El sitio de la construcción del sur argentino

Mayo-Junio 2018 - Año XXVII
Al borde de la línea

Arquitectura en sintonía divina: templos en manos de los grandes maestros

por Ing. Mario R. Minervino

Los edificios religiosos, en la historia de la arquitectura, siempre representaron desafíos y avances. A principios del siglo XX un puñado de obras continúa sacudiendo las bases, aún cuando sus creadores no creían en dios.

Durante 1300 años la historia y evolución de la arquitectura se estudia a partir de los edificios religiosos.

Así se analizan los templos construidos por los griegos a partir de sus proporciones matemáticas, el fabuloso Panteón romano, los caminos de peregrinación con las oscuras y pesadas iglesias románicas, los colores deslumbrantes del bizantino, las esbeltas y ascendentes piedras del gótico. En esos edificios estaban los avances estructurales, el manejo de la luz y la organización del espacio.

No son, claro, edificios comunes. Su uso obliga a ensayar una lectura que excede sus componentes constructivos para considerar con otros parámetros el uso de la luz, su altura, su organización y su recorrido.

Están hechos para adorar a un Dios, para rezarle, para establecer una comunión entre el cielo y la tierra.

Esta nota rescata un puñado de templos diseñados en tiempos modernos por arquitectos del movimiento que sacudió las bases de la arquitectura en las primeras décadas del siglo XX y cuyas consecuencias e influencia persisten hasta el presente.

Muchas de las obras fueron diseñadas por profesionales que no creían en Dios. Sus obras no nacieron de un sentimiento propio sino de una interpretación, de una idea. Cada uno de esos sitios logró su objetivo. Le Corbusier, Mies van de Rohe, Alvar Aalto, Frank Lloyd Wright y Eero Saarinen, en iglesias, capillas y templos. Y, por supuesto, Oscar Niemeyer.

La fe en el hormigón del gran Le Corbusier

En 1950 el arquitecto suizo-francés Le Corbusier (1887-1965) recibió un encargo singular: el maestro del racionalismo, el hombre de las casas blancas y simples fue contratado para reconstruir la capilla de Notre-Dame-Hu-Haut, en Ronchamp, pequeño poblado de 3 mil habitantes en el cantón de Champagney, en Francia.

El resultado fue un edificio que obligó a los estudiosos a reinterpretar al creador de la Villa Savoye, a maravillarse con su renovada capacidad creativa.

El templo católico se ubica en la cima de una colina y su interior aparece como cavado en una cueva. Su reconocible cubierta de hormigón se asemeja a un caracol, a un birrete de los monjes, y nunca se terminó de interpretar
por completo.

“No he experimentado el milagro de la fe, pero a menudo he conocido el milagro del espacio indecible, la apoteosis de la emoción plástica”, señaló LC sobre su pensamiento ante las obras religiosas.

Ronchamp es, de acuerdo a algunos estudiosos, “un atrevido juego de superficies curvas, con gruesos muros exteriores, la plasticidad de la cubierta a modo de sombrero, todo trasmitiendo sensación de confinamiento, la deslumbrante blancura del estuco exterior. El interior es deslumbrante, iluminado por pequeñas aberturas de vidrio coloreado, orientadas hacia el sur, de diferentes formas y tamaños”.

El resultado es un hecho artístico extraordinario, una pequeña gran obra de arte.

Las manos hacia el cielo de Frank Lloyd Wright

Contemporáneo de Le Corbusier y para muchos el arquitecto más destacado del siglo XX, el norteamericano Frank Lloyd Wright (1867-1959) también tuvo oportunidad de diseñar espacios religiosos.

Lo hizo para los Unitarios de Madison, en Wisconsin, Estados Unidos, con un templo caracterizado por su tejado puntiagudo, en diagonal hacia el cielo, como dos manos juntas en actitud de plegaria. Al igual que el de Ronchamp, la construcción se emplaza en una colina, en medio de un paisaje atrapante, en la parte alta de un solar desde donde se puede disfrutar de la suave pendiente hasta alcanzar el lago Mendota.

La planta es una trama formada por triángulos, geometría derivada del uso de ángulos a 60 y 120 grados. “Si el cuadrado significa integridad, si la esfera significa universalidad, el triángulo significa aspiración. Esta es una construcción en actitud de rezo”, explicó Wright.

Utilizando el triángulo elevó la cubierta, expresando reverencia sin necesidad de un campanario, creando el motivo más importante de su iglesia: un gran ventanal rasgado por lamas de madera inclinadas, que deja pasar la luz uniforme proveniente del norte.

