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DIAGNÓSTICO DE LA CRISIS ENERGÉTICA ACTUAL

La crisis energética por la que atraviesa nuestro país debe ser analizada dentro del contexto económico actual si se pretende tener una comprensión más acabada del problema y visualizar las posibles consecuencias.

Las perspectivas están, de alguna manera, determinadas por la visión que posee el gobierno actual acerca del funcionamiento de la economía y las políticas que implementa, a lo que se suma el acto electoral de octubre próximo.
En el plano económico comienzan a evidenciarse, a un ritmo bastante acelerado, síntomas que indican el agotamiento del modelo implementado por el gobierno actual. Las políticas llevadas a cabo conducen a una serie de desórdenes de tipo microeconómico que terminan impactando sobre las variables de la macroeconomía. Los ajustes necesarios para revertir esta situación son sistemáticamente postergados por la dirigencia actual, atendiendo a la proximidad de las elecciones presidenciales de octubre, debido a que no hay disposición para asumir el costo político que ocasionaría la resolución de los problemas latentes.
Las señales de alerta más evidentes en los últimos días, desde la perspectiva de la economía, se relacionan con la inflación y la crisis energética. Prácticamente a diario hay noticias relacionadas con estas dos cuestiones, donde puede encontrarse un origen común: la postergación de decisiones con costo político y el control de precios. Esto genera costos para el funcionamiento de la economía que tendrán consecuencias, especialmente en el mediano y largo plazo. Tales costos resultan cada vez más visibles para la sociedad. La política de estímulo a la demanda a través del control de precios encontró sus límites con la aceleración de la inflación y el problema de la energía, exacerbado por las bajas temperaturas y la escasez de lluvias.
En el ámbito político no se desconoce esta situación, y existe consenso sobre la necesidad de realizar un ajuste, aunque hay disenso acerca de la clase de ajuste que sería efectivo para evitar un desenlace crítico.
Uno de los pilares del modelo económico actual ha sido el buen resultado fiscal obtenido durante los últimos años. El superávit resulta principalmente de un incremento en los ingresos del estado, más que de austeridad en el plano del gasto público. Este frente comienza a complicarse, particularmente en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad de Buenos Aires, a raíz de un incremento en el gasto corriente impulsado por la evolución de los salarios del sector público, jubilaciones y subsidios. Por otra parte, la presión fiscal se encuentra actualmente en niveles muy elevados, por lo que resulta casi impensable recomponer el superávit fiscal mediante un incremento en los ingresos estatales. Una medida de este tipo impactaría muy negativamente sobre el sector empresario, que vería aún más reducidos sus márgenes de utilidad, y también sobre los ciudadanos en un contexto de inflación del orden del 14% anual como mínimo.
Frente a esta perspectiva, el sector político ¿será capaz de asumir el costo político del ajuste de modo de anticiparse a una nueva crisis en Argentina?

PARTICULARIDADES DEL MERCADO ENERGÉTICO ARGENTINO
El mercado energético en Argentina tiene ciertas particularidades que explican la situación actual. En primer lugar es necesario considerar la matriz energética primaria prevaleciente en la actualidad.
La matriz energética argentina se concentra casi exclusivamente en el petróleo y gas natural, que en conjunto proveen más de un 90% de los recursos energéticos utilizados. Adicionalmente, puede observarse en el Cuadro 1 que la participación de la energía hidroeléctrica, aunque aporta una fuente adicional, apenas supera el 5% dentro del total.
Como se sabe, la crisis energética actual involucra tanto la provisión de gas como de electricidad. En este punto es necesario comentar que del total de energía eléctrica, más del 40% es térmica, utilizando gas natural para su producción. Es decir, que la escasez de gas natural limita también las posibilidades de sustitución entre las diferentes clases de energía. Concretamente, en los últimos años se observa un aumento en la demanda de gas natural por parte de las centrales hidroeléctricas.
La alta dependencia del petróleo y gas solamente es sustentable en un entorno donde se incorporen reservas mediante actividades de exploración. Esto no ocurre actalmente en Argentina, lo que plantea dificultades de abastecimiento tanto en petróleo como en gas.
El tema relevante pasa por la forma en que se comporta el mercado energético, cómo se define la oferta de producto y el rol que asume el estado.
En el Cuadro 2 (página siguiente) puede observarse la forma en que se organiza el mercado a partir del proceso de privatizaciones en Argentina.
Se divide la cadena productiva en tres partes:
- producción/generación;
- transporte/transmisión;
- distribución.
En la etapa de producción/generación de energía rige la competencia, mientras que los otros dos segmentos se encuentran regulados por el estado mediante la utilización de "price cap" que limita las posibilidades de ajuste de tarifas.
A partir de la crisis de 2002, el estado comienza a intervenir en la etapa de producción/generación de energía mediante la pesificación de los contratos, comprometiéndose de ese modo la rentabilidad de las empresas que operan en el sector y enfrentan costos de producción que se incrementan. Adicionalmente, en los segmentos donde rige la tarifa, se suspenden los ajustes establecidos en los pliegos de concesión, con lo cual el precio de la energía se abarata y estimula su consumo. En conclusión, con los precios vigentes en la etapa productora no resulta rentable incrementar la oferta de energía, al mismo tiempo que las tarifas continúan incrementando el consumo acentuando la inconsistencia entre la oferta y demanda de energía.

