Noviembre - Diciembre 2019 - Año XXVII
Trabajo y productividad

Nudge, un pequeño empujón

“Nudge” significa -en inglés- “dar un ligero golpe con el codo”. Se trata de un fenómeno que ya tiene oficinas públicas para perfeccionarlo en distintos lugares del mundo, entre ellos Inglaterra, Francia y Dinamarca, y que en la Argentina está dando sus primeros pasos concretos.

Hasta mediados del siglo pasado, las ciencias sociales trabajaban con un modelo que reconocía a las personas como sujetos que tienden a actuar racionalmente, con un conocimiento completo de las circunstancias y del propio interés. Es decir, que prefieren siempre las opciones más beneficiosas en detrimento de las que los perjudican.

Sin embargo, promediando los ‘90, Richard Thaler -ganador del Premio Nobel de Ciencias Económicas en 2017 por sus aportes a la Economía del Comportamiento- comenzó a cuestionar esta opinión, escribiendo sobre anomalías en el proceder de las personas que no podían explicarse mediante la teoría económica estándar.

En la actualidad, esta visión cambió y hoy se acepta ampliamente que nuestra mente suele incurrir en errores sistemáticos, fallos lógicos y sesgos cognitivos, y que muchas veces nos dejamos guiar por la confianza en nuestras impresiones, sentimientos, creencias y preferencias, aunque no siempre esté justificada.

Estos atajos mentales, que nos ayudan a tomar decisiones rápidas y sin mucho esfuerzo dentro de la complejidad del mundo en que vivimos, también nos pueden llevar a distorsiones y conclusiones irracionales. Hoy en día, los científicos sociales han identificado muchos sesgos cognitivos que influyen en nuestro pensamiento cotidiano.

Gracias a su trabajo, Thaler es considerado junto
a Daniel Kahneman y Amos Tversky como uno de los padres de la Economía del Comportamiento –un campo relativamente nuevo que combina conceptos de psicología, de la teoría de decisiones y de la economía– a partir de la cual se ha comenzado a gestar una comprensión más realista del comportamiento humano.

Entre sus muchos logros Thaler contribuyó, junto con Cass Sunstein, a la creación del concepto de Nudge, cuyo objetivo consiste en tratar de mejorar las decisiones y el comportamiento de las personas haciendo cambios sutiles en el contexto en el que deciden.

¿Qué es nudge?

Los descubrimientos de las ciencias sociales ponen en evidencia que -en muchos casos- tomamos malas decisiones. En un mundo complejo en el que no podemos pensar detenidamente en cada elección que hacemos, solemos adoptar formas de pensamiento rápido que a veces nos descaminan.

Para ayudarnos a superar estas limitaciones, Thaler propone la “teoría del empujón” (Nudge, en inglés). Se trata de pequeñas intervenciones cuyas áreas de aplicación son múltiples, que buscan modificar el comportamiento de las personas de una manera predecible sin eliminar ninguna alternativa, simplemente cambiando la forma de presentar las posibles opciones al momento de tomar una decisión.

Nudge no tiene una traducción literal en español, pero podemos decir que significa empujar amablemente o tocar con suavidad las costillas, especialmente con el codo, para alertar, recordar o advertir algo sutilmente a otro.

La idea detrás de Nudge es que existen muchas maneras de presentar una opción al tomador de decisiones. De acuerdo con Thaler y Sunstein, la mayor parte de la gente elige automáticamente la opción predeterminada, por lo que la estrategia consiste en cambiar la forma de presentar la elección a fin de influir en el comportamiento de las personas, pero sin carácter obligatorio.

Se trata de iniciativas voluntarias que intentan mover a la gente en direcciones que mejorarán sus vidas. Los Nudges no deben eliminar las opciones alternativas y deben ser fáciles de evitar o cancelar. Los beneficios parecen ser muy grandes y el costo es muy pequeño.

En “Un pequeño empujón”, considerado ya un clásico y uno de los mejores libros sobre economía y política de las últimas décadas, Cass R. Sunstein y Richard H. Thaler -premio Nobel de Economía 2017- observan cómo nuestras percepciones y decisiones dependen del modo en que se organizan ante nosotros las diferentes opciones. Gobiernos y empresas, pero también padres, profesores y médicos, se convierten así en una especie de “arquitectos de la elección”.

