Noticias y Novedades de la edición 166 de Obras & Protagonistas...
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SE FUE EL ARQUITECTO DEL ADOBE
A los 71 años de edad falleció Nader Khalili, arquitecto y educador, conocido por su innovador sistema constructivo pensado para atender situaciones de extrema delicadeza (casas para refugiados, víctimas de terremotos, habitantes del desierto) recurriendo al uso del adobe. Su cuerpo fue enterrado, según el ritual islámico, en cementerio de Claremont, luego de una sentida ceremonia pública en uno de los jardines de la universidad donde dictara clases para honrar su legado a la humanidad, con un ritual que reflejó el amor de Nader por la simplicidad y las artes.
Una de sus obras más difundidas fueron las casas construidas en el desierto de Mohave: viviendas ecológicas económicas, capaces de resistir incendios y terremotos. Según Khalili, ese mismo modelo podría construirse en la Luna.
Estas residencias redondas, de tres metros de altura, se confunden con el paisaje desértico gracias al color arena de los materiales con que se construyen: la gran mayoría de esa misma zona. “Volver a la tierra me parecía obvio. No inventé nada, todas las civilizaciones mediterráneas se sirvieron de la tierra sobre la que vivían”, indicó hace unos años el arquitecto, de origen iraní e instalado en Estados Unidos desde 1971.
Ex diseñador de rascacielos, logró hacer realidad su concepto en el CalEarth Institute (Instituto para la Arquitectura y el Arte de la Tierra de California) que dirigía en Hesperia.
“Cavamos el suelo. La tierra se reúne en sacos cerrados que se amontonan y luego se empieza a compactar. Todo consiste en la forma redonda, tanto para los pequeños domos como para la casa grande: todo se sostiene en arcos. La forma tradicional de una casa cuadrada con paredes verticales es lo ideal para que un día se derrumbe, en cambio con el arco nada puede caerse”, afirmaba.
Una vez levantada, la casa se calienta interiormente como si se tratara de un horno de cerámicas, de manera de consolidar la terracota que sostiene la estructura, y así se da por terminada una vivienda que se levanta con tres obreros durante una semana.
Estas residencias fueron bautizadas “superadobe”, en alusión a las primeras casas de adobe construidas por los colonizadores españoles de California, que se alimentaban de energía propia y tenían una temperatura ideal gracias a su distribución de espacios y ventanas.
Cómo muchos de los grandes legados de este mundo, simpleza, practicidad y economía fueron las premisas del trabajo de Nadir.
ORDOS, LA CIUDAD DEL FUTURO
Un barrio futurista se planea construir en la ciudad de Ordos, en China.
Siguiendo el plan maestro realizado por los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, un total de 40 arquitectos provenientes de 29 países del mundo (inclusive de Argentina) trabajan actualmente en el desarrollo de proyectos de viviendas en esa ciudad, situada en plena estepa mongol.
Ordos, famosa por su producción de leche, carbón y cachemira, y por acoger el mausoleo de Genghis Kan, inaugurará a finales del 2009 este “barrio cultural creativo”, impulsado por el magnate Cai Jiang, a unos 20 kilómetros del centro de la ciudad.
El proyecto cuenta con un presupuesto de 633 millones de dólares e incluirá la construcción de más de 100 villas residenciales, cada una de ellas creada por un arquitecto internacional que dispone de cien días para preparar su diseño.
Además de una zona residencial, el proyecto incluirá complejos culturales futuristas y estructuras residenciales de inspiración clásica, un centro comercial y oficinas.
Ordos está ubicada en una meseta en el curso alto del Río Amarillo, en la región autónoma china de Mongolia Interior, y cuenta con una población de 1,4 millones de habitantes. Cómo corresponde a todo emprendimiento, también existen sus detractores, quienes critican los altos costos de construcción, el daño ecológico que causará en un entorno tan frágil como el de las estepas y los gastos adicionales que supone desplazarse a 20 kilómetros del centro urbano.

UNA PROPUESTA EN BRASIL
Reducto de artistas, intelectuales y bohemios, el barrio paulistano de Villa Magdalena pasa por un proceso de valorización y crecimiento vertical, en espacios donde predominan las modestas residencias de principios del siglo pasado. Esa diversidad conforma un escenario atractivo para recibir construcciones como el edificio Fidalga.
A partir de cuestionar modelos racionalistas, los arquitectos del estudio Triptyque elaboraron una propuesta para un edificio-casa vertical que fragmenta los elementos constitutivos comunes y establece un diálogo con la riqueza caótica del barrio. El predio fue dividido en dos bloques con fachadas de concreto, tejido y vidrios, interligados por un tercer volumen que concentra la circulación vertical. Los departamentos ocupan la totalidad del lado, resultando 11 unidades asimétricas, con siete diferentes tipologías simples, dúplex y un loft. Las superficies cubiertas varían entre 80 y 240 m2.
