El sitio de la construcción del sur argentino

Abril-Mayo 2018 - Año XXVII
Patrimonio

Un castillo que lucha para no morir

Desde que fuera inaugurada por las Empresas Eléctricas de Bahía Blanca (una filial de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad) el 1 de octubre de 1932, hasta su salida de servicio el Día de los Inocentes en 1988, la Central General San Martín, bautizada en un principio “Ingeniero White”, iluminó durante décadas a toda la ciudad. La edificación actualmente es Patrimonio Arquitectónico y Urbano de Bahía Blanca y Monumento Histórico Nacional.

Un poco de historia

A fines de 1927 se constituye la firma Empresas Eléctricas de Bahía Blanca, subsidiaria de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, que adquiere los bienes de la Compañía Sudamericana de Luz y Fuerza –anterior concesionaria del servicio de energía eléctrica- y de las compañías de tranvías y gas. El crecimiento industrial y la expansión urbana de Bahía Blanca en el primer cuarto del siglo XX motivó que desde el gobierno local y provincial se iniciaran los estudios tendientes a dotar a la ciudad de una nueva usina generadora de electricidad para satisfacer esas demandas, contando ya con la concesión del servicio por convenio con la Municipalidad de Bahía Blanca. En el año 1929, la citada empresa encarga al arquitecto Juan Molinari el proyecto de una nueva planta termoeléctrica. Su construcción fue adjudicada a la Compañía General de Obras Públicas S.A. (Geopé), de capitales alemanes, que inició sus trabajos ese mismo año, contando con la colaboración de capitales italianos.

El proyecto estuvo destinado a alojar una usina con capacidad para generar 7.500 Kw de potencia, que abasteciera de electricidad al puerto de Ingeniero White, la ciudad de Bahía Blanca y otras localidades de la región.

La obra se construyó en un predio con una superficie de 13.242 2, adquirido a la nación en proximidades del Puerto de Ingeniero White. En ese sitio se concretaron obras de relleno con arena proveniente del dragado de los canales de entrada al puerto, a cargo de la Dirección General de Navegación y Puertos. Dada la escasa resistencia del suelo, el edificio está fundado sobre pilotes y posee una estructura independiente de hormigón armado. Los muros son de mampostería de ladrillo, con revoques que imitan la piedra en diferentes tonalidades, y los techos se resuelven con estructura metálica y cubierta de chapa cincada, con una gran claraboya sobre la sala de máquinas central.

Las tareas, montajes y tendidos eléctricos demandaron casi 3 años, habilitándose finalmente la obra con la incorporación de dos grupos electrógenos suizos Brown Boveri, el 1º de octubre de 1932.

La arquitectura del Castillo

La compañía Ítalo, formada en el país con aporte de capitales italianos, suizos y alemanes, comienza a operar en Buenos Aires en 1912 bajo la dirección del empresario italiano Giovanni Carosio. Como complemento estratégico para captar nuevos clientes, la compañía contrató al Arq. Chiogna para la construcción de una usina que recordara a las construcciones de su tierra; el modelo adoptado emula los castillos de poderosas familias de Italia. La expansión del servicio llevó a la construcción de más de doscientas nuevas usinas, subusinas y subestaciones, todas ellas con el mismo lenguaje arquitectónico, logrando la empresa una fuerte imagen corporativa a través de su arquitectura.

Siguiendo los dictados de esta imagen, el arquitecto Molinari adopta aquí también la forma de un castillo para el edificio de la usina, aunque se toma algunas licencias en su composición, apartándose del estilo románico lombardo florentino puro, que era considerado en el siglo XIX el estilo nacional de Italia.

Las formas arquitectónicas del castillo no responden a una solo período histórico sino que remiten a varios a la vez. Su composición estilística responde a un neo románico lombardo, mostrando un estilo eclecticista que predominó en las obras de la segunda mitad del siglo XIX.

El edificio principal cuenta con una superficie aproximada de 6.000 2. Funcionalmente, está compuesto por cuatro sectores que se manifiestan claramente en la fachada. El primero, ubicado sobre el frente, era ocupado por oficinas administrativas y los controles generales de la usina. En el cuerpo central, el más importante en escala y calidad espacial, funcionaban las turbinas y generadores. En el tercer cuerpo funcionaban las calderas que proveían vapor a las turbinas y a los condensadores que refrigeraban el sistema. Por último, la torre comprende el sector de ingreso y el elemento conector entre niveles. Su presencia impacta en el entorno, dominado por las visuales, permitiendo vistas desde sus niveles más altos hacia la ciudad, el puerto, el estuario marítimo y el complejo mismo.

