Agosto 2020 - Año XXX
Al borde de la línea

Bahía Blanca: la ciudad de los cercos

No se recuerda qué necesidad u orden o deseo impulsó a los fundadores de Zenobia a dar esta forma a su ciudad, y por eso no se sabe si quedaron satisfechos con la ciudad tal como hoy la vemos, crecida quizá por superposiciones sucesivas del primero y ya indescifrable diseño”. Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles.

Cuando uno llega a Bahía Blanca espera encontrar una ciudad de edificios que cuenta una historia diversa y colorida, la de un lugar que comenzó su historia en medio del desierto y se fue poblando poco a poco con empresas y comerciantes de distintas nacionalidades”.

Podría ser esta una de las muchas maneras de imaginarse a esta urbe del sur bonaerense, fundada en 1828 y camino a cumplir sus dos siglos de existencia, con la singular condición de haber nacido entre océano y pampa, según reza su himno.

Una manera de leer la historia de la ciudad es a partir de su arquitectura, ese arte público e inevitable, esa escritura en piedra que se presenta en estratos, reflejo de distintos momentos artísticos, sociales, económicos y políticos. Una huella que se puede seguir e interpretar, que hace el paisaje artificial, generado por las distintas generaciones que fueron ocupando este espacio.

Ese libro cuyas hojas son el fondo escenográfico del espacio público no se ha mantenido intacto en el tiempo. No es su suerte por estas tierras. Las ciudades crecen y cambian. Ensayan nuevas respuestas a nuevas necesidades. La complejidad de esa evolución ha derivado en que muchas han resultado afectadas de manera severa en su patrimonio arquitectónico, entendido éste como los bienes que por su valor artístico, cultural o histórico hacen a la memoria y a la identidad de esa ciudad, los cuales van quedando abandonados a su suerte hasta convertirse en ruina, o son demolidos para dejar paso a nuevas obras, o son reconvertidos resignando toda aspiración a ser debidamente considerados. Un ejemplo de las consecuencias que genera la falta de políticas adecuadas para el cuidado de edificios emblemáticos es la situación que atraviesan varios edificios relevantes de Bahía Blanca, que por falta de mantenimiento, abandono y desidia parecen condenados al peor de los destinos.

Como muestra de ese presente aparecieron en varios de estos edificios los “cercos preventivos”, que los encierran, envuelven y esconden. Que poco a poco se van extendiendo para resguardo y seguridad. No anticipan obras de reparación, recuperación o puesta en valor. Son un manifiesto del mal estado de esos bienes, se encargan de alejar a los caminantes de sus frentes antes la inevitable caída de revoques, mampostería, ornamentos o elementos. La ciudad comienza a estar cercada, cada día un poco más.

Los vallados

  • Hotel Sudamericano, avenida Colón y Brown, 1909. Bien patrimonial de la ciudad.
  • Escuela Nº 2, Vieytes 51, 1926-1929. Declarado patrimonio arquitectónico municipal. Monumento histórico provincial.
  • Club Argentino, avenida Colón y Vicente López, 1910. Bien patrimonial municipal. Monumento Histórico Nacional.
  • Aduana nacional, avenida Colón y Estomba, 1904. Bien Patrimonial Municipal.
  • Correo Argentino, Moreno y Vicente López, 1921-26. Bien patrimonial municipal. Monumento Histórico Nacional.

El palacio mágico

En 1909 se inauguró en la esquina de avenida Colón y Brown un majestuoso edificio, construido por la compañía de seguros La Previsora para ser utilizado como hotel. Diseñado por el arquitecto Alberto Coni Molina el lugar fue ocupado por una cadena hotelera que lo bautizó Sudamericano y lo equipó con tamaña suntuosidad que un diario local lo mencionó como “un palacio mágico”. El edificio de tres plantas se impone con su frente de casi 50 metros sobre Brown, en un diseño historicista, del cual se destacan las pilastras de los pisos superiores, con sus aires clásicos, y la jerarquización de los accesos con atractivas marquesinas de hierro y vidrio. El lugar dejó de funcionar como hotel a fines de la década de 1970, ya inadecuado para ese tipo de prestación. Se reconvirtió durante un tiempo en exitoso centro comercial hasta que hace 20 años quedó sin uso. Desde entonces es una suerte de elefante blanco, sin interesados en su alquiler o compra, con la completa desatención de sus propietarios. Sus revoques se van desprendiendo, el agua y el óxido hacen estragos en sus molduras y ornamentos, las palomas se han hecho dueñas de sus partes. En julio de este año, y ante la falta de respuesta por parte de sus propietarios, la municipalidad decidió cercarlo con vallas metálicas, provisorias y precarias para que nadie camine cerca de sus fachadas. Una actitud preventiva que nada tiene que ver con el calamitoso estado del bien.

En el caso de esta esquina, en 2017 se presentó al Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de Bahía Blanca, con la firma el ingeniero Ricardo Trobiani Rognoni, una propuesta del proyecto denominado Hobama, que consiste en una torre de 22 pisos que emerge del histórico edificio, retirada de sus líneas municipales para preservar el zócalo arquitectónico patrimonial, al que se le asignaría un uso de centro comercial y oficinas, recuperando el exterior en su totalidad.

