Hace aproximadamente 10 años la periodista Guadalupe Henestrosa escribía en una revista un artículo referente a la pasión por construir cada vez más alto. Su título era: "Rascacielos, la obsesión de la altura".
Dado lo interesante del mismo, lo archivé para una posterior relectura y análisis.
El mismo comenzaba (textualmente): "Los baños de caballeros del bar ubicado en el último piso del prestigioso Península Hotel de Hong Kong tienen unos gigantescos ventanales desde donde se puede ver hasta donde alcanza la vista. Allí, justo contra esa pared de vidrio, están ubicados los mingitorios: la idea del diseñador fue que los poderosos hombres de negocios que visitan el hotel desahoguen sus vejigas con la metafórica sensación de que lo hacen sobre la cabeza de media humanidad."
La lectura de estos párrafos resultan injuriosos, a la par que reflejan el pensamiento de los grupos de gran poder económico con relación a la sociedad.
Por otra parte, es evidente que construir cada vez más alto es una metáfora de poder. Los egipcios, con su pirámide de Keops, tenían muy en claro este concepto. Durante milenios fue la construcción más alta del mundo, recién superada por las construcciones del siglo XX.
Estos edificios que aparecen en el siglo pasado, surgen preferentemente en Chicago y en Nueva York. Posteriormente vienen las altas construcciones en países como Japón y China (en Hong Kong) y por último continúan en los países del sudeste asiático. Nótese el paralelismo del gran poder económico que poseían estos países en el momento que surgen los "gigantes" en cada uno de ellos.
Siempre el hombre, en su afán de poder, ha querido alcanzar el cielo. Desde la mítica torre de Babel y las pirámides tanto egipcias como americanas, los "zigurats" (pirámides escalonadas) en la Mesopotamia, los "minaretes" (torres de las mezquitas) islámicos y las grandes catedrales góticas en Europa, todos ejemplos de la antigüedad que vinculan la fuerza y el poder con las alturas.
Con la llegada de la Revolución Industrial aparecen nuevas técnicas y nuevos materiales para estas construcciones elevadas. La necesidad de juntar grandes grupos de trabajadores en un mismo lugar hace que prolifere este tipo de construcciones. La diferencia fundamental entre estas edificaciones y las que se ejecutaban en la antigüedad es que los edificios que se levantan desde fines del siglo XIX son habitados por seres humanos.
En esta carrera hacia las alturas, a mediados del siglo pasado (1956) nace un proyecto monumental (que no llegó a concretarse) diseñado por el arquitecto Frank Lloyd Wright. Se trataba de la "Torre de una milla de altura" (Mile High Tower), que con sus mil seicientos nueve metros iba a emerger a orillas del lago Michigan. La adopción de este tipo de construcciones "no se debe a carencia de tierras, sino a una cuestión de imagen: los rascacielos son una buena manera de atraer la atención sobre una ciudad".
Si bien estamos lejos del proyecto de Wright, este año -2008- tendremos finalizado un nuevo rey de las alturas. Se trata del Burj Dubai de los Emiratos Arabes, que con sus ochocientos metros quedará concluido en el presente año, desplazando al Taipei Financial Center 101 (TFC101) ubicado en Taiwan, que con sus 508 m es el más alto del mundo por estos días. La pregunta obligada es: ¿Cuál es el límite?
Los especialistas indican que el límite está dado por la fisiología humana. Los bruscos cambios de presión y la gran velocidad de los ascensores conspiran contra el bienestar físico de los habitantes de estas ciudades verticales.
Además, se debe recordar que las fuerzas horizontales (vientos, sismos) producen deformaciones de un orden tal que al duplicarse la altura, el ángulo de oscilación es diesiseis veces mayor. Si bien es cierto que existen en la actualidad elementos amortiguadores que disminuyen dichas oscilaciones, las mismas no llegan a anularse totalmente.
Por otra parte no se puede dejar de considerar el gran impacto ambiental que producen estas megaconstrucciones, con sus sombras y oscurecimiento del cielo, además de generar peligrosas corrientes de aire y ventarrones repentinos.
Todos estos factores se suman para que las actividades que deban realizar las personas no se desarrollen normalmente.
Las consideraciones antes señaladas, conjuntamente con la introducción de esta nota, nos están indicando que las condiciones de vida de los seres humanos se verán más y más afectadas en un futuro cercano, por lo que no parecería equivocado afirmar que, a mi modesto entender, así vamos mal...