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El Metro de Moscú una galería de arte que es refugio atómico a 70 metros de profundidad


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“Un palacio subterráneo” así es como algunos estudiosos definen al subterráneo de Moscú, Rusia, una de las redes más impactantes del mundo, ubicado a una profundidad que asombra y con una propuesta estética que incluye más de 200 estaciones, que deslumbran y conmueven.


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La primera línea fue inaugurada en 1935, en plena era de Iósif Stalin, no tanto como una respuesta al crecimiento urbano, sino como una herramienta simbólica, donde cada estación buscaba reflejar el esplendor soviético funcionando como “palacios del pueblo”. Una suerte de recurso similar al del Barroco, con el uso del mármol, bronce, vitrales y mosaicos para impresionar los sentimientos tanto a locales como a visitantes.

Estaciones como Komsomólskaya, resuelta con cúpulas amarillas y lámparas de araña, y Mayakovskaya, obra maestra del art déco, evidencian esa intención.

Cuando en 1941 Adolf Hitler invadió al territorio soviético, los túneles subterráneos se convirtieron en refugios antiaéreos, verdaderas ciudades donde la gente dormía y vivía hasta que se diluía el peligro de los bombardeos.

Ese uso obligó o adaptar el lugar, reforzando estructuras, incorporando sistemas de energía y garantizando accesos seguros.

La estación Park Pobedy, a 84 metros de profundidad, si bien responde a cuestiones geológicas también generó un lugar para la defensa civil.

Con el tiempo, el metro se convirtió en vital para la dinámica de la ciudad, con millones de pasajeros diarios y siendo uno de los más eficientes del planeta, para una red de vías que sigue creciendo cada año.

La obra

Construir la red subterránea fue un desafío ingenieril extremo, en una ciudad atravesada por ríos, suelos inestables y muy bajas temperaturas. Para resolverlo, los ingenieros fueron a gran profundidad —50 metros promedio bajo tierra— utilizando técnicas que combinaban métodos tradicionales de excavación con innovaciones de la época.

Un rasgo distintivo es el diseño de estaciones tipo “pilón” o “columna”, estructuras robustas capaces de soportar la presión del terreno y generar amplios espacios interiores.

La ventilación fue otro aspecto clave, con complejos sistemas de circulación de aire, capaces de mantener en condiciones estables un entorno cerrado. A su vez, un drenaje permanente controlaba las filtraciones de agua.

Hoy, la ingeniería del metro sigue evolucionando. Tuneladoras, materiales livianos y tecnologías digitales conviven con estructuras históricas que funcionan con notable fiabilidad.

Los estilos

La primera línea se inauguró en mayo de 1935, conectando 13 estaciones a lo largo de 11,2 kilómetros.

El diseño arquitectónico combinó elementos del clasicismo ruso, del Art Déco y del Realismo Socialista, cada uno con un propósito simbólico: las columnas representan la fortaleza del estado, los mosaicos la historia del progreso soviético y las lámparas representan la iluminación del socialismo.

Los materiales utilizados sorprenden por su calidad y variedad: mármol de los Urales, granito de Carelia, bronce, oro y piedras semipreciosas demuestran la riqueza natural de la Unión Soviética.

La estación Komsomolskaya-Koltsevaya, con sus mosaicos dorados, narra la historia militar rusa. Mayakovskaya es Art Decó, con sus columnas de acero inoxidable y rodonita rosa, paredes y suelos de mármol blanco y rosa, y mosaicos en el techo con el tema “Cielo soviético de 24 horas”.

En Kievskaya, los mosaicos celebran la amistad entre Rusia y Ucrania; y Novoslobodskaya es famosa por sus vitrales iluminados que crean una atmósfera catedralicia.

En Taganskaya, esculturas de soldados y trabajadores recuerdan el sacrificio y el esfuerzo colectivo, los valores del “hombre nuevo soviético” que el régimen quería promover.

Los primeros años de la Guerra Fría trajeron un diseño más sobrio. Estaciones inauguradas bajo la dirección de Nikita Khrushchev buscaron reducir costos y favorecer un enfoque más utilitario.

En la década del 70 resurgió la riqueza del diseño visual. En Aviamotornaya el tema central es la aviación, reflejado en luces que representa la estructura del universo, y en una gran escultura de metal que representa el fatídico vuelo de Ícaro de la mitología griega.

La estación Park Pobedy, que abrió en 2003, es un retorno al estilo Neoestalinista, con ornamentación clásica y mosaicos detallados como el que celebra la victoria rusa en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad, el sistema recorre 300 kilómetros y cuenta con más de 250 estaciones.

En marzo de 2023, el presidente Vladímir Putin inauguró la Gran Línea Circular, con 35 estaciones y 70 kilómetros de longitud, obra que se calificó de “corazón” del sistema de transporte.

Si bien las paradas modernas prevalecen hoy como imagen del sistema, las históricas siguen desempeñando un papel muy especial. Son las que conmueven, impactan y sorprenden, una y otra vez. Verdaderas galerías de arte a casi un siglo de su construcción.