UN LIBRO SOBRE COCHERAS
Que no todo está escrito sobre arquitectura es algo claro y nítido. Lo bueno es cuando aparecen profesionales que analizan determinados temas a los cuales unos pocos hasta ahora parecieran haberle prestado atención. Es el caso del arquitecto Simon Henley, quien con su libro "The Architecture of Parking" repasa la evolución de los edificios destinados al automóvil.
El automóvil, se sabe, fue uno de los transformadores cruciales del paisaje del mundo en la era industrial. La revolución provocada por su invención modificó completamente la vida del individuo del siglo XX, obligando a arquitectos y urbanistas a repensar y reacondicionar edificios y ciudades (cuestión que todavía no han podido resolver). Su popularización supuso no sólo la creación de redes de tránsito, urbanas e interurbanas, sino también el desarrollo del estacionamiento como una tipología arquitectónica de complejidad específica que no radica sólo en su naturaleza estructural y material, sino también en la proyección psíquica de su entidad sobre la imaginación contemporánea.
"The Architecture of Parking" traza la evolución de las estructuras y zonas de estacionamiento de vehículos utilitarios desde la década del '20 del siglo pasado hasta la actualidad. Con su análisis, Henley devela la trascendencia e influencia sobre la arquitectura contemporánea de esta tipología, nacida como consecuencia de la conversión del automóvil en una herramienta indispensable para los tiempos modernos.
La necesidad de producir edificios estrictamente concebidos para la circulación de vehículos enfrentó a los arquitectos al desafío de investigar la creación de estructuras cuya característica esencial es la de constituir un sistema de movimiento para un artefacto mecánico, en la que la presencia del factor humano puede ser considerada menor por cuanto es el vehículo el que dicta las condiciones estructurales y funcionales del edificio.
Es remarcable el hecho de que fueran los proyectos visionarios desarrollados por Konstantin Melnikov en 1925 los que anticiparon las formas construidas a partir de la década de los años '40 en Estados Unidos: sección comprimida, planos inclinados y estructura esquelética, como el desarrollado por Richard Neutra en 1948 en Miami, que exponía la estructura de cemento del estacionamiento, despojado de fachada.
Ese período, entre los '50 y '60, en el que el coche constituye el icono de la modernidad, se realizan los exponentes más complejos en Europa y en los Estados Unidos.
En este contexto, Louis Kahn desarrolla diversos estudios para la proyección de una ciudad cuyo centro urbano peatonal estuviese protegido por un collar de parques de estacionamiento cilíndricos, evidencia del reconocimiento del automóvil como eje de una transformación profunda en el entorno. Durante este período, los arquitectos se esmeraron en la experimentación con la materia (fundamentalmente, hormigón), los aspectos formales (rampas inclinadas y helicoidales) y la creación de elevaciones expresivas, así como un cuidado tratamiento estético de la fachada que marcaban -a veces con la magnificencia colosal de torres como Marina City en Chicago- la presencia de estas estructuras sobre el ejido urbano.
Henley indica que los cambios culturales en relación al vehículo surgido a partir de los años '80 han abocado hacia una preferencia por tratamientos más discretos.
Resurge así otro punto del Manifiesto Futurista, cuando se traza la definición de la arquitectura del estacionamiento: la belleza de estos edificios radica en su agresividad, en su presencia contundente, producto -como señala el autor- del hecho de que constituyen la antítesis visceral del mundo natural y de las cualidades de sus espacios interiores. "Medio finalizado, medio en deterioro. Exteriormente, sus formas y elevaciones pueden sorprender. Interiormente, el paisaje, material y luz en la que uno se adentra puede ser desconcertante, a veces terrorífica y, en ocasiones, bella".
Henley subraya el hecho de que es difícil encontrar en otras obras creadas por el hombre el nivel de abstracción que alcanzan este tipo de estructuras. Concebidos como un espacio no efectista, sino adaptados a los requerimientos pragmáticos de su función, los estacionamientos generan ese tipo de sensaciones que entrarían en la categoría freudiana de lo siniestro.
La reflexión sobre estacionamientos que constituyen piezas cruciales de la historia de la arquitectura dirige la atención hacia el redescubrimiento de los valores y la belleza arquitectónica de los estacionamientos anónimos para reconocerlos como variaciones de esta compleja tipología, un paradigma arquitectónico del espíritu de la era industrial.