Noviembre - Diciembre 2019 - Año XXVII
Al borde de la línea

El valioso legado de Marcel Breuer: un parador frente al mar espera un milagro

por Ing. Mario R. Minervino

El Parador Ariston, un singular edificio de formas curvas, olvidado en la ciudad balnearia, podría ser recuperado, luego de que su propietario encargara un estudio a dos especialistas para conocer el estado de la estructura y evaluar una posible recuperación integral.

Mar del Plata tiene la Casa del Puente, la obra de Amancio Williams a la que se recurre cuando se ilustra el Movimiento Moderno en nuestro país. Es un ícono, el modelo para explicar algunos de los postulados de esa arquitectura. Pero esa obra no está sola en la ciudad atlántica. Por el contrario: olvidada, vandalizada y cerca de convertirse en ruina existe otro inmueble que se le puede poner a la par, e incluso ganar la pulseada, como un trabajo de relevancia dentro de este movimiento. Se trata del que fuera el Parador Ariston, un singular edificio de formas curvas, organizado en dos plantas, entre placas de hormigón y fachadas vidriadas. Una obra relevante por su diseño y por su autor. Nos referimos a un trabajo de Marcel Breuer, uno de los maestros de la arquitectura moderna, socio circunstancial de Walter Gropius, colaborador ocasional de Le Corbusier, maestro de la Bauhaus, un grande entre grandes.

Primero, una silla

Breuer es famoso por el diseño de sillas. Siendo estudiante de la escuela alemana Bauhaus, en la década de 1920, se dedicó al diseño de muebles como aprendiz del taller de mobiliario. La escuela buscaba una manera de manifestarse frente a la vida moderna y para eso había que pensar también en el equipamiento de una vivienda, prescindiendo de diseños del pasado y a partir de formas y materiales propios de la época.

Marcel Breuer recurrió al acero cromado para desarrollar la que es una de las sillas más famosas del mundo: "Le fauteuil accuse!" (la silla con reposa brazos), según diría el arquitecto Le Corbusier.

Se trata de la silla Wassily, así llamada en homenaje al pintor Wassily Kandinsky, amigo y compañero de estudios de Breuer.

El autor se inspiró en el chásis de las bicicletas para el diseño y terminó la estructura con un asiento de tela. Su diseño fue un éxito por su ligereza inusual y su facilidad de ensamblaje. Además, era un material económico, higiénico y que ofrecía confort. Al sillón Wassily le siguieron el taburete Bauhaus y la silla Cesca (1928), que incorporó la rejilla en el asiento y el respaldo.

Consiguió otra obra maestra con la traducción verbal de la tumbona de aluminio en madera contrachapada, marcando así el inicio de una intensa actividad con este material.

Breuer jamás patentó sus creaciones. En la actualidad, el fabricante de estas sillas es Knoll.

En 1935 trabajó en la productora de muebles Isokon, donde comienza a utilizar tableros contrachapados. Estas obras se convierten en hitos del diseño, una línea compuesta por diferentes piezas: chaise longue, butaca, sillas y mesa.

Se involucró también en el diseño de interiores, participando en la decoración de las casas de los maestros de Walter Gropius en Dessau y la decoración de la vivienda de Erwin Piscator en Berlín.

Breuer abandonó la Bauhaus en 1928, coincidiendo con la dimisión de Gropius como director, y se estableció en Berlín, como arquitecto. Allí se centró en proyectar interiores de departamentos, muebles y exposiciones. En 1932 realizó su primer proyecto arquitectónico con la casa Harnischmacher en Wiesbaden, una vivienda modular construida en hormigón.

Con la llegada del partido Nazi al poder alemán la historia cambió. Cerró la Bauhaus y Breuer se exilió en Suiza, pasó por Inglaterra para finalmente, junto con Gropius y Mies van de Rohe, llegar a los Estados Unidos. A pesar de no tener título académico y pese a su enorme fama como diseñador de muebles, su gusto y su talento por la arquitectura terminó por definir su futuro.

Comparte el estudio con Gropius hasta 1941 y juntos marcan uno de los caminos de la arquitectura moderna. En 1946 se establece en Nueva York y realiza su primer proyecto, la Casa Geller en Long Island, una estructura de madera calificada en la época como “la casa del futuro”.

En 1948, el MOMA de Nueva York organiza una exposición sobre la obra de Breuer y el arquitecto desarrolla dos tipos de construcciones: las casas rectangulares y las bi nucleares. En las primeras, un rectángulo en cuyos extremos se ubican la sala de estar y los dormitorios, y entre ellos la cocina, los servicios y la escalera. Son construcciones económicas y fácilmente ampliables.

En esta línea encontramos una prefabricada en madera, proyecto que se basaba en la economía y el mínimo gasto de materiales. El montaje se llevaba a cabo mediante un libro de instrucciones.

