Agosto 2025

Codimat: actitud, pasión y compromiso

Cumpliendo 60 años de trayectoria, Codimat se ha consolidado desde Bahía Blanca como la empresa líder en comercialización y distribución de materiales para la construcción del centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Según Marcelo Marinsalta, director de la empresa, la clave que ha guiado a la empresa durante toda su historia se resume en una frase: “actitud mata talento”.

Reconocida por su amplio catálogo y logística eficiente, Codimat combina la venta de materiales con un fuerte compromiso social. En esta oportunidad hablamos con Marcelo para conocer más sobre la historia de la empresa familiar, sus valores y los proyectos a futuro.

¿Cómo fueron los inicios de la empresa?

La empresa nació a fines de los años 40, en un garaje, bajo el nombre Bertrán Hnos. y dedicada a la fabricación de celosías para ventanas, como tantas metalúrgicas incipientes de la época.

Con el tiempo atravesó una primera transformación: comenzó a producir galpones y tinglados, lo que la vinculó de manera directa con el sector agropecuario. Más adelante llegó una segunda etapa de cambio, cuando se orientó a la reparación de vagones de ferrocarril, abarcando sus partes eléctricas, neumáticas y estructurales.

Cuando la empresa comenzó a fabricar galpones y tinglados, el viejo garaje original ya se había transformado en un galpón. Sin embargo, el espacio resultó insuficiente y se adquirió el predio de Don Bosco al 1500, donde hoy seguimos trabajando: un terreno de 60 mil metros cuadrados, equivalente a seis manzanas.

El garaje inicial, junto con algún galpón, quedó disponible y hacia 1965 se decidió destinarlo a un corralón orientado principalmente a artículos rurales. En esa etapa nació también la identidad visual de la marca: el primer logo de Codimat mostraba a un gaucho a caballo, acompañado por un tanque australiano y un molino de viento.

¿Cómo evolucionó la empresa hasta llegar a lo que conocemos hoy?

En un principio, estábamos ubicados en Juan Molina 854, lugar donde nació Codimat, en el año 1965. Ahí tuvo su crecimiento: se fueron comprando otras propiedades cercanas, logrando tener una salida sobre calle Sixto Laspiur y un depósito sobre calle Almafuerte, lo cual permitió ir aumentando la venta de materiales de construcción.

Luego, empezamos a vender en la zona, fundamentalmente ofreciendo servicios, el punto donde podíamos diferenciarnos en aquel momento. Parte de nuestros depósitos pasaron a estar en Don Bosco al 1500, y en 1994 se decidió desarrollar un proyecto para concentrar todo en esta dirección. Durante dos años se construyó esta estructura tipo mecano, toda en hierro con losas de hormigón. Fue algo que se hizo acá, todo con la metalúrgica, que en ese momento todavía mantenía ciertas partes de la fabricación de elementos industriales.

Para los años 90, el ferrocarril ya se había privatizado y la actividad metalúrgica de Bertrán Hnos. dejó de tener sentido: el Estado había adoptado otra visión respecto del tren. En ese contexto, en 1996 la empresa se trasladó definitivamente al predio actual.

La apuesta fue ambiciosa: crear un espacio de exhibición y ventas de dimensiones inéditas. Durante mucho tiempo, fue el más grande del interior del país, lo que permitió que cada vez más personas nos conocieran. No solo llegaban clientes de Bahía Blanca, sino también de toda la zona de influencia, atraídos por la posibilidad de ver y adquirir productos que no encontraban en sus localidades de origen.

A partir de allí, el crecimiento continuo de manera constante y paulatina.

¿Cuáles son los principios que guían a la empresa?

Siempre nos guiamos por tres principios: estar financieramente sólidos, ser muy austeros y mantener un contacto cercano con nuestros colaboradores, clientes y proveedores. Lo humano está muy presente en la empresa. De hecho, aún hoy, los accionistas solemos estar en el mostrador, lo que nos da cercanía con la gente.

Por otro lado, siempre tuvimos una visión de responsabilidad social, es decir, estar siempre ligados a la sociedad, tratando de acompañar en los momentos complicados. Desde hace siete años empezamos a transitar el camino del triple impacto, lo cual implica trabajar sobre tres ejes: el impacto social, el impacto ambiental y el impacto económico. El impacto económico significa que la empresa tiene que ser rentable para perdurar. El impacto social busca que la empresa sea beneficiosa para todas las personas que interactúan con ella: proveedores, colaboradores, clientes o la comunidad en general. Y el impacto ambiental es algo que nos preocupa y tratamos de mejorar día a día. Para eso, desarrollamos proyectos relacionados con el uso de papel, el consumo energético y la gestión de residuos.