A través de leves impulsos, conscientes, a menudo invisibles y cuyo coste económico y político es irrisorio, las personas e instituciones públicas o privadas pueden incentivar, sin mermar la libertad de elección de los ciudadanos, y obtener así grandes logros en relación con la sanidad pública, las finanzas o la lucha contra la desigualdad. Se trata de un libro esencial para quienes formulan nuestras políticas públicas, pero cuya aplicabilidad en nuestras vidas cotidianas es sorprendente y maravillosamente eficaz.

Nudging en la oficina

Lograr que las personas tomen mejores decisiones es una idea seductora que está ganando terreno tanto en iniciativas de gobierno como entre las empresas privadas. Desde la capacitación de los colaboradores hasta la promoción de comportamientos más saludables en el lugar de trabajo, un cuidadoso diseño de la forma en que se toman las decisiones puede tener un gran impacto, tanto para los empleados como para las organizaciones, mejorando la experiencia laboral.

Dado que el espacio no es neutral e influye sobre el comportamiento, es posible orientar la disposición de los usuarios adoptando algunas pautas de diseño que tendrán efectos beneficiosos e influencias sutiles sobre cómo interactúan con el edificio y entre ellos.

Thaler y Sunstein aseguran que una buena regla general es suponer que “todo importa”. En muchos casos, el poder de los pequeños detalles proviene de centrar la atención de los usuarios en una dirección particular. Aplicar el concepto de Nudge en el lugar de trabajo puede resultar muy útil como catalizador para el cambio social y el comportamiento funcional en
las organizaciones.

Pequeños cambios en el entorno físico pueden tener un efecto significativo en el comportamiento, alentando aquellas opciones que son compatibles con las necesidades de las personas y los objetivos de la organización.

He aquí diferentes formas de implementar el concepto de Nudge en el lugar de trabajo:

  • Ayudar a los trabajadores a elegir opciones que fomentan los buenos hábitos alimenticios en cafeterías y/o máquinas expendedoras, ofreciendo un acceso más fácil a los alimentos saludables tales como frutas y verduras frescas.
  • Ofrecer áreas específicas que inviten al relax y la reflexión, permitiendo así que cada uno encuentre su ritmo natural y reponga la energía mental, emocional y física para evitar el agotamiento.
  • Disponer mesas altas para estar de pie en lugares estratégicos alienta las reuniones espontáneas. Las reuniones de pie reducen el tiempo de reunión en un 25%, sin influir en la calidad de las decisiones.
  • Brindar espacios accesibles que faciliten los encuentros informales favorece la comunicación, el intercambio de conocimientos y la creatividad. Los espacios de interacción ubicados en lugares clave hará que los trabajadores reduzcan la velocidad en medio de la jornada laboral mientras construyen redes sociales.
  • Ubicar los recursos compartidos tales como archivos, fotocopiadoras, etc. en un área común puede incitar a las personas a moverse más y a reforzar las redes sociales con interacciones informales.
  • Analizar estratégicamente la localización y el diseño de las escaleras ayuda a incrementar su uso en detrimento del ascensor. Ésto mejorará los niveles de actividad física y de interacción social. Sin embargo, los ascensores deben ubicarse en lugares convenientes, aunque menos prominentes, para preservar la facilidad de acceso a las personas con problemas
    de movilidad.
  • Las vistas al exterior invitan a tomar descansos visuales. Las pausas para reenfocar los ojos hacia un objeto distante puede aliviar la tensión visual, al mismo tiempo que proporciona breves y agradables momentos de relax.

Este concepto ya se está aplicando en muchas industrias (decisiones de ahorro e inversión, elección de planes de salud, gastronomía, etc.) y también en miles de páginas web, que buscan simplificar las decisiones de los consumidores. No importa donde se trabaje, el contar con un conocimiento, experiencia y vocabulario de trabajo específico ayudará a la toma de decisiones. Decidir no siempre es fácil. Aplicando la “teoría del empujón” podrá ayudar a los demás a que la elección entre opciones sea más ágil y eficiente, y en consecuencia la vida sea mejor.


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