La industria del cemento enfrenta uno de los mayores desafíos ambientales del planeta: reducir las emisiones asociadas a su producción, responsables de casi el 10 % del CO2 global. En ese contexto, un avance científico propone mirar hacia el mar. Es que un equipo de investigadores logró integrar algas marinas a las mezclas de cemento, con la combinación de biotecnología, inteligencia artificial y sostenibilidad para repensar la manera en que se edifican las ciudades.
El cemento es uno de los materiales más utilizados en el mundo, pero también uno de los más contaminantes. Frente a ese desafío fue que investigadores de la Universidad de Washington y Microsoft Research desarrollaron una fórmula que incorpora algas marinas del tipo Ulva en la mezcla.
Con solo un 5 % de esta biomasa en polvo, el nuevo cemento logró reducir en un 21 % su impacto climático sin alterar su resistencia estructural. El avance abre la puerta a una línea de materiales de construcción más sostenibles, capaces de aprovechar recursos naturales renovables y disponibles en grandes cantidades.
Las algas marinas ofrecen una ventaja clave y es que, durante su crecimiento, capturan dióxido de carbono atmosférico a través de la fotosíntesis y lo almacenan en su estructura celular. Este proceso convierte a las algas en sumideros naturales de carbono, lo que compensa parte de las emisiones asociadas al cemento convencional.
Además, su cultivo no requiere agua dulce, fertilizantes ni compite con tierras agrícolas. Por eso, se perfilan como un insumo estratégico para una economía circular en zonas costeras, donde se pueden producir localmente y transformarse en materia prima para la industria de la construcción sin grandes inversiones.
Tradicionalmente, diseñar un nuevo tipo de cemento implica años de ensayo y error, ya que cada muestra debe curarse durante casi un mes antes de poder evaluarse. Para acortar esos tiempos, el equipo interdisciplinario recurrió a modelos de aprendizaje automático que analizaron múltiples combinaciones de materiales y predijeron cuáles tendrían mejor desempeño.
Gracias a este uso de la inteligencia artificial, lograron identificar una mezcla óptima en menos de un mes, cuando un proceso convencional podría haber demorado cinco años. Esta metodología permite adaptar la fórmula a otros recursos orgánicos disponibles, como residuos agroindustriales o diferentes especies de algas.
Aunque la investigación sigue en fase experimental, el cemento con algas Ulva ya muestra un alto potencial para su uso en la construcción sostenible. En regiones del Pacífico estadounidense, así como en Noruega y Corea del Sur, se están llevando adelante proyectos piloto que evalúan su desempeño en obras reales.
Las pruebas iniciales indican que este tipo de cemento mantiene la resistencia estructural del hormigón tradicional, con una mejor huella ambiental y posibilidades de producción descentralizada. Los investigadores también analizan cómo distintas especies de algas afectan la durabilidad, el comportamiento térmico y la resistencia a la humedad del material, con el objetivo de adaptarlo a distintas condiciones climáticas en el mundo.
El uso de algas marinas en mezclas de cemento podría transformar el modo en que se construyen las ciudades. Entre las posibles ventajas se destacan:
Más que una curiosidad científica, esta propuesta marca un cambio de paradigma que consiste en integrar lo natural a los procesos industriales para construir sin agotar los recursos de la naturaleza. Si el hormigón fue el símbolo del progreso del siglo XX, el cemento con algas podría ser el de una nueva era de sostenibilidad en la construcción.
Si la tecnología logra escalarse, los beneficios podrían ser múltiples: materiales más limpios, cadenas de producción locales, menor dependencia de recursos fósiles y nuevos empleos vinculados a la bioeconomía azul. A largo plazo, esta sinergia entre ciencia, naturaleza y construcción podría dar lugar a una arquitectura más responsable, capaz de absorber carbono en lugar de emitirlo.