¿Cuál considerás que ha sido la mayor fortaleza de la empresa a lo largo de los años?

Siempre decimos que esta es una empresa donde cada colaborador aporta empuje y esfuerzo. Una de nuestras virtudes ha sido, justamente, rodearnos de personas con actitud. Aquella frase de “la actitud mata al talento” la sentimos muy propia.

No nos consideramos, individualmente, personas demasiado calificadas, pero desde los accionistas y directores hasta cada integrante del equipo, siempre pusimos pasión en lo que hacemos. Si tengo que señalar una virtud, es esa: la pasión compartida y el esfuerzo cotidiano de todos los que formamos parte, que son los que hacen que la empresa funcione.

¿Cuál crees que fue el mayor desafío que atravesó la empresa?

Hubo grandes desafíos en momentos complicados de la economía argentina. Sucedieron antes, están sucediendo ahora y seguramente seguirán ocurriendo. Son situaciones que uno no puede revertir por sí solo, porque exceden al accionar de la empresa.

Siempre intentamos desarrollar nuevas habilidades, porque eso amplía el círculo de influencia. Hoy la experiencia ya no tiene el peso que tenía antes; lo fundamental es la capacidad de aprender rápido y, sobre todo, de desaprender lo que creíamos sabido para poder incorporar con agilidad lo nuevo que llega.

Entre los principales desafíos, además de los económicos, está la necesidad de incorporar la inteligencia artificial como una herramienta que empieza a ser imprescindible en todas las empresas, siempre entendiendo que la diferencia la marca la persona. Ya no es un tema lejano: es algo en el que hay que involucrarse de lleno.

Otro gran desafío es asumir que somos servicio. Prácticamente todos los materiales que vendemos son commodities, por lo que la verdadera forma de diferenciarnos está en brindar un servicio cada vez mejor.

¿Cuál es la enseñanza y el valor más grande que te dejó tu papá?

Mi papá falleció no hace mucho, el 8 de agosto del año pasado, a los 87 años, con una vida entregada a la empresa. De hecho, vino a trabajar la mañana de su último día. Cuando cumplió 85 años, también cumplió 70 años de su primer recibo de sueldo. Había empezado a trabajar a los 15, lo cual en ese momento era bastante común.

Era una persona distinta, sin dudas fue la cabeza que entendió cómo debía ser Codimat y se adelantó 20 años a lo que iba a suceder. No estaba en el día a día de la empresa, sino que pensaba hacia dónde debíamos ir. Siempre creía que había que invertir, que la empresa iba a crecer y que ante cualquier necesidad nuestra acudía al rescate comprando tecnología, anticipándose tanto en cantidad como en calidad.

Por venir de la industria metalúrgica, siempre mantuvo la premisa de que la calidad debía ser la mejor. Su visión de adelantarse a cada jugada y de pensar la empresa en grande es lo que hoy se refleja en lo que Codimat terminó siendo: una gran empresa que abarca geográficamente muchos kilómetros.

¿Qué significó para vos tomar las riendas del negocio familiar?

En realidad, nosotros vivimos acá. Yo empecé a venir a los nueve años y mi primer recibo de sueldo es de abril de 1982, o sea que casi me siento como inventariado. Para nosotros, los que estamos en la dirección, el nombre de la posición que ocupamos nunca fue algo que nos hiciera ruido. El cargo que tengamos pasa un poco desapercibido, aunque obviamente entendemos que la responsabilidad es distinta. Yo, desde el último año, pasé a ser presidente del directorio de Codimat, pero en el día a día siempre intenté entregar lo mejor, no siento diferencias en eso. Para nosotros no pasa tanto por el nombre de la función, sino por las ganas de hacer.

¿Qué distingue a Codimat?

Lo que nos distingue frente a otras empresas del rubro es, en primer lugar, la logística: siempre nos propusimos que el cliente tenga el material en el día o, como mucho, al siguiente. Esa rapidez en la entrega es un esfuerzo constante y un diferencial clave. En segundo lugar, la cercanía: buscamos conocer a nuestros clientes y que ellos nos conozcan a nosotros, del mismo modo que cultivamos relaciones de confianza con nuestros proveedores. Muchos de ellos nos acompañan desde hace más de 60 años, como Cementos Avellaneda y Acindar. Creemos que esos vínculos duraderos son los que hacen que un negocio sea realmente exitoso.

