El sitio de la construcción del sur argentino

Abril/Mayo 2011 - Año XXI
Al Borde de la Línea

El Panteón Romano: la obra que unió al hombre con sus dioses

Pocos edificios han influido tanto en el mundo de la arquitectura, la ingeniería y la construcción como el Panteón Romano, una de las pocas obras de la Roma antigua, junto con el Coliseo, que ha sobrevivido al paso del tiempo para dar cuenta de la grandeza, los conocimientos y el pensamiento romano, una de las civilizaciones más trascendentes de la historia de la humanidad.

El Pante√≥n fue construido hace 1.900 a√Īos, como un edificio destinado a los dioses paganos, aunque su concepci√≥n dist√≥ de todos los templos construidos hasta entonces. Es que esos edificios ten√≠an como √ļnica finalidad cobijar a la estatua del dios al cual estaban destinados, prescindiendo de otro. Por eso su interior no estaba pensado para la gente. Dispon√≠a apenas de una habitaci√≥n, a la cual acced√≠an s√≥lo los sacerdotes, y las ceremonias religiosas ten√≠an lugar fuera del templo, el cual aparec√≠a como una escultura, un magn√≠fico tel√≥n de fondo. Con el Pante√≥n, los romanos asumieron un desaf√≠o tan exigente como novedoso: generar un ambiente al cual pod√≠an ingresar las personas y donde tendr√≠an lugar los ejercicios destinados a los dioses. De all√≠ la idea de que fue la arquitectura romana la encargada de comenzar a ‚Äúconfigurar espacios‚ÄĚ.

Modelar el espacio

Para construir el Panteón los romanos debieron primero desarrollar una inédita experiencia como constructores y, sobre todo, como ingenieros. El desarrollo de su imperio por casi toda Europa los hizo especialistas en la construcción de caminos, puentes y acueductos. El manejo de la piedra, de elementos estructurales novedosos, como el arco de medio punto y la bóveda, fueron transformándose en sus principales herramientas de trabajo.

Tambi√©n ensayaron el uso de la argamasa, especie de hormig√≥n dise√Īado con escrupuloso cuidado, recurriendo a la ‚Äúcaementa‚ÄĚ (√°rido de piedra machacado) y un aglomerante (puzolana o la ceniza volc√°nica), a los cuales el agua convert√≠a en una piedra artificial de mucha resistencia. Por otra parte sus obras, a diferencia de las realizadas por los griegos, no tienen a la columna como principal elemento estructural, sino al muro, el cual adquiere espesores de varios metros para soportar las cargas. Como resultado se obtuvieron obras macizas, pesadas, que representan de alguna manera el poder√≠o del imperio, su presencia en la Tierra.

La formas

Dos elementos diferencian al pante√≥n romano de cualquier obra realizada con anterioridad, d√°ndole una condici√≥n ‚Äúpl√°stica‚ÄĚ in√©dita. Por un lado, su planta circular, la cual se convierte en una alternativa al planteo rectangular de todos los templos existentes. Por otro, la construcci√≥n de una c√ļpula como elemento de cierre, la m√°s grande que construir√≠a el hombre hasta entrado el siglo XX.

No es casualidad la elecci√≥n de la c√ļpula. Por su forma, este elemento estructural se relaciona con el universo, el cosmos, la morada de los dioses. El tambor cil√≠ndrico del edificio y su cubierta simbolizan la uni√≥n de la Tierra y el Cielo, del hombre con sus dioses.

La c√ļpula tiene, adem√°s, un elemento √ļnico que la identifica. En su remate posee un agujero circular, de 9,10 metros de di√°metro, un √≥culo. Es el √ļnico sitio por el cual ingresa sol al recinto. A trav√©s de √©l tambi√©n cae la lluvia y los visitantes pueden ver el cielo. Los romanos se ocuparon de que ninguna otra iluminaci√≥n compitiera con la del √≥culo. Por eso, el p√≥rtico de acceso, que responde a las formas cl√°sicas de los templos griegos y romanos, se alej√≥ de modo que su puerta no aporte una luz adicional.

