El sitio de la construcción del sur argentino

Julio 2018 - Año XXVII
Al borde de la línea

Luis Luiggi: el ingeniero que llegó a buen puerto

por Ing. Mario R. Minervino

Los edificios religiosos, en la historia de la arquitectura, siempre representaron desafíos y avances. A principios del siglo XX un puñado de obras continúa sacudiendo las bases, aún cuando sus creadores no creían en dios.

En 1895, un experimentado ingeniero civil italiano de 40 años de edad, llegó a la Argentina enviado por el gobierno de Italia para colaborar en el diseño de un Puerto Militar, obra considerada clave para atender las necesidades de la flota nacional ante cualquier eventual conflicto bélico.

Se trataba de Luigi Luiggi, nativo de Génova, experimentado en cuestiones portuarias. Apenas llegado se reunió con el ministro de Guerra, el también ingeniero civil Guillermo Villanueva, quien le confió la primera tarea relacionada con la obra: elegir el lugar de emplazamiento más conveniente para ese puerto. “Vaya y vea”, le dijo a Luiggi, quien de inmediato viajó al sur para reconocer la costa y evaluar sus condiciones.

El profesional recorrió la zona de Bahía Blanca, señalada por algunos entendidos como la más ventajosa, sin quedar convencido de sus condiciones, por lo cual siguió viaje hasta el extremo sur de la Patagonia. Pero allí encontró un panorama desalentador. “Todo es peor”, señaló.

En febrero de 1896 la decisión sobre el sitio más ventajoso estaba tomada y Villanueva recibió una meticulosa memoria técnica de 300 páginas, dando cuenta de las ventajas del lugar conocido como Punta Alta, a pocos kilómetros de Bahía Blanca. No hubo mucho para discutir. En febrero de ese año el Congreso aprobó la construcción y el lugar.

El Puerto Militar estaba más cerca: sólo faltaban un proyecto, un presupuesto, los pliegos de obra, un proyectista y un director. Luiggi había demostrado su capacidad; era, sin dudas, el hombre indicado para esa tarea. Por eso rápidamente el gobierno le encargó realizar ese trabajo.

La obra

Contratado como proyectista y director general de las obras del Puerto Militar en Bahía Blanca, Luiggi sabía que los siguientes años de su vida serían en nuestro país. Por eso llamó a su mujer, la inglesa Annie East, para que comenzara a preparar todo para mudarse a un lugar que si de algo carecía era de encanto: una zona de médanos y viento, de vacío y soledad, donde todo estaba por hacer. “Había dos sauces en el rancho del cacique Linares y unas cinas-cinas en el de Ancalao. Eso era todo”, recordaría años después.

Entretanto, comenzó su tarea como proyectista, al amparo de su experiencia teórica, luego de pasar dos años en Inglaterra estudiando puertos y faros, y práctica, tras ocuparse de la modernización del puerto de Génova —donde diseñó dos diques de carena—, y de ejercer como jefe de los puertos de Toscana, trabajando, además, en la ampliación de los puertos de Liorna y Spezia.

Un año necesitó Luiggi para completar la documentación que permitió convocar, en 1897, a licitación internacional para el puerto Militar, ganada por la firma holandesa de los ingenieros Dirks & Dates, asociados para este caso con Van Haaren. La empresa quedaría vinculada a la realización de varias construcciones en nuestro país, por caso los desagües de Buenos Aires, la construcción del Ferrocarril de La Plata al Meridiano V, el Puerto de Santa Fé, el dragado de los ríos Uruguay y Paraná, y los muelles del Mercado Central de Frutos en Barracas.

El 2 de julio de 1898 se hincó el primer pilote. La fecha es por demás significativa: la ciudad de Punta Alta la adoptó como fundacional, cuando ni siquiera su planta urbana estaba trazada en un plano.

En medio de la nada, fijando médanos, plantando miles y miles de árboles, buscando agua, construyendo instalaciones, trazando vías férreas y trabajando a destajo, la construcción avanzó a paso firme.