Para individualizar las unidades, la propuesta establece posicionamientos diferentes para las barandas y crea un juego de aberturas libres de modulaciones repetitivas, recursos que dinamizan y tornan más atrayentes las fachadas.
EL POLIDEPORTIVO GINÓBILI YA TIENE LUGAR
Luego de una fenomenal polémica urbano-social desatada por la Municipalidad de Bahía Blanca al plantear nueve posibles asentamientos, finalmente el denominado “polideportivo Ginóbili” ocupará la cava ubicada en el cruce de las avenidas Alberto Pedro Cabrera y Fortaleza Protectora Argentina, a menos de 15 cuadras del centro de la ciudad. El estadio multipropósito que se pretende construir con dineros aportados desde provincia y nación (se habla de unos 30 millones de pesos más adicionales para obras de infraestructura) fue motorizado por la Fundación Ginóbili, en tiempos del gobernador Felipe Solá y cuando Emanuel Ginóbili, el astro del básquetbol formado en el club Bahiense del Norte, ganara su primer anillo en la NBA. Para su emplazamiento la provincia donó un terreno convertido en cava por la extracción de tosca que durante años hiciera la propia comuna, donde el estudio del arquitecto Mauro Grippo desarrolló el proyecto de un estadio para 10 mil personas, que se destaca por ser parte de un gran parque que ocupará seis hectáreas. “Será una obra dentro de un parque”, menciona Grippo al resaltar la calidad integral del diseño.
Si bien el sitio elegido fue encontrando opiniones a favor y en contra, el tema adquirió proporciones mediáticas notables cuando el propio intendente municipal Cristian Breitenstein decidió considerar otras posibles ubicaciones y desde el área de planeamiento comunal se propusieron nueve alternativas.
Las variantes eran tan dispares como posibles. Terrenos alejados del casco urbano que podían revitalizar zonas hoy postergadas, otros inviables desde su propia situación y otras ganando adeptos y detractores en medidas similares.
Los colegios de profesionales consultados no coincidieron en un único lugar y por decenas políticos, funcionarios, periodistas, profesionales, vecinos y opinólogos no dejaron de dar su punto de vista sobre la cuestión. Pocas veces la discusión urbana se vio tan potenciada. Finalmente, con dos terrenos “finalistas”, el jefe comunal se inclinó por la cava original, privilegiando, dijo, “un lugar consolidado antes que adoptar una ubicación hoy demasiada alejada” como era el otro emplazamiento ubicado sobre el camino de circunvalación.
Lo cierto es que el Polideportivo ha vencido un escollo más, los planos avanzan y todos esperan (en eso sí coincidían mayoritariamente) que Bahía Blanca tengo en los próximos años una obra acorde a su jerarquía de ciudad.
UN NUEVO MIRADOR PARA LA TORRE EIFFEL
El estudio francés Serero Architectes presentó el diseño para la ampliación del último piso de la Torre Eiffel, llevando su superficie de 280 a  580 metros cuadrados. La obra será una especie de ensamble a la plataforma existente, materializada mediante una estructura temporaria que estará terminada en 2009, cuando la torre cumpla el 120 aniversario de su construcción. La intervención será construida en Kevlar® de DuPont, una fibra cinco veces más resistente que el acero, que “volará” sobre París.
A pesar del anuncio de esta obra realizado de manera pública por Serero, la sociedad gestora de la Torre Eiffel negó que contemple ampliar el último piso del emblemático monumento de París, y desacreditó la oferta “no solicitada” del despacho de arquitectos para extender la superficie.
“La Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE) recuerda que no ha lanzado ninguna oferta relacionada con la ampliación de la cumbre del monumento y que el gabinete de arquitectos parisino (Serero Arquitects) nunca ha sido candidato a una eventual consulta”, afirmó la entidad.
Más allá de lo anecdótico del hecho, la propuesta se ganó su espacio en revistas y diarios jugando, como se hace desde hace décadas, con la reconocible imagen de la torre Eiffel.
LA ARQUITECTURA DEBE ASEGURAR LA CONTINUIDAD LEGIBLE DE LA CIUDAD
Oriol Bohigas es uno de los grandes protagonistas de la renovación teórica del urbanismo europeo a partir de sus obras, libros, conferencias y artículos. Por eso sus opiniones sobre esta materia despiertan, cuanto menos, curiosidad e interés. Una reciente entrevista realizada por una revista especializada permite conocer algunos de sus criterios.
