Agosto 2023

Un legado vivo: El vecino que inmortalizó su nombre en un puente y un palacete

por Ing. Mario Minervino - @mrminervino1

Dos obras diferentes, una del mundo de la arquitectura, otra del campo de la ingeniería, sirven para mantener el apellido de Juan Antonio Canessa (1870-1929), uno de los vecinos más destacados que tuvo Bahía Blanca en la primera mitad del siglo XX. La primera de ellas por su valor artístico, la segunda, ingenieril, por ser un lugar referencial en la actividad mundana local.

Se trata, por un lado, de una vivienda ubicada en Mitre 60. Por otro, un modesto puente metálico construido sobre el arroyo Napostá. Ambos identificados con ese apellido.

Primero, el puente

A unos 20 kilómetros de nuestra ciudad, siguiendo el tradicional camino de La Carrindanga, se ubica el conocido “puente Canessa”, una modesta estructura de hierro que salva el paso sobre el arroyo Napostá y que se ha convertido en punto de concurrencia de miles de personas que lo adoptaron como un hito en sus actividades físicas y recreativas.

El lugar tiene el conocimiento de varias generaciones y es un mojón que todos utilizan a la hora de referir una ubicación. Tomó ese nombre por la vecindad que tiene con la que fuera “La María”, estancia propiedad de Canessa, ubicada a pocos metros del lugar y desde hace décadas ocupada por Piro y Ruiz, empresa dedicada la producción de pedregullo granítico y arena.

El puente fue construido en la primera década del siglo XX y si bien se puede pensar que el propio Canessa fue responsable de su construcción, lo cierto es que nada tuvo que ver con la obra. De hecho, es anterior a la adquisición de la propiedad.

Nativo del barrio porteño de Flores, Canessa se radicó en Bahía Blanca en 1890, a sus 24 años de edad. Emprendedor como pocos, a tan solo unos meses abrió la casa Canessa, ubicada en Donado y Saavedra, distribuidora e importadora de materiales de construcción. Luego fue diversificando sus actividades y llegó a ser representante de la Ford, tanto en automóviles como camiones y máquinas agrícolas. Fue además concejal, miembro de la sociedad rural y presidente de la bolsa de comercio.

Consolidada su posición económica, Canessa construyó su estancia, considerada un modelo en la provincia y “una derivación propia del hombre de negocios, que busca en el campo su lugar de descanso. La llamó La María, en honor a su mujer, María Arbuco, y convirtió un espacio árido en un atractivo bosque de eucaliptus, acacias, pinos y hasta unos excéntricos alcornoques. Al camino que llevaba al lugar –hoy La Carrindanga– se lo conocía entonces como “el camino de Salvá”, por el apellido del propietario de la primera estancia que uno encontraba cuando iniciaba el recorrido. A principios del siglo XX, llegar a La María demandaba unos 40 minutos en automóvil o se podía tomar el tren vía Pringles hasta la estación Corti, ubicada a cuatro kilómetros del establecimiento.

Es decir que para Canessa era importante resolver el cruce del Napostá, y tenía los medios materiales y los contactos como para hacerlo, incluso la posibilidad de importar el hierro para la estructura. Sin embargo la construcción de un puente no llegó por ese lado sino que su ejecución se comenzó a tramitar en 1908, por gestión del Touring Club Argentino (TCA), destacada entidad social y deportiva que desarrollaba acciones a favor de potenciar los caminos del país. Fue el TCA quien, ante un requerimiento de vecinos locales, gestionó ante el Ministerio de Obras Públicas (MOP) la obra, atendiendo que el año anterior se había creado la comisión de fondos de camino, que administraba fondos provenientes de un impuesto que pagaban los ferrocarriles.

La gestión fue favorable, al punto que a fin de ese año se tuvo el visto bueno para la obra, considerando además un informe del Ferrocarril del Sud que dejaba en claro su importancia para acceder al camino desde la estación Adela Corti para el transporte de las cosechas.

A pesar de los anuncios sobre su “inminente” construcción, la obra sufrió un “encajonamiento” –según se indicó entonces– en algunas de las varias dependencias públicas que debió recorrer el expediente. No fue hasta 1911, es decir tres años después de iniciados los trámites, que se puso en marcha el proyecto. A mediados de ese año el MOP adquirió la estructura metálica en Alemania, y en diciembre licitó los trabajos civiles, adjudicados a la firma Gladel y Cía., de Buenos Aires, en $ 28.390.