En marzo de 1902 el acorazado Garibaldi, uno de los nueve que poseía la Armada, ingresó al dique de carena, llevando a bordo al presidente de la Nación, Julio Argentino Roca. Fue la inauguración oficial del complejo. Para entonces Luiggi se había convertido en una verdadera celebridad.

Cuando en 1903 se hizo la recepción de los trabajos, se habían gastado 9,8 millones de pesos, 200 mil menos que el presupuesto establecido cinco años antes. “Un caso rarísimo y milagroso”, destacó la revista Caras y Caretas, al referir que lo usual en el país es que las obras terminarán costando mucho más de lo planeado.

En 1904 Luiggi realizó su última tarea relacionada con el puerto: definir la ubicación del faro que serviría para guiar a los buques. Luego de recorrer la costa y descartar el histórico lugar donde funcionaba una elemental farola –en el accidente denominado Monte Hermoso-, eligió el accidente llamado Punta Catanga. Allí ubicó un faro metálico de 69 metros de alto, adquirido a empresas de París, y que la gente seguiría llamado faro de Monte Hermoso, a pesar de ya no ocupar aquel lugar. Su luz comenzó a funcionar en 1906. Doce años después, en 1912, se emplazó a pocos metros un gran hotel de madera, origen de la ciudad balnearia de Monte Hermoso.

Los primeros días de 1905 Luiggi recibió la notificación del gobierno argentino de que el 31 de marzo quedaba extinguido su contrato. Fue el final de su relación con el país, dejando una obra de ingeniería como existen pocas en el mundo y acaso la única con su firma que se mantiene intacta, ya que la totalidad de sus trabajos en Europa y Egipto resultaron afectados por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Detalles de la construcción

El puerto Militar es una obra de ingeniería de altísima complejidad, con decenas de obras civiles, de saneamiento y paisajísticas.

Tiene un canal de acceso de 3 kilómetros de largo y 100 metros de ancho, con varios muros de atraque y muelles de distinto calado, además de grúas, vías, galpones, talleres, tanques e instalaciones complementarias.

El dique de carena Nº 1, el que diseñó Luiggi, tiene 222 metros de largo y 27 de ancho de entrada, con cuatro compuertas, tres de ellas flotantes. Al momento de su construcción, el contrato establecía que su estanqueidad debía ser tal que no registrara fugas de agua de más de 5 m3 por hora, caso contrario, la empresa sería multada con mil pesos oro por cada m3 adicional de fuga de agua.

Sus paredes y pisos fueron realizados en hormigón, teniendo la platea un espesor de entre 2,50 y 4,00 metros, revestidos con adoquines de granito provenientes de Tandil.

Junto al dique se encontraba la sala de bombas, la cual permitía retirar el agua en menos de 3 horas. Cinco calderas alemanas suministraban la potencia a dos máquinas de 450 HP.

Al inaugurarse, el puerto contaba con su hospital, la torre de señales y varias obras fijas defensivas. Con el tiempo sumaría un segundo dique, un gran hotel, una capilla y decenas de obras complementarias.

De regreso, Luiggi

Luiggi regresó a Italia en 1905 y de inmediato recibió ofertas de trabajo. En 1906 asumió como Inspector General del Real Cuerpo de Ingenieros Civiles de Italia y se sumó al consejo del directorio de los ferrocarriles del estado. Asesoró a decenas de gobiernos en obras portuarias y visitó varios países para dar charlas.

Regresó al país en dos ocasiones. En 1910, en representación del gobierno italiano en los festejos del centenario de la Revolución de Mayo, y en 1928, ya designado senador vitalicio del reino de Italia. En ambas ocasiones visitó Bahía Blanca y el puerto de Punta Alta. También pudo compartir tiempo con su hermana Marcelina, que había trabajado con él y a quien el amor retuvo para siempre en esta tierra: en 1906 se casó con Settimio Frachinetti, quien se desempeñaba como dibujante en las oficinas técnicas. Esa unión dio lugar a una tradicional familia bahiense, cuyos descendientes siguen siendo parte de esa comunidad.

