Agosto 2019 - Año XXVII
Conductas laborales

Buenas prácticas para una oficina verde

El tema de los residuos nos afecta a todos porque todos los producimos. Cualquier producto o servicio que consumimos requiere recursos naturales y, en poco tiempo, termina produciendo grandes cantidades de desechos. Estamos consumiendo materias primas a un ritmo superior al que tiene la Tierra para renovarlas. Para ayudar a mitigar este problema y evitar la acumulación de residuos en la oficina es posible adoptar distintas estrategias: la reducción de la generación de basura, la reutilización, el reciclaje, y un cambio en nuestra mentalidad como consumidores responsables.

El ritmo al que se consume en las sociedades modernas tiene un alto costo, tanto en términos del uso de los recursos como en la producción de residuos y contaminación. Sin embargo, nuestro sistema económico aún parece basarse en el consumo, lo cual requiere un constante recambio y genera toneladas de desechos.

Para cambiar estos patrones de consumo desmedido y ayudar a mitigar todas las consecuencias que ésto trae aparejado (presión sobre los recursos naturales, generación de basura, contaminación, etc.), es importante un cambio en la conducta del consumidor. Para ello se necesita una mayor y más clara información sobre el impacto que pueden generar los cambios en los hábitos de consumo, saber cuáles son los productos con mejor desempeño, cómo hacer un uso más eficiente y cuál es la forma más limpia de deshacerse de ellos. En resumen: debemos convertirnos en consumidores responsables.

¿Qué hacemos con los residuos?

El vertedero es la forma más antigua de tratamiento de los residuos y la opción menos deseable debido a los potenciales efectos adversos que puede tener. El más grave de ellos es la producción y liberación en la atmósfera de metano, un potente gas de efecto invernadero, 25 veces más potente que el dióxido de carbono. A pesar de todos los problemas que acarrea, sigue siendo la forma más común de eliminación de residuos en la mayoría de los países.

Sin embargo, gran parte de los residuos que tiramos se puede reciclar. El reciclaje reduce la cantidad de desperdicios que terminan en los vertederos, al mismo tiempo que disminuye la presión sobre el medio ambiente. La reutilización, consistente en el uso repetido de productos y componentes para el mismo fin para el que fueron concebidos, es otra opción para disminuir la cantidad de desechos. Con el reciclaje también se ahorra energía: una lata de aluminio reciclado, por ejemplo, ahorra el 95% de la energía necesaria para hacer una lata nueva a partir de materia prima.

En las oficinas, los residuos que se generan están compuestos principalmente por papel y cartón, los cuales representan el 90% del total de los desechos que se producen. Los residuos peligrosos compuestos por el tóner de impresoras, los cartuchos de tinta, las pilas y baterías, las lámparas fluorescentes en desuso, etc., necesitan una gestión especial y representan el 5% de total de los residuos de una oficina. Las botellas y envases de plástico y vidrio, y las latas representan el 3% mientras que los residuos orgánicos abarcan el 2% de todos los desechos de una oficina.

Buenas prácticas

  • Aplicar la “Regla de las tres R”: Reducir, Reutilizar y Reciclar.
  • Instalar contenedores para la separación de residuos.
  • Evitar el uso de material descartable, tal como cubiertos, vasos y botellas de plástico. Es mejor utilizar vasos y tazas de vidrio o loza.
  • Donar todo aquel material de oficina que ya no se utilice y esté en buen estado: equipamiento de oficina, computadoras, impresoras, etc.
  • Ser consumidores responsables.
  • Aceptar el compromiso de un consumo responsable no plegándose irreflexivamente a los dictados de la moda y los mercados.
  • Consumir sólo aquello que sea necesario, reciclando, reusando y reparando cuando sea posible.
  • Adquirir productos con envases reutilizables (por ejemplo: envases rellenables para productos de limpieza, etc.).

