Enero-Febrero 2026

El constructor del teatro Municipal de Bahía Blanca, Francis Luisoni

Pocos nombres están tan asociados a una obra como el de Francisco Luisoni al Teatro Municipal de Bahía Blanca. En parte por tratarse de uno de los edificios más emblemáticos de esta ciudad, en parte porque fue el inicio para una dinastía de constructores responsables de desarrollar una vastísima obra edilicia que se extendió por más de 60 años.

La presencia de esta familia en la ciudad data de fines del siglo XIX, cuando Gelindo Luisoni leyó en un diario del cantón suizo donde residía, un aviso solicitando obreros para la construcción del ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano, obra llevada a cabo por capitales franceses.

Gelindo, de oficio carpintero, se entusiasmó con el sueldo que se ofrecía, el cual le permitiría en pocos años cancelar la hipoteca de su casa en San Pietro di Stabio. Así que no lo dudó y se embarcó hacia nuestro país.

Luego de dos o tres años de ausencia, sus familiares perdieron contacto con él. Cuando finalmente uno de sus hijos vino a buscarlo, descubrió que había fallecido víctima de la fiebre amarilla.

Y así es como, Francisco, hijo de Gelindo, nativo de Stabio, Suiza, fue el segundo de esa familia en radicarse en la Argentina. Llegó en 1904, escapando de una preocupante situación política de su país.

Trabajó algunos años, reunió algo de dinero y regresó a Suiza para casarse con Silvia Bernasconi. Dos años después, en 1909, se instaló en Bahía Blanca. Lo acompañó, además de su flamante mujer, su cuñado, el arquitecto Pedro Bernasconi.

Primer acto

Cuando en 1911 el intendente Valentín Vergara licitó la construcción del Teatro Municipal bahiense, Francisco tuvo la gran oportunidad para fortalecer su empresa. A sus 35 años de edad y en sociedad con su cuñado, presentó la que fue considerada la oferta más conveniente.

En dos años la empresa completó una obra fantástica, un edificio diseñado por los arquitectos Jacques Dunant y Gastón Mallet, con estructura de hierro, mampostería común, utilizando cemento importado de Alemania que llegaba a la ciudad en toneles y cal de Córdoba que se debía apagar.

No fueron pocas las veces que Francisco concurrió a la obra en su sulky, a la madrugada, para verificar que el viento no había tirado alguna de las paredes realizadas durante la jornada anterior.

La vivienda de un premio Nobel

En la calle 11 de abril 289 se ubica una obra particular de Luisoni. Por dos motivos: una, que se aleja de la línea academicista para dar a una casa con aires art decó, en lo que se conoce como estilo náutico. Otro dato es que esta fue construida para la familia Milstein, uno de cuyos integrantes, César, nacido en nuestra ciudad el 8 de octubre de 1927, recibió en 1984 el premio Nobel de Medicina por su trabajo sobre los anticuerpos monoclonales, una técnica clave para el tratamiento de enfermedades como el cáncer, que marcó un hito en la medicina moderna.

Una modesta placa en el frente de la vivienda, ubicada debajo de la firma del constructor, da cuenta de ese hecho.

A partir de entonces el trabajo de su empresa no supo de pausas. Entre otras tantas obras se destacan el petit hotel construido en 1921 para Juan Antonio Canessa en Mitre 60, actual sede de la Cámara Federal de Apelaciones, la agencia Ford de Pedro Amado Cattáneo en Donado 228 y la Escuela Nº 3, de calle Terrada al 400.

Con el tiempo se sumaron sus hijos, siendo responsables de la construcción de la sede del rectorado de la Universidad Nacional del Sur en avenida Colón 80, varios de los cuerpos del complejo de esa casa de avenida Alem 1200, viviendas unifamiliares y la ejecución de los primeros edificios en altura.

Final

Hasta su fallecimiento, en 1964, Francisco Luisoni continuó asistiendo a la oficina, cada día, trabajando y siendo parte de su funcionamiento.

Cuando partió de la casa mortuoria rumbo al cementerio, al tomar calle Alsina el cortejo fúnebre se detuvo frente al Teatro Municipal, donde se hizo un emotivo minuto de silencio. Fue el momento final, el sentido saludo del autor frente a su gran obra.


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