¿Cuál es su principal aporte a la ciudad, además de la provisión de materiales de construcción?

Nosotros estamos siempre muy ligados a la sociedad. Tenemos un programa emblema que tiene 20 años y se llama Bibliotecas Populares. En un primer momento comenzó reparando la Biblioteca Bernardino Rivadavia y ahí descubrimos que había más de veinte bibliotecas populares barriales. A partir de ahí empezamos a trabajar con ellas, nutriéndolas inicialmente con computadoras y pagando un sistema de la UNESCO para conectarlas en red, en una época en que las bibliotecas eran principalmente lugares para acceder a libros.

Con el tiempo, las bibliotecas se transformaron en centros sociales. Impulsamos actividades como Cine + Libros, donde se debatían películas basadas en libros, generando gran participación de la comunidad. Hoy seguimos con el Bibliomóvil, una combi que lleva libros a distintos lugares y localidades cercanas a Bahía Blanca.

En los últimos años, con respecto a las grandes catástrofes que sucedieron en Bahía Blanca, nos hemos involucrado, haciendo importantes aportes en materiales y ayudando a quienes querían colaborar, brindándoles la logística necesaria para que todo llegara correctamente a las casas. Lo hicimos con Fundación Sí, con Manu Lozano, una de las satisfacciones más grandes que hemos tenido: poder haberle hecho, sin costo, toda la logística de todo lo que consiguió para donar en Bahía Blanca. También lo hicimos con la Fundación Potenciar y, además, con grandes empresas que terminan confiando en nosotros para poder distribuir el material que tiene que ver con las donaciones para los clubes. Próximamente arrancaremos con la provincia una entrega de materiales muy grande para los afectados por la inundación. Y, en ese sentido, buscamos también aportar nuestro grano de arena a Bahía Blanca, la ciudad que nos vio crecer y que nos permitió llegar a ser lo que somos hoy.

¿Les gustaría expandirse a otros lugares del país o prefieren seguir fortaleciendo su presencia en la ciudad?

En realidad, las zonas de influencia de Codimat abarcan el centro-sur de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Neuquén. Habitualmente vamos con un par de equipos por semana a todos esos destinos, y también contamos con clientes en provincias como Santa Cruz y Chubut.

Además, tenemos presencia en un local en Centenario, provincia de Neuquén, y en otro en Olavarría, provincia de Buenos Aires. Pero siempre nos sentimos muy cómodos trabajando juntos en un mismo lugar. Creemos que esa concentración es una de las formas de crecimiento. Seguramente hay otras, pero desde siempre apostamos a afianzar nuestra presencia en Bahía Blanca.

¿Qué objetivos o proyectos tienen a futuro?

En principio, por el lado de la sustentabilidad, los proyectos más cercanos tienen que ver con seguir avanzando en esa área. Estamos trabajando en un proyecto para avanzar gradualmente en el paso de todo nuestro consumo eléctrico a energía solar. Hace muy poco compramos autoelevadores eléctricos y renovamos parte de la flota de camionetas. Todo apunta a reducir consumos y disminuir la huella de carbono.

Por otro lado, nuestro objetivo inmediato es mantener el plantel de la empresa, que para nosotros siempre es la última variable de ajuste. Muchas fábricas hoy se ven obligadas a reducir personal, pero nosotros creemos que esa debe ser la última medida.

¿Qué mensaje le gustaría dejarles a los clientes que los acompañaron en estos 60 años?

Los clientes son, finalmente, el motivo por el cual hacemos todo lo que hacemos. Tenemos la satisfacción de tener clientes hoy ya nietos de nuestros primeros clientes, se da mucho eso. Y de vuelta, cuando hablábamos de relaciones comerciales duraderas, hoy que cuesta tanto mantener vínculos, para nosotros es un verdadero valor. Ese vínculo se compone de dos partes: de nosotros, que siempre tratamos de dar lo mejor, y de nuestros clientes que, si en algún momento fallamos, siguen eligiéndonos cada día. Sin duda, ellos son la razón por la que existimos, así que nuestro agradecimiento siempre es para todos los clientes.


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