COSTOS DEL RACIONAMIENTO ENERGÉTICO
Como consecuencia del desequilibrio existente en el mercado energético, se produce escasez y racionamiento que afecta a toda la economía. En particular, las limitaciones al sector industrial y comercial generan altos costos que se traducen en la disminución en el nivel de actividad y repercuten negativamente sobre la inversión.
Al disminuir el nivel de actividad en los meses de invierno a consecuencia de la escasez de energía, cae la tasa de crecimiento del producto. Adicionalmente, se efectúan suspensiones de personal en aquellas empresas que sin el insumo energético se ven obligadas a interrumpir sus procesos de producción, lo que impacta negativamente sobre el ingreso de los trabajadores y sobre los indicadores de empleo.
Con respecto a la inversión, la incertidumbre que existe acerca de las perspectivas del futuro energético de Argentina es  un factor que desalienta los proyectos de inversión, especialmente aquellos de mediano y largo plazo que utilicen gas y electricidad como principal insumo. Los inversores privados se orientan por los precios y tarifas que existen en la actualidad y determinan la rentabilidad o no de los proyectos. Tal como se menciona anteriormente, la visión que posee el estado acerca de las políticas posibles y la importancia que el mismo de al marco institucional, serán factores determinantes para la salida de la crítica situación actual. No se vislumbra una política energética de largo plazo que tienda a revertirla.

EL IMPACTO EN LA ECONOMÍA LOCAL
En reiteradas ocasiones se ha mencionado la importancia que tiene para la economía local el problema de abastecimiento de energía. Bahía Blanca cuenta con un sector industrial, en especial el caso petroquímico, que posee una alta dependencia del gas natural dado como su principal insumo de producción. El sector petroquímico tiene, además, procesos continuos de producción y como consecuencia de ello los cortes de energía le generan altos costos por la interrupción y reinicio de la actividad. Efectivamente, en este último mes las empresas del Complejo Petroquímico local se han visto obligadas a suspender ciertas líneas de producción, con las consecuencias que esto implica para la rentabilidad de las mismas y con la posibilidad de que impacte negativamente sobre sus planteles de personal.
Para el resto de los sectores de la industria, la perspectiva tiene el mismo matiz. Sectores intensivos en electricidad, también presentes en la economía local, han sufrido las consecuencias de las limitaciones al uso de la energía. Lo mismo, aunque en una escala menor, puede decirse en relación con el sector comercial que, en muchos casos, ha implementado políticas de ahorro energético.

LA SALIDA DEL PROBLEMA
En el largo plazo, atendiendo al origen de la crisis energética, la única salida es incrementar y diversificar la oferta energética argentina de modo tal que pueda acompañar los actuales niveles de demanda de energía y de crecimiento económico.
Si se pretende que la inversión privada se dirija al sector, necesariamente debe dejar de regularse el precio en la etapa de producción de energía y al mismo tiempo debe  producirse el ajuste de tarifas, largamente postergado. Caso contrario, solamente se perpetuaría la inconsistencia entre la oferta y la demanda.
Adoptar medidas como las mencionadas suponen que el gobierno de turno enfrente un altísimo costo político porque se produciría una importante redistribución de ingresos. Cada vez que se implementan medidas que modifican los ingresos de los agentes económicos, surgen grupos que intentan influenciar al gobernante para que establezca políticas cuyos efectos benefician los intereses del grupo.
Frente a esta situación, el gobierno se debate entre la adopción de una perspectiva de corto plazo que le permita sostener el clima político o una visión de largo plazo que tienda a resolver los problemas de fondo. El interrogante es sí, efectivamente, el sector político que se encuentre en el poder tendrá la voluntad de corregir los desajustes, anticipándose de ese modo a una crisis energética más profunda, y además si existirá la gobernabilidad necesaria para realizar los cambios pertinentes.
La experiencia de Argentina en los últimos años demuestra que, en los momentos donde ha sido necesario un ajuste profundo, las políticas más frecuentemente adoptadas han sido aquellas más difusas o menos claras a los ojos de los votantes. Por el momento, en el caso del mercado de la energía, la oportunidad de revertir la situación aún existe.

El presente informe fue elaborado por el CREEBBA (Centro Regional de Estudios Económicos Bahía Blanca, Argentina) e integra la edición Número 93 del Boletín IAE (Indicadores de Actividad Económica) que bimensualmente edita dicho organismo.

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