El proyecto plantea un hotel-boutique, de 18 pisos, con 40 suites de un dormitorio y 10 de dos. Se ubicarían, además, tres niveles de estacionamiento y tres destinados a espacios de uso común, con pileta de natación, solarium, gimnasio y salas de entretenimiento, entre otros.

Trobiani cuenta con el visto bueno del propietario del inmueble para gestionar este proyecto -se estima que la inversión rondaría los 40 millones de dólares, con un plazo de ejecución de 2 años- y actualmente la propuesta se encuentra desde hace 3 años en el Concejo Deliberante esperando su tratamiento.

La Aduana, el primero de todos

En 1904 el banco de la Nación Argentina entendió que Bahía Blanca comenzaba a ser una ciudad conveniente para tener una sucursal propia acorde a su importancia.

El terreno elegido fue el de avenida Colón y Estomba, corazón del centro bahiense, esquina de la manzana propiedad del estado nacional, dentro de la manzana fundacional.

El diseño del edificio quedó a cargo de Alejandro Christophersen, figura central de la arquitectura ecléctica en la Argentina, fundador de la Sociedad Central de Arquitectos.

La resolución de la esquina con una curvatura convexa fue un aporte distintivo para la primera obra de relevancia que tuvo el centro. El banco se mudó en 1921 a un edificio más amplio y el lugar fue ocupado por la Aduana Nacional.

En 2019 la AFIP, titular del bien, decidió montar en su perímetro una estructura formada por andamios estructurales y lo cubrió con una tela tipo media sombra, color verde. Otro embuste: no hay obra de reparación a la vista, ni en carpeta ni en los planes. Se lo cubrió por su dudoso estado, se lo ocultó como única respuesta a esa realidad.

La Escuela Nº 2, el templo del saber

Hace dos años, fines de 2018, una estructura de tubos comenzó a rodear al magnífico edificio de la Escuela Nº 2, construido entre 1926 y 1929 cuyo frente corre por toda la primera cuadra de calle Vieytes, entre avenida Colón y Moreno.

De líneas clásicas, un su pórtico griego simple de asociar con el saber se impone en su frente. Se la llamó Escuela Centenario hasta la década de 1940, cuando se la rebautizó Gobernador Valentín Vergara.

La inesperada estructura fue luego revestida con chapas y así el magnífico edificio quedó escondido detrás de un cerco que sólo pretende alejar a la gente de una fachada que ya no puede garantizar su firmeza.

Ese vallado se ha convertido, además, a pesar de ser un acto prohibido por ley, en un mega escaparate publicitario, un mamarracho, un atentado al buen gusto.

No hay en los planes, recursos o expectativas que permitan pensar en una puesta en valor del lugar. No hay horizonte para recuperar esta maravilla hoy oculta o, lo que es peor, cada día más visible pero por otras razones.

“Destacar bienes como el edificio de la Escuela Nro. 2 es una acción que jerarquiza a los habitantes y a la ciudad de Bahía Blanca, fomentando en las generaciones más jóvenes el interés por preservar el patrimonio cultural que es también común”, señala el decreto que declaró al edificio como Monumento Histórico provincial.

El correo argentino

Inaugurado en 1926, el Palacio de Correos ubicado en la primera cuadra de calle Moreno presenta dos puertas de acceso, sobre las cuales se ubica un frontis desbordado de molduras y un remate cargado de ornamentos.

Este año se verificaron varias caídas de revoque y de mampostería, por lo cual la empresa decidió colocar un conjunto de vallas y cintas plásticas para alejar a los caminantes.

Con la pandemia el correo cerró sus puertas y alguien quitó las vallas con lo cual el riesgo de un desprendimiento no tiene un alerta. Cuando regrese la normalidad seguramente volverán esas vallas, que poco a poco irán cubriendo toda la obra, esperando en vano alguna carta de salvación.

El Club Argentino

Se trata de una de las obras más destacadas de la ciudad, de estilo academicista francés en todo su esplendor, cuyo diseño corresponde a Alberto Coni Molina y mano de obra de N. y G. Pagano. Se comenzó a construir en 1910, en la avenida Colón y Vicente López, para cobijar a un centro social como no había en el país, financiado por socios y allegados a esa institución creada en 1906.

Más allá de algunos arreglos del frente concretados este año, el riesgo que significa la caída de revoques, molduras y pizarras sigue presente. Por eso se colocaron vallas en parte del frente, sobre la avenida, vecinas a la entrada principal. El lugar por donde pasaron presidentes, embajadores y artistas es hoy un lugar que no conviene transitar.

Final

La ciudad, sus edificios, sus calles, sus plazas, sus monumentos. Todos hablan de sus ciudadanos, de sus gobernantes, de sus usuarios. Cuando sus edificios empiezan a caer y nadie pareciera prestar atención, cuando se camina entre cercos y velos, cuando el paisaje urbano artístico de-saparece y lo reemplazan chapas, vallas y afiches, hay algo muy triste que asumir. Es una ciudad que cruje sin quejas, que se despedaza sin pena, que agoniza sin remedio.


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