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Personas frente a edificios. Así ha planteado el decorador francés Philippe Starck (61) su intervención en la Alhóndiga de Bilbao, un antiguo almacén de vinos y aceites de la ciudad erigido en 1909 y que desde hace al menos tres décadas ocupó una manzana muerta. El almacén recuperado anuncia una nueva época, pensado para el disfrute de los bilbaínos. La obra tiende un puente entre el civismo de la plaza pública romana y el espacio para animar un ocio no comercial en el siglo XXI.
Exposiciones, piscinas con luz natural, solarium de 3.000 metros cuadrados, cines de arte y ensayo, mediateca, restaurantes, un enorme gimnasio y una tienda de recuerdos ocupan el interior del antiguo almacén.
Declarado bien de interés cultural en 1999, la Alhóndiga resultaba intocable. El desafío era ¿a quién encargar la reforma de 43.000 metros cuadrados por 75 millones de euros? Al mejor interiorista del mundo. Se vació el fortín y se instalaron dentro tres cubos de ladrillo agujereados por arcadas y soportados por columnas que imprimen al conjunto un aire metafísico.
En la planta baja, el movimiento del agua en la piscina de la cubierta, y el vaivén de los bañistas decora parte del techo. Para compensar la falta de luz, un bosque de 43 columnas, firmadas por el escenógrafo Lorenzo Balardi, ofrece entretenimiento. El juego resume un recorrido por la historia del arte y los países del mundo a través de sus columnas: de la dórica a la pop, todas en versión posmoderna. La diversidad, la búsqueda del crecimiento y la idea del disfrute son aquí más importantes que la arquitectura.
“Este espacio representa un viaje por el túnel del tiempo. En realidad no lo he diseñado, ni siquiera rediseñado. El diseño lo da la vida, su uso, que ayude a la gente a vivir mejor”, dice Starck.
“Es un lugar que me toca el corazón y que antes de que se abra ya es un éxito porque todo el mundo habla de la Alhóndiga”, agregó el diseñador de enclaves tan exclusivos como el hotel Paramont de Nueva York o el Starck Club de Dallas.
Como puede verse, los edificios “viejos”, industriales, “abandonados a su suerte”, pueden ser reconvertidos en centros de uso y atracción. Con dinero, claro está, pero también con inventiva, claridad y creatividad.
EDIFICIOS
QUE SE RENUEVAN


:::   N O T I C I A S   &   N O V E D A D E S   :::
EDICIÓN Nº 188 - JUNIO 2010
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