Reducir al máximo el uso del papel

Dado que se trata de uno de los mayores residuos que se generan, las empresas pueden poner en práctica una serie de pautas tendientes a disminuir el consumo de papel, lo cual no solo traerá aparejado una reducción del impacto ambiental sino también importantes beneficios económicos:

  • Archivar la información en forma digital y hacer el mínimo de copias en papel.
  • Los documentos que no sean definitivos se pueden corregir en pantalla y/o guardar como borradores en la PC; de esta manera se ahorra tinta y papel.
  • Usar las dos caras del papel y, si es posible, hacer reducciones de los originales para disminuir el uso del recurso antes de reciclarlo.
  • En la medida de lo posible, moderar el uso de la impresora. En algunas empresas se establece un cupo mensual por persona. De esta manera se imprime solo lo que es verdaderamente imprescindible.
  • Evitar la mala utilización y el derroche del material de oficina.
  • No tirar cosas que aún sirven.
  • Reciclar los cartuchos de tóner y tinta. Los cartuchos reciclados disminuyen su costo hasta en un 50%.

Disposición de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos

Los avances tecnológicos han contribuido a que la generación de residuos electrónicos sea más grande que nunca. La seguridad en su recolección y gestión es esencial, ya que a menudo contienen sustancias peligrosas tales como metales pesados que pueden causar problemas de contaminación y de salud.

Es importante promover la responsabilidad del fabricante, quien debe hacerse cargo de la eliminación, reutilización o eventual recuperación del producto. Un programa de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) tiene como objetivos fundamentales: la mejora en el diseño de los productos y sus sistemas; la alta utilización de productos y materiales de calidad a través de la recolección, tratamiento y reutilización o reciclaje de manera ecológica y socialmente conveniente.

En la Unión Europea ya se han sancionado normativas de responsabilidad extendida del productor, que se están expandiendo a la mayoría de los países más industrializados. En los países de América Latina hasta el momento prácticamente no existe ninguna infraestructura formal para hacer frente a la basura electrónica y gestionar este tipo de residuos.

En Argentina, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) representan 300.000 toneladas por año: son 7 kilos por habitante, tan malo como el promedio mundial, que suma más de 40 millones de toneladas. Somos los terceros que peor estamos en América Latina, luego de Brasil y México.

Actualmente, solo el 20% de los desechos electrónicos se reciclan formalmente. La mal llamada “basura electrónica” contiene, en realidad, elementos muy valiosos como oro, cobre y níquel, que pueden ser recuperados y reciclados para ser usados como materia prima para fabricar otros productos.

La correcta separación y disposición final de los equipos en desuso no solo reduciría el impacto ambiental, sino que podría significar una oportunidad económica y de generación de los llamados “nuevos empleos verdes” en todo el mundo.

En los últimos años surgieron diversas iniciativas por parte de cooperativas y empresas de impacto social dedicadas a la “revalorización” de la basura electrónica. En Rafaela, provincia de Santa Fe, funciona desde hace una década un Parque Tecnológico del Reciclado, donde los electrónicos en desuso son reparados y donados a escuelas, o desarmados y sus componentes reutilizados por otras empresas.

En la Ciudad de Buenos Aires, la Agencia de Protección Ambiental cuenta con dos programas: Puntos Verdes Móviles y Puntos Verdes Especiales. Aquellos aparatos eléctricos o electrónicos que dejan de funcionar o son descartados son considerados residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEES).

Este tipo de residuos son considerados como Residuos Sólidos Urbanos Sujetos a Manejo Especial (RME), asimilables a los Residuos Especiales de Generación Universal (REGU - Resolución 522/2016 MADyS) en concordancia con la Ley 1854 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos y sus normas complementarias.

Algunos ejemplos son: celulares, computadoras y sus componentes, pequeños electrodomésticos, televisores, etc.

Es necesario garantizar su correcta gestión debido a que en su composición cuentan con:

  • 72% de materiales reciclables (plásticos, metales ferrososos y preciosos, vidrio);
  • 25% de materiales reutilizables (cables, motores, fuentes, lectoras, imanes);
  • 3% de residuos peligrosos (tubos de rayos catódicos, plaquetas de circuitos integrados, gases de refrigeración, PCB).

Ésta última porción de residuos peligrosos está sujeta a un sistema de gestión ambiental diferenciado del resto de los Residuos Sólidos Urbanos, evitando así daños en el ambiente y en la salud de los vecinos.

En la ciudad de Buenos Aires, cada habitante genera al año 7 kg de RAEES. Cuando los vecinos los llevan a los Puntos Verdes Móviles o a los Puntos Verdes Especiales se aseguran que se recuperen los materiales reciclables, como es el caso de los metales, y disminuye el efecto que este tipo de residuos podría generar en el ambiente.


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