"El proceso habitual de urbanización que es pasar de planes generales a planes parciales y a la urbanización es un proceso equivocado. El adecuado para controlar y desarrollar o reconstruir una ciudad es exactamente al revés. Hay que empezar con unos criterios muy generales: habrá que hacer tantas viviendas, definir tal coeficiente de densidad, poner tantos servicios y escuelas. Una vez establecido este primer criterio hay que estudiar si se puede aplicar el plan existente o si hay que hacerle modificaciones".
"Los contenidos de un plan urbano dependen mucho de la política: un gobierno de izquierda tendrá un programa de viviendas distinto de un gobierno de derecha. Yo creo que en el establecimiento del programa es donde está toda la posible carga política de una operación urbanística".
"Tener planes parciales es la única forma de evitar esta barbarie que se está produciendo en todo el mundo, porque a partir del plan general no se determina la forma del barrio o de la ciudad. Creo que uno de los principios fundamentales del urbanismo es la creación de esta forma".
"Soy partidario de una intervención muy directa de la administración pública. Los promotores o los propietarios de los terrenos, no tienen que mandar en estos asuntos. Un ejemplo de esto fue la Villa Olímpica de Barcelona, donde todo lo ha hecho el Ayuntamiento y cuando estuvo todo absolutamente definido, se adjudicó su construcción a empresarios privados"
"Los que determinan en que áreas se ha de construir o promover tienen que ser los políticos, el Ayuntamiento de la ciudad o el gobierno regional, y por lo tanto si éstos lo hacen bien, la ciudad se desarrollará bien, y si lo hacen mal, mal. Tiene que haber un criterio político de la ciudad, por el que se decida qué es lo que hay que construir: hay que construir viviendas, hay que construir industrias, en qué proporción, con qué equipamientos. Esto es un presupuesto claramente político y puede que ésto sea difícil, pero más difícil me parece que sean fijados a través de criterios puramente técnicos".
"Soy partidario de una ciudad de barrios, de fragmentos. Una ciudad grande sólo tiene capacidad de actividad urbana cuando la identidad se refiere a barrios relativamente pequeños. La ciudad se debe entender como una yuxtaposición de entidades vecinales y, por lo tanto, en el proyecto de la ciudad estoy de acuerdo con esa fragmentación".
"Creo que la arquitectura se debe poner al servicio de la continuidad legible de la ciudad, que se puede construir con un rascacielos o con una barraquita, pero tiene que ser con la voluntad de configurar esa imagen. Una plaza puede convivir con un rascacielos, con una torre, con elementos horizontales o con lo que sea, siempre que el proyecto comporte una voluntad de continuidad y legibilidad urbana"

UN ANDÉN QUE SE RECUPERA
En pleno Madrid existió durante años la “estación fantasma” de Chamberí, desafectada del uso por su estrechez en los ‘60 y poco a poco vandalizada. Ahora el Ayuntamiento de Madrid está llevando a cabo una política de conservación y recuperación de su patrimonio industrial, quizá el más singular, menos conocido y más amenazado. Se está procediendo así a la recuperación de valiosos exponentes de la historia industrial, dotándolos de nuevos contenidos que aseguren su preservación y disfrute por parte de los ciudadanos.
La antigua estación de Chamberí resurge ahora como un singular ejemplo de ese patrimonio, testimonio del nacimiento del actual Metro de Madrid.
Convenientemente restaurada, dará soporte a un amplio programa de contenidos, apoyado en medios expositivos tradicionales y en modernos sistemas audiovisuales, para convertirse en una “máquina del tiempo”, a través de la cual los visitantes pueden realizar un viaje por la historia del transporte y sus implicaciones en las transformaciones urbanas y sociales, la arquitectura, la ingeniería, la tecnología y su evolución, la publicidad y el diseño.
La decoración interior se basa en juegos ornamentales planos, con combinaciones de líneas y color. La bóveda de la estación está recubierta de azulejo blanco biselado y sus estribos decorados con grandes recuadros, acusados por una ancha faja de azulejos sevillanos que dibujan el marco de una serie de carteles publicitarios, también de cerámica. Estos carteles son uno de los grandes atractivos de la estación, pues se conservan prácticamente tal y como fueron creados en la década de los ‘20.
En su proyecto de rehabilitación, se ha querido mantener el carácter misterioso que ha conservado la estación tras los cuarenta años que ha permanecido cerrada. Para ello, en lugar de reconstruir el antiguo acceso, han optado por crear uno nuevo, completamente accesible, limitando su intervención en ésta a la restauración de elementos, muebles e inmuebles y a la instalación de elementos de protección para el público.







