El sitio de la construcción del sur argentino

Febrero 2014 - Año XXIII
Al borde de la línea

Postales de una ciudad en colores

por Ing. Mario R. Minervino

Bahía Blanca a comienzos del siglo XX

E

n tiempos en que la técnica de la fotografía comenzaba a desarrollarse en blanco y negro, con laboriosos procesos de revelado que derivaban en el alto costo de las mismas, el correo ideó una propuesta de comunicación que permitió disponer de millones de fotografías de ciudades, plazas, monumentos y edificios emblemáticos que hoy

Peuser, el hombre de las postales

Uno de los grandes impulsores en el éxito de postales fue el imprentero Jacobo Peuser (1843-1901), quien incursionó con éxito en la edición de tarjetas mostrando edificios públicos, avenidas, teatros, estaciones ferroviarias, parques y jardines: la vida y esencia de la ciudad plasmada como testimonio gráfico de las distintas épocas. Para ello compraba las imágenes que tomaban los más importantes fotógrafos de la ciudad y, para su mejor identificación, las series eran numeradas, de manera de facilitar los pedidos a los comerciantes.

conforman un verdadero legado histórico que estudiosos y coleccionistas rastrean por todo el planeta. Se trata de las tarjetas postales, cuyos primeros modelos comenzaron a circular en las últimas décadas del siglo XIX, aunque con modestas ilustraciones que no pasaban del sello impreso y una orla.

Con la mejora de los métodos de impresión, en la última década del siglo XIX, se consolidaron las verdaderas tarjetas postales ilustradas, impresas y editadas por la industria privada con gran calidad. La Unión Postal Universal reguló su formato, sugiriendo que sus dimensiones fuesen de 9 x 14 centímetros, llevando en el anverso una fotografía, en algunos casos coloreadas a mano. La costumbre de intercambiar postales se hizo moda entonces porque, además, su costo de envío era la mitad que el de una carta normal. Desde 1906, el reverso suele encontrarse dividido en dos mitades: la izquierda para el mensaje y la derecha para el sello y la dirección del destinatario.

La principal diferencia con respecto a una carta convencional es que la postal no utiliza sobre; es así que su contenido puede ser leído con facilidad.

En Argentina fueron vistas por las empresas como medios ideales para enviar propaganda. A fines de 1890 los correos aceptaron a particulares entrar en el negocio y los “cartoncitos” invadieron el mundo a millones con retratos y fotografías, baratos, versátiles y vistosos. A partir del avance de internet, pueden verse en distintos portales cómo el mercado de venta de estas postales antiguas da cuenta de su desarrollo a principios del siglo XX. Que nuestro país fuera cuna de inmigrantes hizo que desde aquí se enviaran postales a cientos de países que hoy las ponen en venta.

Lo que sigue es una colección reducida de postales de Bahía Blanca, las cuales, además, dan cuenta de los edificios, paisajes urbanos y elementos que eran considerados los más representativos de la ciudad.

El Palacio Comunal. Uno de los edificios más repetidos en las postales, un símbolo de la ciudad que pisaba el siglo XX con la voluntad de manifestar su crecimiento a partir de una arquitectura que con su torre se plantaba frente a la plaza principal. Fue construido entre 1904 y 1909, según el proyecto del estudio platense de Ceferino Corti y Emilio Coutaret, ganadores del concurso nacional organizado por la municipalidad bahiense. La postal data de 1914, permite advertir la modesta presencia vehicular en las calles y la ausencia del vecino edificio del ex banco de la provincia de Buenos Aires, inaugurado en 1919.


La Estación Bahía Blanca del Ferrocarril del Sud. Se habilitó en 1911, en reemplazo del primer edificio construido en 1883, al cual se consideró inadecuado para la importancia y el movimiento que iba teniendo la ciudad. Su frente ecléctico, con rasgos de la arquitectura francesa, recorrido por una marquesina de hierro y vidrio dan cuenta de este modelo edilicio propio del siglo XIX, donde convivían la propuesta historicista que desarrollaba los arquitectos y el uso de los materiales propios de la revolución industrial en mano de los ingenieros. En primer plano, a la izquierda, la línea 3 del tranvía eléctrico, servicio de transporte de pasajeros que funcionó entre 1910 y 1938.

La sede propia del Banco de Londres y Río de La Plata. Las sedes bancarias fueron las primeras en manifestar, a través de su arquitectura, como estas entidades veían en la ciudad un potencial que se sostenía en su calidad ferroportuaria. La sucursal propia del Banco de Londres y Río de la Plata se ubicó en Chiclana y Alsina, con un diseño propio del renacimiento italiano, organizado en dos plantas. Fue habilitado en 1902 y funcionó como entidad bancaria hasta 1980, en que fue reconvertido para alojar locales comerciales.

