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UN AÑO CARGADO DE ILUSIONES
Comenzamos un nuevo año de trabajo que se caracterizará, como ya nos tiene acostumbrados los años "impares", por una abundante pirotecnia de campaña. Veremos muy asiduamente a políticos prometiendo cambios necesarios para mejorar la marcha del país, y el Poder Ejecutivo con una chequera preparada para asistir las necesidades de aquellas provincias más "afines" a su gestión, en búsqueda de solidificar su posición de gobierno. Veremos, también, numerosas inauguraciones de obras públicas, unas de las herramientas más eficaces para épocas de pesca de votos, y a la que ninguna administración deja de lado.
La realidad económica actual muestra que la Nación tiene cada vez más dinero -merced a las reservas acumuladas de la mano de una mayor actividad económica y del aumento de la recaudación- y a las provincias con una gran dependencia de los fondos federales. Ante esta realidad, el reparto discrecional de fondos y el apoyo de obras públicas en territorios "amigos" o que necesiten apuntalamiento ante la proximidad de elecciones reñidas, fue y será moneda corriente por parte de un gobierno que no repara en métodos para lograr su objetivo de mantenerse en el poder.
En cualquier país del mundo, con una geografía extensa como el nuestro, existen regiones más ricas que otras. Para que todos los habitantes del mismo tengan igualdad de oportunidades, el gobierno puede apelar a instrumentos de redistribución de ingresos que garantice a cada jurisdicción una prestación estándar de bienes públicos. El uso indebido de estos instrumentos, para respaldar gestiones o posicionar candidatos, genera inequidades que producen malestar en la población.
Esta manipulación de fondos y voluntades políticas se da en un escenario que presenta a una oposición totalmente fragmentada, favoreciendo la continuidad de la actual gestión, ya sea a través de la reelección del actual mandatario o por la designación de un sucesor (su señora esposa) que le garantice la victoria en la primera vuelta. La oposición necesita reorganizarse para recuperar peso frente a un electorado que la encuentra dispersa, con propuestas similares de partidos o grupos diferentes que encuentran dificultad para marchar juntos y fortalecer su posición.
El respeto irrestricto de la independencia de los poderes del Estado es uno de los principios en que se basa las democracias sólidas y nuestra historia muestra, lamentablemente, que muchas veces no fue tenido en cuenta. Aunque suene a paradoja, es importante que en este tiempo se dejen de lado las "necesidades electorales" y se reanude la senda del diálogo que mejore la calidad institucional de nuestro país. Esto tendrá que ser acompañado por una revalorización del Poder Legislativo, que durante largo tiempo ha desarrollado un papel deslucido, conformando mayorías automáticas que responden, obsecuentemente, a las necesidades del poder de turno. Sólo así podremos afirmar que estamos ante la presencia de un gobierno que busca lo mejor para toda la sociedad.
Ing. Ricardo R. Kloster
DIRECTOR
EDITORIAL
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