EN TOKIO, UNA CALLE DE MODA
Omotesando es una de las calles más transitadas de Tokio, en Japón, a la que muchos denominan la “champs-Élysées” de esa ciudad japonesa. La arteria se ha ganado un lugar en el mundo de la arquitectura porque contiene decenas de negocios cuyos edificios han sido diseñados por arquitectos de prestigio, para alojar primeras marcas de ropas y perfumes.
El área de compras ofrece locales internacionales de marcas como Louis Vuitton, Dior, Hermes, Prada y Gucci, en edificios proyectados por profesionales de la talla de Renzo Piano y Tadao Ando.
Los suizos Herzog y de Meuron, por caso, han realizado, para la firma italiana Prada la obra más deslumbrante de todas: un cristal facetado con rombos de vidrio burbujeante que se engarza en su emplazamiento con la precisión displicente de una joya excesiva.
Una curiosidad de estas obras, sin embargo, es que de acuerdo a algunos críticos del arte, los arquitectos son contratados para conformar estos iconos comerciales, pero no reciben casi nunca el encargo de diseñar sus espacios interiores, confiados habitualmente a los departamentos de decoración de las propias firmas. Esta bifurcación de responsabilidades genera una divergencia de resultados, con una notable distancia entre los objetivos estéticos y simbólicos del exterior y la resignada aceptación de una imaginería interior convencional. “Tanto en el caso de la obra de Toyo Ito para Tod’s como en las de Sejima y Nishizawa para la tienda de Dior o en la de Aoki para Louis Vuitton, la escenificación urbana se frustra cuando se cruza el umbral”, señalan.
La sede de Tod’s -una delicada fachada de hormigón, recortada como si fuese una cartulina para evocar el ramaje de los árboles- es un icono nocturno de extraordinaria eficacia, y un edificio diurno que consigue llamar la atención sobre sí. Una vez dentro, sin embargo, la vulgaridad de los espacios y la mediocridad de los detalles hacen que la obra exterior se diluya.
Buenas cajas y diseño para contener “no-lugares” que siguen generando las marcas con su globalización decorativa.
DOS CASAS DE GAUDÍ CAMINO AL CENTENARIO
Dos casas multifamiliares construidas en Barcelona por Antonio Gaudí, ambas declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se aprestan a celebrar sus primeros cien años de existencia. Estos hechos fortalecen, por un lado, el gran fenómeno artístico-turístico que conforman estas construcciones, como rescatan, una vez más, la cada vez más mística figura de su autor.
De estudiante, se dice, a Gaudí lo tenían por loco, pero él terminó convirtiéndose en el artista por excelencia del modernismo catalán. Dos de sus obras celebrarán su centésimo aniversario: la Batlló, terminada en 1908, y la Milá, que se empezó a construir entonces.
El día en que Gaudí terminó sus estudios de Arquitectura, el director de la Escuela pronunció una frase profética: “Nos hallamos en presencia de un loco o de un genio”, tal el grado de excentricidad del nuevo profesional.
De acuerdo a los especialistas, “la casa Battló fue una obra sin más historia que su propia perfección; mientras que la Pedrera (Casa Milá) tiene una densidad metafórica colosal que la vincula con Hamlet, la ciudad de Dios de San Agustín o el Apocalipsis de San Juan. Fascina porque siendo de piedra parece de carne”.
Pere Milá, promotor de la obra, era un empresario de Barcelona, un dandy “con más apostura que alma”. Lo llamaban Perico y conducía uno de los primeros coches matriculados de esa ciudad española. Su tío era el alcalde y su padre, socio de Josep Batlló en una factoría de cáñamo.
Perico fue quien, en un solar de 1,835 metros cuadrados, contrató con Gaudí el diseño de su edificio, tercera pata del trípode universal que forma con La Sagrada Familia y el Parque Güell.
Rápidamente fue bautizada por el pueblo como la Pedrera (la Cantera) y los espíritus más líricos vieron en ese monumento enemigo de las líneas rectas una metáfora del viento, un dragón dormido. Los peor pensados hablaron de la afiliación del autor a los rituales demoníacos.
Gaudí fue en vida una persona misteriosa, y su figura ya alcanzó rasgos épicos. Hasta su muerte está cargada de una trágica forma. Su afición al canto gregoriano lo condujo el lunes 7 de junio de 1926, a las 18,05 horas, a la Gran Vía barcelonesa, saliendo desde las obras del Sagrada Familia, con destino a una iglesia cercana. Al cruzar esa calle un tranvía de la línea 30 lo atropelló. El conductor apartó el cuerpo y siguió su ruta, convencido de que la víctima era “un vagabundo borracho que no miraba por dónde iba”. Propuesto para ser santo por el obispado de Barcelona, se asegura que su gran pasión fue vincular el arte a la naturaleza para, de esa manera, continuar la obra de Dios, único arquitecto al que quiso emular.

 
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