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AÚN SE ESTÁ A TIEMPO DE EVITAR UNA GRAN CRISIS
Por estos días las preocupaciones de los analistas económicos -ampliamente difundidas en los programas televisivos específicos y artículos en periódicos, con repercusiones en el común de la gente- es ver hasta qué punto afectará a nuestro país la grave crisis económica internacional que, con centro en los Estados Unidos, comenzó a influir en los principales mercados del mundo.
La situación interna del país no alienta a ser muy optimistas. Se viene de un desgastante conflicto entre el gobierno y el campo -a la fecha sin resolver-, se vislumbran negros nubarrones sobre la economía argentina, con una inflación cada vez menos indisimulable, existe una desconfianza generalizada en los índices que elabora el Indec y, según consultoras internacionales, la Argentina ocupa puestos de vanguardia en cuanto a ránkings de corrupción y muy relegados si hablamos de confiabilidad.
No resulta serio creer que seremos ajenos a los que algunos vaticinan (y otros desean) como el gran derrumbe del capitalismo. Si bien se ha sufrido estos años por la falta de crédito externo, debiendo acostumbrarnos a “vivir con lo nuestro”, hoy eso se ve como una fortaleza que nos puede proteger parcialmente de los coletazos externos. La desaceleración que se pronostica para la economía mundial hará que dejemos de sentir los efectos del “viento de cola” que arrastraba positivamente las producciones nacionales, haciendo necesaria la implementación de un plan económico coherente y efectivo, que intente reducir el freno de la actividad productiva, en épocas de mayor prudencia y regulación.
Desde el sector de la construcción deberíamos ver en estos tiempos una oportunidad. El descalabro financiero internacional puede hacer que se reorienten los recursos del sistema bancario internacional sabiendo que, ante situaciones similares, los sectores que poseen capacidad de ahorro suelen invertir en ladrillos por ser el resguardo más sólido ante los vaivenes económicos. Por ello es factible que, en vez de disminuir, se vuelquen más recursos a la construcción, aunque los inversores analicen con mayor selectividad las propuestas, a fin de no arriesgar sus ahorros.
Si desde el gobierno se apoya una política de infraestructura que solucione las necesidades de los que menos tienen, si se instrumentan medidas que eviten confrontaciones inútiles entre sectores, si la actual gestión es lo suficientemente inteligente para no dilapidar nuestros recursos, podremos mantener valores de crecimiento -aunque posiblemente más moderados- que permitan que la construcción continue siendo protagonista en el desarrollo económico del país.
Ing. Ricardo R. Kloster
DIRECTOR
EDITORIAL
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