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Mayo-Junio 2018 - Año XXVII
Iluminación

En busca de la luz ideal

La iluminación es uno de los factores más importantes a tener en cuenta en cualquier proyecto de decoración. Utilizar una iluminación correcta, elegir buenas luminarias y el tipo de lámpara adecuada son la clave para conseguir un espacio funcional, cómodo y decorativo. Para lograr nuestro objetivo debemos planificar al detalle las zonas que querramos realzar o atenuar, según nuestras necesidades.

Más allá de la cantidad de luz necesaria en cada habitación según su uso, la temperatura de color de la misma –si es cálida o fría– y del tipo de luminaria más adecuada y eficiente, saber cuándo es más adecuado emplear una luz directa o indirecta –o su versión semi en ambos casos– resulta clave para conseguir el efecto deseado en cada ambiente de la casa.

La calidad de la iluminación, además de jugar un papel estético, es también sinónimo de comodidad, tranquilidad y, sobre todo, de salubridad.

La iluminación interior se consigue de dos maneras: luz natural, aquella que procede de los huecos, ventanas o estructuras; es la luz directa del sol, del reflejo del cielo, del agua o de cualquier otro elemento; y la luz artificial, aquella que viene de luminarias que proporcionan la luminosidad necesaria para poder desarrollar nuestras actividades diarias.

En cuanto a la aplicación, nos referimos en términos de “luz directa” y “luz indirecta”.

Luz directa

Es aquella iluminación que se dirige específicamente al objeto que nos interesa iluminar de forma puntual. Se genera por medio de lámparas de escritorio, luminarias colgantes sobre el comedor o spots sobre la mesada de la cocina. Si bien el tipo de iluminación directa es muy práctico, no es el ideal para iluminar recintos, habitaciones o espacios amplios. Esta luz genera sombras y, aunque su haz suele ser intenso, suele cansar la vista cuando se trata de lugares que requieren una ambientación agradable.

La iluminación directa es propia de espacios que necesitan una cantidad de luz importante y focalizada, como por ejemplo en cocinas, algunas zonas del baño, escritorios, zonas de estudio o lectura, o alternativamente para iluminar cuadros u objetos de manera que se vean realzados.

Cómo y dónde utilizar la iluminación directa: este tipo de iluminación es aconsejable para determinados sitios, muy concretos. Su luz es siempre muy focalizada, por lo tanto puede crear sombras muy poco decorativas. Debemos tener en cuenta ese tipo de detalles, por lo que las utilizaremos en lugares concretos como, por ejemplo:

La cocina. Es imprescindible contar con luces directas sobre las encimeras de trabajo. Como opción para conseguir esta luz puntual debemos utilizar luminarias instaladas en anaqueles o paredes; lo ideal son rieles o focos de techo como los downlight (luz empotrada descendente que ilumina de manera directa y en posición horizontal hacia abajo), los cuales se comercializan en distintas formas y tamaños. Consejo: no olvidar la utilización de luz cálida, aunque se trate de una cocina; es la más indicada.

El comedor. Es otro lugar en el que se necesita una iluminación específica como la directa. Se debe tener en cuenta la longitud de la mesa para colocar la cantidad correcta de luces. En este caso se recurrirá a lámparas de suspensión en techo; son las que mejor luz funcional nos aportarán. Es aconsejable instalarlas a unos 70 cm de la mesa. Consejo: si se respetan esas distancias, se logrará evitar deslumbramientos en los platos de los comensales y potenciarás el color de los alimentos.

El baño. Lo ideal es iluminarlo de manera funcional y útil. Instalar un par de apliques a la altura de los ojos a cada lado del espejo evitará sombras molestas. Además se logrará una iluminación directa, ideal para afeitarse y maquillarse. Consejo: evitar colocar luz por encima del espejo; ese tipo de iluminación acentúa las sombras.

Otros lugares. Instalar una luz directa en el dormitorio a cada lado de la cama es muy útil para la lectura. En las zonas de estudio es esencial, y en las habitaciones que querramos realzar algún objeto, como puede ser un cuadro. Consejo: para estos otros lugares las luminarias más apropiadas son los flexos, focos y brazos articulados.

Luz indirecta

Es la más parecida a la luz natural, y se proyecta de forma rebotada y difusa. Envía la luz de manera más equilibrada en todas las direcciones. En este caso se le denomina luz ambiental. Tiene especial incidencia en los espacios en los que se busca crear atmósferas concretas.

La luz indirecta nos sirve para conseguir iluminaciones tenues y diluir la percepción del observador. Por ejemplo, se emplea este tipo de luz cuando utilizamos la iluminación mediante focos ocultos en el falso techo. Se utiliza en espacios de tránsito, como pasillos o corredores; también se puede emplear en áreas en las que no deseamos que haya gran iluminación o zonas especialmente iluminadas.

Lo que se consigue con luces indirectas es provocar una sensación de cierta homogeneidad, al no localizar de forma precisa el foco de luz. Por lo tanto, este tipo de luminaria, bien distribuida, puede sustituir hasta cierto punto a la luz natural. Un diseño muy pensado puede llegar a crear espacios iluminados mediante el reflejo de espejos o paredes. Dado que en la iluminación indirecta las pérdidas de luminosidad por absorción son muy elevadas, los expertos aconsejan usar pinturas de colores claros, que reflejen bien la luz para aprovecharla al máximo.

Cómo y dónde utilizar la luz indirecta: Al considerar las características de este tipo de iluminación, veremos que la mayoría de la luz va en techos o paredes. Es la iluminación más apropiada para crear ambientes cómodos y decorativos, por lo tanto puede utilizarse en lugares como:

El salón. Es el espacio en el que interesa crear un ambiente agradable y acogedor, ya que es una estancia ideal para charlar y disfrutar del descanso. Las molduras en el techo son un genial aliado para lograr una iluminación tenue y sin sombras. Las tiras de LED, colocadas de forma perimetral en el techo y muebles, son perfectas para una iluminación indirecta. Se puede reforzar el efecto colocando una lámpara de pie o de sobremesa, de manera estratégica, en el rincón elegido. Consejo: utilizar luz cálida, como la que ofrecen las lámparas halógenas. Son las más utilizadas en salones.

Otros lugares. En el recibidor, dormitorio, baño y cocina también se utiliza la iluminación indirecta. En estos ambientes la idea es que la luz se aproveche como una herramienta de diseño para resaltar la decoración. Realzando texturas, colores y objetos de las habitaciones. Consejo: combinar ambas fuentes de luz en los diferentes espacios de la casa para obtener el mayor beneficio de cada una de ellas.

Teniendo en cuenta las características y usos de la iluminación directa e indirecta, lo habitual es combinar ambas para beneficiarnos de los puntos fuertes de cada una de ellas y minimizar sus inconvenientes. Será el momento de recurrir a un proyecto lumínico que tenga en cuenta las características del espacio y lo que se quiere conseguir en él.


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