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UNA MEDIDA QUE BUSCA RECREAR LA CONFIANZA EN EL PAÍS
Como una forma de recrear la confianza en el país y salir de la parálisis que se le achacaba a su gestión, el gobierno de Cristina Kirchner decidió cancelar, al contado y con reservas del Banco Central, la deuda que nuestro país mantenía con el denominado Club de París. Se buscó dar un golpe de efecto similar al producido durante la gestión anterior, cuando Nestor Kirchner decidió en 2005 cancelar casi 10.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional afectando, entonces, cerca del 33% de las reservas existentes. En este caso se utilizaron un 14% de las reservas.
Con este gesto se pretende reducir el riesgo país, aliviar parte de las exigentes necesidades financieras que se tienen para el próximo año y reabrir créditos para inversiones públicas y privadas. Igualmente, sin una corrección en las enormes distorsiones que actualmente existen en la economía argentina, con una inflación cada vez menos indisimulable y sin un plan articulado para reducirla gradualmente, no resulta sencillo recomponer la confianza de la comunidad financiera internacional en el actual gobierno.
Esta descofianza proviene de la imprevisibilidad en las decisiones que habitualmente marca la marcha del actual gobierno, sin saber qué se decidirá en los próximos días. Se suceden los reclamos de un manejo claro en las estadísticas que periodicamente difunde el Indec y un reestablecimiento de las relaciones con los distintos sectores productivos, con el campo incluido. Según una encuesta realizada por la asociación empresaria IDEA, cerca de un 50% de los consultados dijeron, por primera vez desde que el kirchnerismo llegó al poder, que la situación económica emperoró levemente durante el primer semestre de este año, siendo casi unánime la respuesta de los consultados ante cuál debe ser la principal tarea que debe emprender el gobierno en materia económica: el 93% respondió “contener la inflación”.
Si bien se espera que las perspecivas se mantengan estables para el segundo semestre, debido a que “la base económica todavía está muy sólida y seguirá así durante el próximo año”, el problema se vislumbra para un escenario de mediano plazo. A la hora de decidir una inversión para los próximos 5 o 10 años, muchos empresarios ven como factores que generan incertidumbre las dudas por la provisión energética, la menor disponibilidad de infraestructura, la falta de proveedores especializados y de mano de obra calificada y la ausencia de un mercado de capitales para financiar la inversión a largo plazo.
Todavía estamos a tiempo y se logró un poco más de oxígeno. Esperemos que se transforme en realidad una frase escuchada recientemente en el oficialismo: “el gobierno sabe qué falta hacer y lo que hay que cambiar, y lo vamos a hacer”.

Ing. Ricardo R. Kloster
DIRECTOR
EDITORIAL
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