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UNA PÉRDIDA QUE MOTIVA
Las exequias del ex presidente Raúl Alfonsín provocaron un acompañamiento multitudinario que dejó, en varios analistas, distintos enfoques: unos quisieron ver una gran queja de la sociedad a la actual administración -y la anterior de Néstor Kirchner-, que nunca creyó en el consenso como metodología de trabajo, rasgo que sí distinguió al gobierno del ex líder radical recientemente fallecido. Otros quisieron ver en esta movilización el primer paso para recomponer el centenario partido, que gobernó ni bien se reimplantó la democracia, hace ya más de 25 años, y comenzó a declinar a pasos agigantados con el estrepitoso fracaso de la Alianza, hasta llegar a casi desaparecer del escenario nacional en las últimas elecciones.
Es probable que ni unos ni otros acierten o yerren totalmente con el análisis del hecho histórico que acabamos de vivir. La inmensa manifestación que acompañó a su última morada al denominado “padre de la democracia” excedía a sus partidarios. “Alfonsín ya es parte de todos” manifestó un veterano dirigente peronista. Muchos ciudadanos quisieron expresar su reconocimiento a una persona que buscó instalar reglas democráticas en su gestión en una sociedad que todavía no estaba preparada para ello. “Honestidad” fue la cualidad más destacada hacia la figura del extinto ex presidente, cuando la misma debiera ser esencial en cada una de las personas que nos gobiernan.
Ya con la campaña electoral en marcha, cuando faltan poco menos de 90 días para las importantes elecciones legislativas que servirán para evaluar el respaldo que tiene la actual administración, de acuerdo al nuevo cronograma electoral recientemente reformado por ley, los argentinos debemos comprometernos a analizar y estudiar cuidadosamente las distintas propuestas, sin caer en las trampas que, de uno u otro lado, suelen tenderse para captar votos.
Una oportunidad histórica tenemos, pues, de hacer valer nuestra opinión, de participar y de acompañar aquellas ideas que nos lleven hacia un mejor destino. Cada uno, en el sector que le toque desempeñar sus tareas, podrá ser un ladrillo más en la construcción de un país que busca su destino de grandeza. Ésa, quizás, sea la mejor respuesta que podamos darle a quien quiso, con aciertos y errores, ser la esperanza de una nueva nación.
Ing. Ricardo R. Kloster
DIRECTOR
Obras & Protagonistas WEB