Octubre 2019 - Año XXVII
Diseño de interiores

Neuroarquitectura, el poder del entorno sobre el cerebro

Esta disciplina trata de construir espacios que favorezcan la memoria, la mejora de las habilidades cognitivas y la estimulación de la mente evitando el estrés. Aunque la neuroarquitectura parece una arte nuevo, hace años que tiene como principal objetivo el de crear espacios para la felicidad, el bienestar, la productividad y la calidad de vida.

El diseño interior y exterior de un edificio puede producir distintas sensaciones: desde angustia, felicidad o aburrimiento hasta estimulación. También contribuye a generar compromiso o indiferencia. Así, diversas investigaciones demuestran que el entorno construido cambia la conducta de las personas y modifica el cerebro.

La neuroarquitectura es una disciplina que se interesa por cómo el entorno modifica el cerebro y, por tanto, el comportamiento. Es una rama en la que arquitectos y neurocientíficos trabajan juntos y su objetivo es el diseño de espacios y edificios centrados en el funcionamiento del cerebro de quienes los ocupan. La ubicación de ventanas, los ángulos de las paredes y del mobiliario, los colores, las texturas, los espacios abiertos y los sonidos, entre otros muchos, son los componentes en los que se basa esta ciencia ‘compartida’.

Víctor Feingold, CEO de Contract Workplaces, la firma regional especialista en diseño y construcción de espacios de trabajo, durante sus conferencias en Worktech Latam, el evento internacional dedicado al futuro del trabajo de la mano de la empresa que él preside, aseguró que a la hora de planificar el ‘lay out’ de los lugares de trabajo, es fundamental tener en cuenta esta perspectiva: “Por ejemplo, cuando un espacio tiene distintas posibilidades de explorarse, de recorrer, donde tiene un montón de puntos de referencia, la mente lo percibe como un espacio mucho más rico, lo aprehende en su totalidad y baja mucho el estrés y la ansiedad”.

Luego, agregó: “Los seres humanos preferimos las curvas y los contornos suaves porque instintivamente sentimos peligro ante los objetos afilados, por lo que las formas angulares benefician el estado de alerta y la concentración; mientras que las redondeadas lo hacen con nuestra necesidad emocional de seguridad”.

Es por eso que cuando el lugar de trabajo resulta opresivo desde lo arquitectónico las personas tienden a somatizar las consecuencias a nivel físico o mental. Por eso llamó a ‘empoderar’ a las personas a través del diseño del espacio físico, lo que favorece el aumento de la productividad, la innovación y la creatividad.

¿Qué es la neuroarquitectura?

La neuroarquitectura es una ciencia que busca entender, a través de la neurociencia, cómo el espacio afecta la mente humana. Esta disciplina afirma que la forma en la que se construyen los edificios puede ayudar al bienestar mental y la felicidad de las personas. Y puede estimular la creatividad, mantener la atención y la concentración, aumentar la productividad y favorecer la relajación.

El Dr. Fred Gage, neurocientífico del Salk Institute (Instituto de Estudios Biológicos, California) se interesó por los efectos en el cerebro que producían los cambios en el ambiente. Su interés se centra en entender cómo el cerebro interpreta, analiza y reconstruye el espacio que le rodea. De ese modo la neurociencia aporta valiosas pistas a los arquitectos para distribuir los espacios.

La creación de determinados entornos hace que el cerebro ponga en marcha mecanismos que producen las hormonas necesarias para el desarrollo de emociones y sensaciones determinadas.

La influencia psicosocial de la arquitectura

Se calcula que los seres humanos pasan más del 90% de su tiempo dentro de edificios. Sabiendo cómo el ambiente tiene poder sobre el cerebro, ese dato por sí solo nos aporta ya mucha información. Nos da una idea bastante clara de la importancia de la creación de edificios más humanos, saludables y que generen bienestar.