En las bi nucleares se aprecia la relación entre los espacios íntimos y la naturaleza. Incorpora nuevos materiales, como es el caso de la piedra y el ladrillo.

En 1953, recibe el encargo de construir la sede de la UNESCO en París, junto al ingeniero Pier Luigi Nervi y el arquitecto francés Bernard Zehrfuss. Con este edificio inicia su relación con el hormigón, generando obras monumentales a las que denomina “esculturas”, dentro del brutalismo.

Utilizaba las posibilidades constructivas del cemento para sus creaciones de espacio de una forma virtuosa, como en la Abadía de St. John (1953, Minnesota) y la Iglesia de San Francisco de Sales (1964, Michigan).

Cuando se retiró de la profesión, en 1976, era un verdadero mito. Falleció cuatro años después, a los 79 años de edad.

Otros Ariston en el mundo

Si bien sus autores niegan haber copiado la idea de Breuer, existen al menos dos obras, posteriores, que son un calco del Ariston marplatense.

La primera es el restaurante que integra el Centenary Pool Complex, en Queensland, Australia, diseñada por el arquitecto James Birrell en 1959. El edificio aloja un restaurante y su inclusión en el complejo fue innovador porque elevó su estado por encima de una mera instalación deportiva. Esa obra es por demás similar a Ariston, construida más de diez años después del de Breuer. Una diferencia es su estructura, que es de acero, resuelta por los constructores navales de Brisbane.

La segunda obra similar es otro restaurante que formaba parte de una estación de servicio en Valencia, sobre la vera de una ruta. Su nombre es El Rebollet, que sigue funcionando como tal aunque el restaurante fue demolido. La obra repite las formas curvas del Ariston, aunque fue construida en 1962 según un proyecto del arquitecto Juan de Haro.

En este caso maravillan los paraboloides hiperbólicos de la estación y sus setas de hormigón, tipo hongos. Las curvas del edificio terminaban de armar un grupo de edificios a cual más atractivo.

El Parador Ariston: su paso por Mar del Plata

En agosto de 1947 Breuer llega a Buenos Aires, invitado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo para dictar un curso de dos meses. Allí conoce a los arquitectos Carlos Coire y Eduardo Catalano, quienes lo animan a aceptar un particular encargo para un emprendimiento urbano en Playa Serena, cerca del faro de Punta Mogotes, en Mar del Plata. En el camino a Miramar le piden a Breuer un edificio que, pretenden, se convierta en referente del lugar, por entonces completamente despoblado, “un lugar íntimo, para la reunión social, la danza, el té y cocktails, alejado del centro”.

La respuesta fue un edificio de dos plantas, con dos losas de hormigón de poco espesor y una particular forma curva en todo su perímetro. Un trébol de cuatro hojas, visto en planta, soportado por un interesante juego de pórticos y vigas.

En la planta baja se ubicaban el hall, guardarropa, toiletes, dependencias de servicios, alojamiento para el personal y depósito. La planta alta serviría para el salón, el bar y la pista de baile.

Toda la fachada era vidriada, con vidrios opacos protegiendo el edificio en sus orientaciones más desfavorables y colocando cortinas de colores primarios (la influencia del Stijl) bordeando los otros lados, para controlar los efectos del sol.

La estructura de hormigón estaba constituida por cuatro pórticos. La losa superior quedaba invertida a fin de lograr una superficie continua como cielorraso. Sobre ésta se colocaron losetas de lava volcánica, apoyadas sobre pequeños pilares, para la aislación térmica.

Con el parador Ariston, Breuer dejó una obra de arte de la que hoy sólo quedan ruinas. Abandonada hace más de 30 años, aparece como una figura fantasmal y perdida, que a pesar de tan desalentador presente sigue figurando en los libros de historia de la arquitectura como el trabajo relevante de un referente del movimiento moderno.

Una luz en el camino

Si bien no es la primera vez que se menciona la voluntad de recuperar el Ariston, por estos días un nuevo anuncio despertó entusiasmo. Su propietario encargó un estudio a dos especialistas para conocer el estado de la estructura y evaluar una posible recuperación integral.

“Los materiales están en óptimo estado, por lo que es factible reconstruir la propiedad”, indicó el informe. “Hay que hacer reparaciones en los techos, donde se producen filtraciones, pero las columnas están en buen estado porque está bien diseñado y construido”.

Para su recuperación se han involucrados algunos organismos internacionales, la municipalidad de General Pueyrredón y algunas universidades.

De concretarse, sería un logro desde lo cultural, un punto de atracción turístico y una manifestación de respeto y consideración para una obra de arte que, a esta altura, resulta inconcebible que se encuentre en semejante estado.


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