La Plaza Central. Trazada junto con el fuerte fundacional, en 1828, la plaza Rivadavia fue diseñada como tal en 1905, por el arquitecto paisajista August Flamant, contratado con ese fin por la intendencia. La postal permite advertir la tranquilidad del paseo, sus típicos bancos de plaza, el centro ocupado por una glorieta donde, cada tarde, concurrían las orquestas del ejército o el municipio para animar las concurridas retretas. Al fondo se recorta el palacio comunal, sin ningún edificio que le quite protagonismo.

La avenida del fuerte. En la primera década del siglo XX la avenida Colón dividió en dos el fuerte fundacional y se extendía hasta el mar. Frente a la plaza Rivadavia se armó un valioso portal edilicio con las sedes del Banco Español del Río de La Plata (izquierda, actual Bolsa de Comercio) y del Banco de la Nación Argentina (derecha, actual Aduana Nacional). Poca gente en las calles, un carruaje doblando, la ausencia del automóvil. Una bahía del silencio y la tranquilidad.

Una esquina de riesgo. Difícil de adivinar en esta postal la que hoy es una de las esquinas más transitadas de la ciudad: O’Higgins y Brown. Muy poco queda de esta geografía urbana de la segunda década del siglo XX. A la derecha el palacete de la compañía de seguros Bahía Blanca, demolido en 1937 para dar lugar a la sucursal propia de las grandes tiendas Gath y Chaves. A la derecha la zapatería Adot, donde hoy se ubica el edificio Taberner. Al fondo, a la derecha, se advierte la pequeña cúpula de la denominada Casa del Ángel (elemento hoy desaparecido), una obra del arquitecto Joaquín Saurí resuelta en estilo art nouveau.

Vista desde Alsina. Un solitario bahiense caminando por el medio de la calle da cuenta de lo tranquilo del tráfico de aquella época. Se trata de la calle Alsina, a la altura de la plaza Rivadavia, con vista hacia la primera cuadra de calle O’Higgins, convertida ya en la más importante oferta comercial local. A la derecha, sobre Chiclana, el edificio de la Cooperativa Muñiz, Hotel y escritorios. A la derecha se suman tres remates con sus pequeños mástiles. Son los palacetes de New London (demolido), Galerías Peuser y ex Hotel Royal (demolido). Los autos descubiertos, a la derecha, dan cuenta para los entendidos del año posible de esta toma.

La estatua del general José de San Martín en el parque de Mayo, la primera obra en su tipo de nuestra ciudad. Fue adquirida por suscripción popular y colocada en el paseo para los festejos del 25 de mayo de 1910. Su pedestal fue diseñado por el arquitecto Gregorio Salamandekov y a pesar de haberse señalado su carácter provisorio el mismo se mantiene hasta nuestros días. La ubicación en el parque fue cuestionada por muchos bahienses, que la consideraban entonces inconveniente por su lejanía del centro.

El “castillito” de la avenida Alem. En 1910 el arquitecto Joaquín Saurí diseñó un atractivo castillo del tipo “adornado”, en la quinta de la familia Muñoz, en la avenida Alem. Por entonces, la calle era un lugar de quintas, ubicada en la parte de atrás de la ciudad y muy poco transitada. Recién ese año, con el auge del parque de Mayo, la gente comenzó a reconocerla como un paseo relevante. La obra, hoy ocupada por una heladería, sobrevivió al paso del tiempo.

El Palacete Pagano. Vivienda-estudio del empresario Nicolás Pagano, uno de los principales constructores de la ciudad de principios de siglo. El palacio municipal y el club Argentino (avenida Colón y Vicente López) son algunos de sus trabajos más destacados. La vivienda se ubicaba en Alsina al 300 y prestigiaba esa calle. Fue demolida en la década del ‘90, aunque ya había sido afectada por la habilitación en el lugar de una confitería bailable.

Un “hotel de primera”. En la esquina de la avenida Colón y Brown se inauguró, en 1909, el monumental edificio construido por la compañía de seguros La Previsora, según un proyecto del arquitecto Alberto Coni Molina y la mano de obra de la empresa de Nicolás Pagano. Allí funcionó el Hotel Sudamericano –considerado en su momento el más lujoso de Sudamérica–, luego el Atlántico y el Ocean. Hoy el inmueble, patrimonio arquitectónico de la ciudad, se encuentra desocupado.

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