La neurociencia puede mapear el cerebro y entender qué lo estimula y qué tipo de cosas lo activan. No tiene nada que ver un edificio cuya arquitectura inspira calma con otro que inspira ansiedad. En este sentido, la neuroarquitectura maneja conceptos como la cantidad y proyección de la luz o la altura de los techos, sabiendo cómo influir en la creatividad y en la productividad. Tiene en cuenta qué elementos arquitectónicos producen en el cerebro un efecto colaborativo o una necesidad de privacidad.

Los elementos

La neuroarquitectura establece aspectos claves a la hora de configurar los espacios para lograr que la mente se encuentre relajada. La iluminación, las zonas verdes, los colores o los techos son algunos de los elementos estudiados.

  • La iluminación. La luz atrae al ser humano, por lo que es un elemento clave que va a guiar al individuo en su experiencia en el edificio. La luz natural ayuda a la concentración de las personas y genera un ambiente más amable que la luz artificial. Este tipo de luz obliga al cerebro a esforzarse más en la tarea a realizar, incidiendo negativamente en la productividad. Además, la luz natural acerca a los individuos con el exterior de los espacios.
  • Zonas verdes. La sensación de estar encerrados genera estrés y disminuye la productividad de quienes se encuentren en esos habitáculos. Junto con la luz natural, el contacto del ser humano con las zonas verdes ayuda a abrir la mente, aumenta la concentración y favorece la calma. Las vistas al exterior de los edificios mejoran el estado de ánimo de los habitantes o trabajadores.
  • Los techos. Según estudios científicos, la altura de los techos también influye en la concentración y actividades de las personas. Así, los techos altos son adecuados para las tareas más creativas, mientras que los bajos favorecen un trabajo de carácter más rutinario.
  • Los colores. Los mismos influyen y condicionan el estado de ánimo de las personas, por lo que es fundamental estudiar el efecto de las distintas tonalidades en nuestro cerebro y así emplearlos de la forma más eficiente. Los tonos cercanos a la naturaleza (verdes, azules, amarillos) reducen el estrés, aumentan la sensación de confort e inciden sobre la percepción del espacio como un edificio saludable. Por su parte, tonos como el rojo captan la atención del receptor, por lo que en tareas de concentración son los más indicados.
  • Elementos arquitectónicos. Los ángulos o formas empleadas en los diseños arquitectónicos también tienen incidencia en el cerebro del ser humano. Los espacios rectangulares son entendidos como edificios menos agobiantes que los cuadrados, que sí provocan mayor sensación de estar encerrados. Los ángulos marcados de las edificaciones favorecen la aparición de estrés o ansiedad frente a las curvas o contornos suaves que nos dan sensación de seguridad y comodidad.

En simbiosis con el exterior

En los últimos años, la neuroarquitectura está comprendiendo la importancia de los espacios exteriores y la naturaleza para el correcto funcionamiento del cerebro. Resulta tan fundamental como la recarga de batería de los dispositivos electrónicos. La naturaleza le da al cerebro la posibilidad de desconectar y recargarse.

Otro elemento importante a la hora de desconectar lo ofrece el córtex auditivo, zona del cerebro es la que se ocupa de interpretar las vibraciones del sonido. Se sabe que cuando una persona activa esta zona con música de su gusto, genera cantidades extra de dopamina, una hormona que mejora la concentración en el trabajo.

En el diseño de oficinas estos parámetros ya se tienen en cuenta. Hay numerosos estudios que demuestran que la iluminación natural y las vistas mejoran la productividad, el rendimiento y la memoria.

Además, este estilo arquitectónico no solo busca la buena calidad del aire o del agua y la luz, sino que también estimula a las personas a realizar actividad física, creando escaleras atractivas que animen a la gente a usarlas y esconden los ascensores detrás de ellas.

Los edificios saludables no solamente son aquellos que emplean materiales beneficiosos para el entorno natural y el ser humano. También es fundamental lograr las mejores sinergias entre los factores humanos y estructurales de las edificaciones para construir espacios eficientes y felices.


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