JUICIO DIVIDIDO EN EL CONCURSO PARA UN MONUMENTO A PERÓN
Borges lo dijo mejor que nadie: "Los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles". Así, al menos, lo demostraron en un concurso organizado desde la Secretaría de Cultura de la Nación para erigir un monumento a la memoria del Teniente General Juan Domingo Perón.
La obra, según indicaban las bases, debía constituir "un reconocimiento a la trascendencia de Perón como militar, político y estadista, consagrado a la afirmación de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, destacando su figura y valores esenciales".
Se armó un jurado mixto (acá empezaron los problemas) artístico-político que incluyó: artistas plásticos (Leo Vinci, Raúl Orlando Santana y Daniel Santero); a Américo Castilla, director nacional de Patrimonio y Museos y al bahiense Andrés Duprat, director de Artes Visuales, por la Secretaría de Cultura de la Nación.
A ellos se sumó la "pata política", integradada por Antonio Cafiero, la senadora por Jujuy Liliana Fellner, el diputado José María Díaz Bancalari, y César Fioravanti, por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
La escultura ganadora sería emplazada en un predio de la ciudad de Buenos Aires, frente al edificio del Correo Central. Hasta acá… bárbaro.
Pero resulta que, presentados los trabajos, el ganador final fue definido, de acuerdo a lo señalado por parte del jurado especializado en arte, en base a la "muñeca", mañas y oficio del sector político.
Al parecer, en principio, se había impuesto la obra de Omar Estela y Javier Bernasconi. Pero el jurado peronista prefería una pieza más tradicional, presentada por Enrique Savio, por lo cual se decidió incorporar al jurado a una persona más: el sindicalista Lorenzo Pepe, quien se encargó de torcer la balanza a favor de ellos, generando un "empate". Ante esta situación, Cafiero dirimió la cuestión al otorgarle su voto doble -propiedad que le correspondía como presidente del jurado- a la obra de Savio.
Estela y Bernasconi, al enterarse de los pormenores de la elección, enviaron una carta documento al Secretario de Cultura de la Nación para que reviera la inclusión de Pepe en el jurado, sin tener hasta ahora una respuesta.
Si bien nadie quería ofender a Enrique Savio, los conocedores artísticos sostuvieron a rajatabla los méritos del trabajo de Estela y Bernasconi, explicando, incluso, que la obra finalmente elegida muestra las manos del general, cuyo destino, de emplazarla, será la rotura, como ya ha ocurrido con otras esculturas de Perón.
La cosa está entonces en penumbras, y ya alguno habrá expresado, solemnemente, la conveniencia de "desensillar hasta que aclare", según gustaba decir el general.