Agosto 2019 - Año XXVII
Al borde de la línea

Maravillosas máquinas art dèco y un garaje que emociona

por Ing. Mario Minervino

Denostado en su época, ignorado en los libros de historia, menospreciado por otros, el art dèco fue un estilo de diseño del período de entre guerras (1920-1940) que abarcó todo lo que admitía un diseño, desde la arquitectura hasta la moda, pasando por los juguetes y medios de transporte.

Buscando representar el movimiento, la energía y la velocidad, fueron los automóviles, trenes y trasatlánticos los ideales para su desarrollo. El tiempo ha puesto a estas obras de arte en el sitio que largamente merecen.

Catedrales sobre el agua, monumentos sobre ruedas

El art dèco tuvo tal ímpetu en su desarrollo que las empresas fabricantes de automóviles, trenes y trasatlánticos incorporaron diseñadores de esa tendencia para la fabricación de sus más exitosos productos.

Nada escapó al art dèco, con sus líneas dinámicas, su sensación de movimiento, su claro signo de modernidad y futuro. Con Europa en guerra, fue Estados Unidos el encargado de marcar con sus productos una estética inédita que abarcaba a la moda, las joyas, los muebles, los juguetes, la tipografía y la arquitectura.

En el caso de graficar este estilo aplicado a un trasa-tlántico, nada como el SS Normandie, un verdadero palacio flotante art dèco.

Era el más rápido de su época, en rivalidad directa con el británico RMS Queen Mary, y un producto de los años veinte, cuando los Estados Unidos cerraron la puerta a la inmigración y los buques sobrevivieron transportando turistas de clase alta.

El viaje inaugural entre París y Nueva York fue en 1935, cuando surcó el océano con sus 313 metros de eslora y capacidad para 2.000 pasajeros y 1.300 tripulantes.

Luego de cruzar 139 veces el Atlántico, en 1939 la nave quedó varada en un muelle de Manhattan. Poco después Estados Unidos la confiscó para el transporte de tropa en la 2da. Guerra Mundial. Rebautizado “USS Lafayette”, un incendio lo dañó en 1942, hundiéndose en el río Hudson. Antes pudo ser parcialmente desmantelado y muchos de sus objetos decorativos -incluyendo muebles y vajilla con el monograma de la Compagnie Générale Transatlantique- terminaron en subastadoras, ferias callejeras y ventas particulares.

Los automóviles, belleza sobre ruedas

Mientras los fabricantes de automóviles de hoy se esfuerzan en valores como la economía y la eficiencia, hubo un momento en el que el arte y la elegancia primaban en el sector.

Entre 1929 y 1940, primero en los EE. UU. y luego en Europa, el art dèco rendía culto a la calidad, la celebración de lo nuevo, la sensualidad juvenil y el exotismo, convirtiendo a algunos automóviles en verdaderas esculturas sobre ruedas.

Vehículos como el Hispano-Suiza H6B Coupe, de 1938, con un perfil que parece el fuselaje de un avión; el futurista Talbot-Lago Coupe o el Edsel Ford 40 (1934), con una carrocería de aluminio ligerísima, merecen hoy un puesto en cualquier museo de diseño.

Así lo han entendido, por caso, los organizadores de Sculpted in Steel: Art Dèco Automobiles and Motorcycles, 1929–1940 (Esculpidos en acero: coches y motos art dèco, 1929-1940), una exposición de vehículos en Manhattan que muestra modelos con una belleza y un diseño industrial irreprochable: cómodos, útiles, manejables, duraderos.

Concebidos como obras de arte, lujosas, caras y brillantes, y fabricados en la edad de oro de los vehículos, inspirados en la revolución estética del art dèco, que planteaba la maestría en el diseño y la producción para seducir al público y afrontar lo cotidiano de una forma más placentera.

Los diseñadores art dèco encontraron en los automóviles un lienzo perfecto para mostrar el “lujo moderno de las máquinas de diseño”. Surgieron así vehículos cuyas carrocerías parecían de aviones, rejillas y ornamentos de gran dinamismo y líneas calibradas pero atrevidas. Todos hechos a mano, con los mejores materiales de la época y siguen estando entre los diseños más emocionantes, icónicos y refinados del siglo XX.

