Muchas fueron las opiniones vertidas en distintos medios, motivadas por el mensaje enviado por el Papa Benedicto XVI, por la colecta Más por Menos que anualmente realiza Cáritas, advirtiendo sobre la necesidad de "reducir el escándalo de la pobreza y la inequidad social" en la Argentina.
Mientras que funcionarios del gobierno buscaban minimizar los efectos producidos por estas expresiones, entendiendo que esta problemática afecta a todos los países del mundo, sectores opositores y medios no afines a la actual administración tuvieron letra para criticar por varios días, como si este flagelo fuera un resultado exclusivo del accionar de este gobierno, sin analizar en profundidad lo hecho (o no hecho) por las administraciones anteriores. Hasta los máximos dirigentes del campo opinaron sobre el tema, comentando lo mucho que este sector hacía por los pobres.
La mayoría de los obispos de nuestro país recibieron el mensaje opinando que se ajusta "al perfil pastoral y de promoción humana y social que tiene la colecta Más por Menos", y que la exhortación se realiza "a partir de la mirada de un pastor, no de un político".
Si bien es cierto que la pobreza no es consecuencia de lo realizado por este gobierno sino que responde a problemas estructurales de años, que alcanzaron niveles vergonzozos hacia finales de los '90, no es menos cierto y grave que la pobreza existe y ha aumentado en los últimos tiempos. Nuestros actuales políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, debieran sentirse interpelados para dar los pasos necesarios para reducir sus efectos. No sólo el sector político, sino todos los sectores de la comunidad nacional (el productivo, el comercial, el industrial) deben comprometerse a reducir este flagelo, no hablando de pobreza, sino de pobres, para entonces tomar conciencia que hay una persona detrás de cada necesidad esencial insatisfecha.
Sobre este tema comparto plenamente las reflexiones del cura Eduardo de la Serna, coordinador del movimientos de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mujica, quien mencionaba que "mientras no tengan nombre los pobres, no tengan nombre los empobrecedores, y mientras se siga sacrificando la sangre de las víctimas en el altar de la propiedad privada y el dios dinero, seguramente la situación se va a agravar". "La búsqueda de ser 'Iglesia de los pobres' no nos dejará tranquilos hasta que los pobres tengan casa, pan y trabajo. Hasta que los pobres sean vistos como hermanas y hermanos, o mejor aún, hasta que no haya pobres porque tampoco habrá ricos y habrá mesa compartida y vida celebrada para todos".