Luiggi tenía su casa familiar en Roma. Los últimos días de enero de 1931, luego de recorrer la capital italiana con un amigo, advirtió que las plantas de su jardín ya manifestaban la llegada de la primavera. Le dijo entonces a su acompañante: “No entremos, quedémonos en el jardín”. Fueron sus últimas palabras. Un accidente cerebrovascular lo dejó en coma. Falleció cinco días después, el 1º de febrero de 1931.

Historias sueltas de Luiggi y el Puerto

Ingeniero Luiggi, el pueblo. En la provincia de La Pampa se ubica el pueblo que lleva el nombre de Luis Luiggi. La denominación fue decidida por el propietario de las tierras y fundador, el empresario Antonio Devoto. Devoto fue un banquero italiano que emigró a Argentina. Siendo presidente del Banco Inmobiliario adquirió, en 1889, las tierras en donde planificó el barrio de Villa Devoto. Fue fundador de varios pueblos de La Pampa, entre ellos al que bautizó Ingeniero Luiggi, en reconocimiento a la admiración y cariño que sentía por su coterráneo.
Postales. En 1903 la revista Caras y Caretas lanzó una colección de “Caricaturas Contemporáneas”, con formato tipo postal, impresas “a seis tintas” sobre cartulina marfil. Luiggi fue parte del primer grupo de personalidades elegidas, junto a Joaquín V. González, Guillermo Villanueva, Ernesto Tornquist y José Uriburu, entre otros.
Visitas. Era habitual que llegaran al puerto Militar destacados políticos, empresarios y visitantes, a los cuales Luiggi recibía y acompañaba a recorrer una obra que impactaba por su monumentalidad. Julio A. Roca, Thomas Holdich, el perito Moreno, Joaquín V. González, Luis Huergo, Guillermo White y Theodore Roosevelt fueron algunos de esos visitantes ilustres.
El agua al detalle. En 1902, la revista Caras y Caretas hizo una descripción técnica de las obras realizadas por Luiggi para la distribución del agua potable en el puerto. “En los médanos en los que hay agua buena y pura, se hacen zanjas de 250 metros de largo y hasta de 1 metro más abajo del agua subterránea. Se llena la parte baja de la zanja con 20 centímetros de arena gruesa y sobre ella se pone una línea de caños de barro envueltos con pedregullo fino y arena gruesa y mediana, apoyada contra los médanos. Así pasa el agua fácilmente hasta el caño y no la arena del médano. El caño va luego cubierto con tres metros de arena, para prevenir cualquier contaminación superficial. La zona de captación está defendida por triple línea de alambrados”.
Uriburía y Annalopis: Además del diseño portuario militar, Luiggi delineó dos trazados urbanos. En sus planos se observan dos propuestas: por un lado el espacio donde vivirían los “obreros y demás población civil”, al que bautizó con el nombre de Uriburía, en honor a José Evaristo de Uriburu, bajo cuya presidencia se decidió la creación del puerto Militar. Por otro, trazó la que sería población de determinados sectores de la armada, dentro de la base, a la que bautizó Annapolis, en reconocimiento a su mujer. Con modificaciones, Uriburía terminó siendo Punta Alta, mientras que Annapolis nunca se materializó.
Los árboles. “En puerto Militar el primer árbol fue colocado, iniciativa del señor Luiggi, por Eliseo Casanova, presidente del Consejo escolar, siguiéndole el niño Arturo Lamberti. Mientras el ingeniero Luiggi explicaba a los niños el significado de la fiesta y el modo de cultivar los árboles, su esposa exponía a las niñas idénticas nociones. Terminada la plantación fueron todos al colegio Humberto I, donde la señora de Luiggi repartió dulces ”. Fiesta por el día del árbol en Puerto Militar, revista Caras y Caretas, 1902.
Soldados y matemáticos. “Los jóvenes ingenieros argentinos tienen una gran misión, llena de responsabilidades, ya que de ellos depende el desarrollo de la Nación. La Providencia les ha asignado una vasta y espléndida misión. Cúmplanla con pasión de apóstoles, con abnegación de soldados y con precisión de matemáticos”. Luis Luiggi, de su disertación en Facultad de Ingeniería de Buenos Aires, 1928.