras comodidades, siendo uno de los lugares más atractivos de la city porteña.

La puesta en valor y readecuación de este edificio es sin dudas el modelo a seguir en Ingeniero White.


Home | Costos | Blog | Ediciones Anteriores