El estilo sobre rieles

Un párrafo final para el art dèco en las locomotoras y trenes de la época. Nada más contundente que el ferrocarril para representar el auge de la velocidad de la época, la dinámica de un mundo donde las distancias se medían ahora en horas. Si la idea era traer el futuro al presente, las locomotoras diseñadas con estas líneas son la muestra más poderosa como manifestación. Líneas de curvas suaves y potentes, con diseño aerodinámico, indetenibles y dispuesta a avanzar contra todo. Un mensaje además político: la pujanza, el progreso, la sociedad de la máquina.

En Estados Unidos estas máquinas quedaron en pie de igualdad con los automóviles y los trasatlánticos y, además, con los rascacielos como el Empire State y el Chrysler.

Todo era art dèco, todo era diseño. Fue necesaria una segunda guerra mundial para destruir este sueño. El mundo no volvió a ser el mismo luego de esa contienda. Pero el art dèco había dejado su huella. Una huella que además el paso del tiempo vuelve cada día más nítida y valiosa.

Un garaje que emociona

En la década de 1920, aunque la fabricación de automóviles creció, éstos seguían siendo un artículo de lujo.

La construcción de garajes en Champs Elysées, en París, revela además el interés de los arquitectos del primer tercio del siglo XX para mostrar la modernidad a través de estos tipos de edificios.

Para los automóviles –accesibles a las clases más altas– se presentan exposiciones suntuosas, palacios con mármoles y dorados. Ya en 1907 los hermanos Perret habían anticipado ese gesto, al llevar a cabo en la rue de Ponthieu un “concreto estético” para un garaje.

En 1925, Mallet-Stevens construyó el maravilloso garaje de Maryland, en la rue Marbeuf. Un anticipo en el camino a la verdadera obra de arte en esta tipología.

Etienne Bunau-Varilla, asociado de Andre Citroën, contrata a Albert Laprade y a Léon-Emile Bazin para crear una tienda de venta de automóviles con sala de exposiciones.

El resultado es un monumental escaparate art dèco, de 19 metros de altura y 21 metros de frente, con una estructura de metal y paredes formadas por “velas de hormigón”. Dos macizos laterales, que evocan las ventanas de proa, enmarcan la fachada de vidrio y granito.

La tienda ha sido concebida como un teatro: el escenario sería la calle, los transeúntes jugadores y los automóviles alineados en su lugar, en diferentes plantas, el espectáculo de la calle con su “perfil de meseta-balcones”.

Los carteles del garaje Marbeuf quedan estrechamente relacionados con la arquitectura. Los del nombre Citroën se destacan en el remate, mientras que los de Marbeuf se integran en la base de las ventanas laterales de proa.

El Garaje Marbeuf utiliza una sección longitudinal como expresión de su dinamismo comercial y la altura como garantía de modernidad y calidad. El innovador frente vidriado afirma la naturaleza innovadora de la arquitectura por el medio publicitario.

Se recurrió además al recurso de la iluminación eléctrica para la valorización de la obra arquitectónica. Aquí, el “foco de atención” desempeña su papel al iluminar la escena de la calle tanto como las mesetas interiores.

El perfil de las bandejas está mejorado por la iluminación y el cromo reluciente de los vehículos brilla bajo el diluvio de la luz.

Lamentablemente esta verdadera obra de arte fue demolida en 1952. Hoy el lugar luce una fachada de piedra y vidrio y un destino de oficinas, aparcamientos y clubes.

Quedan algunas fotos maravillosas, en blanco y negro, que en parte alcanzan a graficar la magia de ese edificio, art dèco hasta el último de sus detalles, un signo de los tiempos.

Como se dice

Las denominaciones art déco se escribe en dos palabras, sin guion intermedio y en minúscula.

La Real Academia Española propone el uso de la voz art dèco, aunque pronunciada ar-dekó.

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