TEATRO AZUL: EL ESCENARIO PARA JEAN NOUVEL
Desde hace al menos una década, las salas destinadas a museos y teatros se han convertido en verdaderos protagonistas de la arquitectura, ingeniería y diseño. Ahora fue el turno de la Ópera de Copenhague, diseñada por el arquitecto francés Juan Nouvel, con una inversión de 226 millones de Euros.
Luego de varios años de trabajos, discusiones, correcciones y dudas, finalmente la Orquesta Nacional Danesa habilitó la sala principal interpretando el crescendo sinfónico de Ravel.
El costo del edificio duplicó los cálculos iniciales, aunque el arquitecto francés se manifestó ajeno a esa situación. "No soy un político, sino un arquitecto orgulloso de un auditorio con una marcada singularidad. Tanto por los materiales utilizados en su construcción como por la idea del movimiento y del contraste, donde lo efímero convive con lo perenne", explicó.
En la obra el color de la madera se confunde con el de la piedra caliza, mientras las paredes ocres aparecen arañadas y agrietadas. Nouvel aspira a que su auditorio, envuelto en una caja de cristal recubierta de telones azules, establezca el rumbo urbanístico en una zona de la ciudad donde todavía no se han desarrollado viviendas.
"Es un riesgo grande construir en un barrio que todavía se está formando", señala Nouvel. "Pero el misterio es la ley de la seducción y de la atracción. Yo he preferido dar el primer paso, revalorizar el contexto, afirmar una presencia, una identidad".
La caja de música se reconoce desde varios kilómetros, sobre todo porque el auditorio tiene el color del cielo antes del crepúsculo. Los paneles azules que recubren la fachada y las paredes también funcionan como un croma televisivo en el cual pueden proyectarse imágenes. Incluso es posible asistir al concierto desde la calle, toda vez que el sistema de cámaras y sonido transmite en la superficie del edificio cuanto ocurre en el interior.
El edificio comprende cuatro estudios de grabación, un restaurante y la gran sala sinfónica donde caben 1.800 espectadores.
"La arquitectura es un ejercicio de consenso, aún cuando se tiene la responsabilidad de crear un instrumento musical, como lo es un auditorio. Podría pensarse que me limita tener que respetar ciertas leyes de la acústica, pero ocurre lo contrario. Es un estímulo. Porque las leyes de la acústica son, al cabo, las mismas que las de la óptica", añadió.
Los asistentes a la primera función tocaban las paredes interiores del auditorio, recubiertas de surcos, como si representara un lenguaje por decodificar, envueltas en una película de plástico.
"Me atraen los espacios culturales porque creo que simbolizan la personalidad y la inquietud de las ciudades", agregó.