El acceso desde el parque se produce por unas escaleras, protegido por un voladizo. El espacio diáfano de la nave está dividido en dos ámbitos: uno más bajo, orientado al sur, alberga la chimenea y asientos. Está separado por una cortina de color rojo, púrpura y verde que, al abrirse, permite ampliar la capacidad del lugar. Este espacio tiene sillas diseñadas por Wright.

Los muros son de piedra caliza y la cubierta es un entramado de madera revestido con cobre.

La capilla de la simpleza de Mies van de Rohe

Si Le Corbusier cambió en Ronchamp su estética y manera de proyectar, el arquitecto alemán Ludwig Mies van de Rohe (1886-1969), otro peso pesado del movimiento moderno, jamás renunció a su propuesta de simpleza de formas y materiales, a ese mítico “menos es más” que explica su diseño.

Esta capilla en Illinois, Chicago, es algo de enorme sencillez; noble y primitiva, un espacio que refleja toda la pureza del trabajo de Mies.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, la Diócesis Episcopal de Chicago decidió hacer una capilla para el Instituto Tecnológico de Illinois (IIT), en el campus de esa universidad. La construcción comenzó en 1949. La propuesta original era una capilla abierta a todos los credos, que todo el alumnado hiciera uso de ella, por ello la cruz y el altar aparecen de forma discreta.

Según Mies los muros sirven para que el espectador levante la mirada hacia arriba, haciendo del espacio un lugar de reflexión.

La capilla de Mies es un punto destacado dentro de su obra, el único construido en mampostería en Estados Unidos.

Las tres cruces de Alvar Aalto

La Iglesia luterana de las Tres Cruces, también conocida como Iglesia Vuoksenniska, está ubicada en Kaukopää, Finlandia, y fue diseñada por Alvar Aalto (1898-1976) entre 1955 y 1958.

Consta de tres salas que se pueden separar por paredes deslizantes; ésto permite que se use para variadas actividades.

El exterior es blanco, con techos de cobre.

El diseño empieza a partir de la forma de trapecio irregular, habitual en otras iglesias de Aalto, que evoluciona con la adición en planta de tres halls.

El campanario está concebido como una escultura, en una esquina del edificio.

El interior es completamente blanco, con ondulantes paredes, con forros interiores y exteriores para permitir que los muros móviles se puedan ocultar.

La mayor parte de la estructura es de hormigón, lo cual le permite moldear los pórticos continuos que atraviesan las secciones.

Los pavimentos son de distintos materiales. En los accesos y salones se utilizó loseta cerámica marrón y en la parte central se recurrió a la madera. Las carpinterías son metálicas, color negro, y las cubiertas de hormigón, recubiertas por un laminado de acero.

Iglesia Cristiana del Norte: la Estrella de Eero Saarinen

En la Iglesia Cristiana del Norte, el arquitecto Eero Saarinen (1910-1961) generó un encuentro entre Dios, la naturaleza y la arquitectura.

Al lado de la carretera que conduce a Columbus, Indiana, el más delgado de los capiteles crece desde la línea de árboles. Con sólo una pequeña cruz de oro en la parte superior, la aguja parece pertenecer a otro mundo, un gesto expresivo que alcanza el cielo y que se extiende más allá de la punta.

Como en la mayoría de los edificios de Saarinen, la geometría es elegante en su simplicidad e ingeniosa en su estructura. En planta es un hexágono simple, estirado a lo largo del eje este-oeste, con entradas en los lados más cortos.

Desde cada esquina del hexágono, unos enormes pilares soportan las costillas estructurales del techo, que se quiebran en ángulo en una aguja.

La altura del edificio es de 60 metros.

La iluminación natural es proporcionada por un óculo sobre el altar central y se complementa con luces artificiales tenues. Material natural en suelos de pizarra gris y bancos de caoba completan el ambiente.

Saarinen dividió las funciones primarias y secundarias, colocándolas en pisos separados. El nivel por encima se dedica al santuario. Baños, cocina y salón están bajo nivel, debajo del espacio de culto.

Cuando el arquitecto falleció, a los 51 años, antes de la terminación del edificio, el esfuerzo por construirlo se convirtió en un homenaje a su memoria.

Fue el último edificio que diseñó. Su forma se ha copiado muchas veces desde su finalización y se ha convertido en un icono de Columbus.

Las formas de un ateo, por Oscar Niemeyer

Conocido como “el arquitecto de Brasilia” (diseñó los edificios más emblemáticos de la capital de Brasil), Oscar Niemeyer (1907-2012) tuvo oportunidad de proyectar 16 obras religiosas. Utilizando el hormigón, el vidrio, los colores y las curvas, dejó maravillosos modelos en varias ciudades de su país. En esta página podemos apreciar 3 de sus obras más detacadas, con la reconocida imagen de la catedral de Brasilia entre ellas.


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