Cuestión de medidas

‚ÄúConozco pocos edificios que comuniquen tal impresi√≥n de armon√≠a serena. No se experimenta ninguna sensaci√≥n de pesadez. Las enormes b√≥vedas parecen desplegarse con naturalidad sobre el visitante, como una repetici√≥n de la b√≥veda celeste‚ÄĚ. Esta es la sensaci√≥n dada por E.H. Gombrich en su libro La Historia del Arte.

Es curiosa esta explicaci√≥n, si se considera que el Pante√≥n tiene un di√°metro de 43 metros, id√©ntica medida que la altura del cuerpo cil√≠ndrico, y que alcanza la c√ļpula desde su apoyo en el muro hasta su punto m√°ximo.

La c√ļpula es una obra maestra de ingenier√≠a. Est√° formada por casetones, y su espesor va disminuyendo a medida que se acerca a su parte superior, comenzando con 6,40 metros y llegando a 1,20 en su remate.

Por otra parte, el material empleado en su ejecuci√≥n var√≠a en su desarrollo: la parte inferior utiliz√≥ argamasa, la superior se hizo con piedra p√≥mez, la m√°s liviana que se consegu√≠a entonces. Sus 5 mil toneladas de peso y los descomunales empujes que realiza son absorbidos por la imponente masa del muro, que alcanza los 6,10 metros de espesor, y tambi√©n contrarrestados por ocho b√≥vedas de ca√Ī√≥n insertas en esa pared, las cuales los dirigen a otros tantos pilares.

La presencia de estos elementos permiti√≥ que el muro se pudiese horadar entre pospilares mencionados, de manera de generar ocho nichos, donde se ubican otros tantos altares. La c√ļpula se divide en siete anillos conc√©ntricos, escalonados desde el apoyo al √≥culo. Visto desde el exterior, aparece como un cono truncado, aunque su casquillo interior configura una exacta semiesfera.

Originalmente estaba cubierta por bronce, lo cual le daba al edificio un remate extraordinario. El Papa Urbano XVII lo hizo retirar en el siglo XVII, cuando la fiebre por devolver a Roma el esplendor de sus orígenes llevó a la iglesia a recurrir a muchas de las obras de la antigua Roma para concretar los nuevos trabajos.

Cristo salva

Originalmente el Panteón estaba completamente revestido con coloridos mármoles, granitos y pórfidos, traídos de todos los rincones del Imperio. Hoy, sólo el interior da cuenta de ese trabajo, ya que todos los materiales del exterior fueron quitados.

Curiosamente, el hecho de que el Pante√≥n haya sobrevivido hasta nuestros d√≠as es por haber sido convertido, en el a√Īo 609, en iglesia cat√≥lica, consagrada por el papa Bonifacio V con el nombre de Santa Mar√≠a ad Martyres. Fue el primer templo pagano de la antig√ľedad convertido en un sitio donde celebrar la misa.

Hoy es un lugar donde cientos de miles de visitantes se asombran y emocionan al advertir la colosal obra, que sigue sorprendiendo por su monumentalidad y equilibrio. Nadie, adem√°s, puede ignorar el pensamiento original que dio vida al lugar. La idea de establecer con su construcci√≥n un orden c√≥smico, una manifestaci√≥n del hombre como parte de la creaci√≥n y capaz de compartir su morada con sus dioses. ‚ÄúUn hacedor de la historia conforme a un plan divino‚ÄĚ, seg√ļn escribi√≥ un pensador.

Cada d√≠a, el sol sigue ingresando por el √≥culo, descendiendo por la c√ļpula y por los muros, resbalando por el m√°rmol, marcando los ciclos solares como un gigantesco reloj solar. Acaso s√≥lo falte la repetida inscripci√≥n que los romanos sol√≠an colocar con este tipo de relojes, en referencia a las horas que marcan nuestro camino de vida: ‚ÄúVulnerant omnes, ultima necat‚ÄĚ (‚ÄúTodas te hieren, la √ļltima te mata‚ÄĚ).

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