En enero de 1912 llegó al lugar el ingeniero Juan Mercanti, de la Dirección de Puentes y Caminos, para completar el replanteo de la obra y preparar la documentación. Si bien no hubo una inauguración oficial, se estima que a fines de 1912 la estructura estaba montada y lista para su uso. Desde entonces, y hasta el presente, se la mencionó como “Puente Canessa”.

El detalle

Consultado el ingeniero Horacio Varela, docente de la UTN y reconocido calculista, sobre el tipo de estructura del puente, menciona que está formado por dos vigas tipo Warren, las que aparecen como barandas a cada lado del camino. Se trata de elementos estructurales, conformados por un cordón superior y uno inferior, conectados por barras, diagonales y verticales. Esas vigas sostienen un entramado de vigas doble T que se entrecruzan para sostener el tablero sobre el cual se coloca el pavimento.

El puente responde a las características propias de los ejecutados por las empresas ferroviarias inglesas, es decir una estructura metálica apoyadas en estribos de ladrillos, los cuales están fundados sobre grandes masas de hormigón o pilotes, de acuerdo a las características del terreno.

Ha pasado entonces más de un siglo desde su construcción. Ya no registra un tránsito vehicular importante y una parte del camino se encuentra en estado calamitoso. Tampoco funciona la estación Adela Corti y, por sus vías, ubicadas a cuatro kilómetros del puente, pasan los trenes de carga camino al complejo portuario de Ingeniero White.

Ciclistas y un campo de algodón

El puente Canessa es hoy un punto de llegada para miles de ciclistas que cubren un recorrido que inician a la altura del Parque de Mayo Bahía Blanca.

El lugar es además renombrado por ser parte de otro proyecto centenario: el de embalsar las aguas del arroyo Napostá en el sitio, aprovechando que presenta una hondonada natural donde, de acuerdo a los estudios técnicos realizados a lo largo del siglo XX, sería bastante simple generar un lago artificial que permitiera regular las crecidas del arroyo, sumar un aporte paisajístico y servir para el riego de los campos aledaños.

Un detalle final, de color. En 1995 se filmó la película Caballos Salvajes, dirigida por Marcelo Piñeyro. Una de las escenas icónicas se registra precisamente en puente Canessa. Allí se detienen un momento los protagonistas del film, Héctor Alterio y Leonardo Sbaraglia, descienden de su automóvil y a los pocos segundos el vehículo comienza a moverse por la pendiente del camino, cayendo en las aguas del Napostá. La secuencia se puede ver en: www.youtube.com/watch?v=gJjKWe5qOB0, acompañada por el tema Campos de Algodón, de Creedence Clearwater Revival.

Un palacete impecable

La otra obra que evoca a Canessa es el Palacete que lleva su nombre, inventariado como bien patrimonial arquitectónico, ubicado en Mitre 60 de Bahía Blanca.

La obra se terminó en 1921, diseñada por el estudio Pronsato, Mac Taggart y Mancius, y con la mano de obra de la empresa de Francisco Luisoni. El edificio fue presentado como “un precioso y confortable Palacio” que venía a engalanar el centro bahiense.

Guarda las características de un petit hotel, terminología utilizada para este tipo de vivienda, que no llegaba a ser un palacio, propias de la clase media alta.

El edificio aparece recostado sobre una de las medianeras, dejando libre un gran jardín lateral, el cual en su época era centro de concurridas reuniones sociales. Su fachada tiene terminación símil piedra y un acceso jerarquizado con una marquesina de hierro y vidrio, sobre la cual se pueden ver, también en hierro, las iniciales de su propietario, JAC. Las mismas letras se repiten en el portón de acceso al patio, espacio hoy reconvertido en ingreso vehicular. La casona se destaca además por un mirador que en su época permitía tener visuales del puerto.

Canessa ocupó la vivienda hasta su fallecimiento, ocurrido en 1929. Fue adquirida en 1930 por el médico Aristóbulo Barrionuevo y finalmente en 1936 por la Cámara Federal de Apelaciones, entidad que la ocupa hasta el presente y la mantiene en excelente estado. En 1987 se construyó un edificio anexo, recostado sobre la otra medianera, con una fachada sinuosa completamente vidriada, que evita competir con el edificio principal y lo refleja.

Final

“El patrimonio arquitectónico es un libro abierto, donde cada edificio cuenta una historia y guarda los secretos de una época pasada”. Esta definición del arquitecto Renzo Piano es una de las muchas que ayudan a entender la trascendencia de los bienes que una ciudad reconoce como propios, que cruzan a las distintas generaciones y aportan elementos que definen su identidad. Los dos ejemplos de esta nota, un modesto, un atractivo palacete, son páginas de un libro que se leyó, que se lee y que se leerá, dando cuenta de las formas y de los tiempos.


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