Es una de las pocas firmas cuya participación en una obra se impone o destaca por sobre el autor del proyecto.
Fue fundada en 1913, como filial de la alemana Philipp Holzmann, la cual venía desarrollando obras importantes como el dragado de canales del Delta, varios depósitos fiscales en el puerto de Buenos Aires y el subterráneo de la Línea A, entre Plaza de Mayo y Plaza Once.
Parte de las obras de Geopé realizadas en las primeras décadas del siglo XX se conocen merced a una publicación realizada por la misma empresa, un libro de 134 páginas con fotografías organizadas en ocho secciones: edificios públicos y bancos, casas de negocios y de renta, chalets, fábricas, construcciones hidráulicas y de servicios públicos, pavimentos, silos y obras varias.
Una prueba de la amplitud de tareas realizadas es que ese listado no incluye obras emblemáticas como el Obelisco de Buenos Aires y los estadios de los clubes Racing Club y Boca Juniors.
Muchas de las obras realizadas por Geopé forman parte del patrimonio arquitectónico porteño, por caso la Confitería del Molino (1915), la Galería Güemes (1915), el ex Correo Central (actual Palacio Cultural Domingo Faustino Sarmiento) y los edificios Comega y Safico, íconos de esa tipología en altura en la década del 30.
También se destacan obras de infraestructura con un alto componente tecnológico, como las usinas en Puerto Nuevo, muelles, puentes y puertos, obras de saneamiento, como los frigoríficos La Blanca y La Plata Cold Storage, las Cloacas Máximas de Sarandí y Berazategui, el frigorífico Armour, los establecimientos Gráficos Argentinos y los talleres Thyssen-La Metal.
También construyó el edificio Staudt, el Colegio Nacional de Buenos Aires, la Escuela Carlos Pellegrini, la ex Facultad de Derecho, los edificios Bullrich y Alas, el banco Tornquist, las sedes del banco Alemán Trasatlántico y el First National Bank of Boston.
Geopé fue precursora en técnicas que permitieron la realización de estructuras muy singulares, como cúpulas invertidas y edificios de casi 100 metros de altura.
Su equipo técnico propio —liderado por profesionales como Roberto Hartmann y Juan M. Goedhardt— fue clave para posicionarla como referente continental y partícipes necesarios en la concreción de varios de los proyectos que llegaban a sus oficinas.
Estas aptitudes para resolver complejas estructuras conformaron la clave para que se expandiera a Montevideo —Uruguay— y participara de sociedades en Chile, Perú, Colombia y Brasil.
Una placa casi centenaria da cuenta de la actuación de Geopé en nuestra ciudad. Está ubicada en el ingreso a la que fuera la Usina Eléctrica Gral. San Martín, popularmente conocida como El Castillo, en Ingeniero White.
El edificio tiene una particular presencia medieval en medio de un paisaje portuario-industrial de impronta inglesa. La placa indica que Geopé realizó los trabajos entre 1930 y 1932.
En julio de 1928 se conoció una ilustración de la obra, con la denominación “Usina Ingeniero White”, presentada “entre las más modernas del país” y “favorable al progreso edilicio, industrial, comercial y de los puertos de Bahía Blanca”.
Geopé fue clave en la obra, dado que fue fundada sobre pilotes y resuelta con una estructura de hormigón armado de alta complejidad, un material no tan habitual en la época.
También eran complicada las instalaciones eléctricas, mecánicas e hidráulicas, esta última con una toma de agua en la dársena del vecino elevador de chapa, materializada mediante dos canales de 234 metros de recorrido, que llegaban hasta las turbinas.
Se tendió además un cableado subterráneo para llevar energía a la Usina de Loma Paraguaya, a los elevadores de granos, a la vieja usina de White, al puerto Nacional y a varias subestaciones.
Siendo una empresa de raíces alemanas, el desempeño de Geopé se vio afectado por algunos sucesos internacionales. En 1947 nuestro país declaró la guerra a una Alemania ya rendida y las empresas de ese país radicadas en la Argentina pasaron a ser de “propiedad enemiga”. De modo que fueron estatizadas y puestas bajo la dependencia de la Dirección Nacional de Industrias del Estado (Dinie). Esa suerte corrió Geopé.
Recién en 1957 se dispuso nuevamente su privatización y su venta se completó en 1962, durante la presidencia de Arturo Frondizi, adquirida por algunos de sus antiguos propietarios y directores. Sin embargo, nunca volvió a ser la gran constructora de la primera mitad del siglo XX y terminó entrando en un cono de misterio, al punto que su disolución no se encuentra asentada en ningún registro oficial. Ese halo un tanto oscuro de su final le da también un toque mítico a su historia que se suma a un volumen de obras realizadas como nunca más se repitió en el país.