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EL GRAN DILEMA DEL AGUA
La provisión de agua potable a las ciudades de Bahía Blanca y Punta Alta ha sido, desde comienzos del siglo pasado, un problema de difícil solución, al punto tal que recién a principios de la década del '70, con la puesta en marcha del acueducto Paso de las Piedras, se logró revertir tal situación.
Prácticamente desde su construcción, el dique presentó inconvenientes de funcionamiento que derivaron en problemas tanto en la calidad del agua suministrada como en la cantidad, problemas que se ven acentuados en la actualidad debido a varios meses de sequía en la región. La presa exige un estricto control de las filtraciones y de la calidad del agua del embalse. Si bien las lluvias pueden arrastrar fertilizantes de los campos aledaños al dique, se cumplen evaluaciones periódicas sobre la evolución orgánica de los nutrientes y de metales pesados que verifican si esta presencia es perjudicial para el consumo humano. Asimismo están prohibidas las actividades con embarcaciones a motor en el embalse, para evitar cualquier eventualidad. Desde la última gran intervención de mantenimiento que tuvo la presa, que finalizó en el año 2000 y posibilitó que la misma trabaje con mayor cota de embalse, especialistas en el tema reclaman la construcción de un segundo acueducto, que permita el normal aprovisionamiento a la ciudad, aún en caso de falta de funcionamiento de uno de ellos.
En la actualidad se reconoce que estamos ante una emergencia hídrica, recalcando la falta de mantenimiento en las redes de distribución, con pérdidas importantes que no son atendidas en tiempo y forma, sin saber con certeza cuánto se pierde -algunos mencionan valores cercanos al 30% de lo que se produce-, el elevado consumo de agua potable por habitante y por día -casi 500 litros contra los 200 que menciona la Organización Mundial de la Salud- y el consumo industrial de agua del embalse que realizan las empresas industriales del polo petroquímico, agua no tratada pero sí transportada por el acueducto, únicamente "justificable" desde el punto estrictamente de una mayor recaudación. Se analizan, además, otras fuentes de aprovisionamiento, que van desde la utilización de los surgentes en actividad con que cuenta la ciudad hasta la ejecución de obras faraónicas como el abastecimiento de agua desde el río Colorado, que no garantiza calidad ni cantidad, y que necesita enegía para bombeo en un país que se encuentra, también, en emergencia energética.
Hace falta que desde el poder político se atiendan tres puntos fundamentales que garantizarían el normal aprovisionamiento de agua, a saber:
- Resolver rápida y eficientemente las pérdidas cotidianas en la red, con adecuados recursos en maquinarias, insumos y personal que impidan derroches que sublevan a la comunidad.
- Ofrecer una tarifa plana, con una cantidad a consensuar de acuerdo a nuestra zona, y cobrar una tarifa mayor los consumos excedentes, para que se utilice con responsabilidad el recurso, garantizando, con algún tipo de tarifa social, la llegada de este vital elemento a los sectores más desprotegidos.
- Priorizar y garantizar para el consumo humano el agua del embalse, solicitando a las empresas industriales que busquen fuentes alternativas que resuelvan sus necesidades de funcionamiento.
Así, entre todos los actores, podremos definir una clara política de uso de agua, garantizando su provisión a la ciudad para hoy y para los tiempos por venir.
Ing. Ricardo R. Kloster
DIRECTOR
EDITORIAL
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