Desde el punto de vista formal, se trata de un edificio de grandes dimensiones, de planta rectangular, con sus cuatro fachadas orientadas a los puntos cardinales. Sus formas remiten a la de un castillo medieval, a una fortaleza de altos y pesados muros, con contrafuertes, arcadas, ventanales verticales de vidrio y aspilleras, donde destaca la gran torre almenada que sobresale del conjunto.

La fachada principal tiene un tratamiento diferente a los otros frentes, más ancha y con elementos que acentúan la rigidez a los muros. Flanqueada por dos torres que remarcan sus extremos, la izquierda (noreste) es de aspecto macizo, con escasas aberturas en la parte superior, coronada por almenas y alturas que apenas superan la techumbre.

La torre derecha (noroeste) duplica en altura a la fachada y es el elemento distintivo del castillo. De planta cuadrada se escalona de abajo hacia arriba con contrafuertes inclinados que acompañan su afinamiento en la parte superior, coronada con una sutil saliente y aspilleras macadas y amplias. Su diseño revierte la lógica que tenían los campanarios románicos, y presenta una gran abertura en la planta baja (ingreso de trenes), tres ventanas en la parte intermedia, una ventana alta en la parte superior y portillos en el remate.

El cuerpo central de la fachada principal presenta tres zonas bien marcadas: la inferior, con dos grandes arcos rebajados que soportan un muro ciego; la intermedia, retirada con una logica de arcadas ciegas y friso con pequeñas aberturas, y la superior, dada por la cubierta de una sola agua de tejas españolas, solo interrumpida por el hastial que enmarca la escultura de San Giorgio (San Jorge).

El grupo escultórico del santo, montado en su caballo y matando al dragón, aporta un ingrediente más al cuento fantástico que envuelve el castillo. Se trata de la figura del patrono de Italia, obra realizada en mármol de carrara por el escultor Troiano Troiani, por encargo de los directores de la empresa que lo obsequiaron a la usina. A pesar de su ubicación centralizada e importante tamaño, se ve disminuida dentro del conjunto arquitectónico, por lo que sus detalles solo se aprecian a poca distancia.

En el interior se destaca la calidad espacial y de detalles ornamentales, aun en espacios destinados a maquinarias. Se utilizó el mismo revoque simil piedra del exterior, molduras, capiteles, entablamentos, frisos con revestimientos esmaltados, pisos de diseños geométricos, barandas de hierro forjado, falsas bóvedas de crucería, etc.

Esta usina, llamada en un principio “Ingeniero White” y luego “General San Martín”, prestó servicios durante 56 años. Fue desafectada en diciembre de 1988 para ser finalmente desguazada entre 1997 y 2000. Desde entonces el edificio se ha visto sometido a un acelerado proceso de deterioro.

La impronta arquitectónica del Castillo provocó que, por Ordenanza 7959/04, se lo incluya en el Registro Municipal para la Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbano del partido de Bahía Blanca. Luego, en el año 2001, la provincia de Buenos Aires traspasó a la comuna la propiedad de la ex usina con sus espacios complementarios, que permitió la apertura de Museo Taller Ferrowhite y la Casa del Espía, a partir de 2004.

Por último, con la Ley 25.580/02, el Honorable Congreso de la Nación lo declara Monumento Histórico Nacional.

El presente de la ex usina

En el año 2015 la Municipalidad de Bahía Blanca y el equipo del Museo Taller lograron rescatar parte del castillo, donde la contaminación por asbesto no alcanzó a llegar. Allí funciona, desde entonces, un taller de serigrafía, que se encuentra ubicado en la planta baja del “castillo del puerto”, sobre el frente del edificio, y ocupa una superficie de alrededor de 200 metros cuadrados en lo que fuera en su momento la sala de transformadores.

Un estudio realizado por especialistas del Departamento de Geología de la UNS certificó que en el lugar no hay asbesto, material contaminante presente en otros sectores de la usina.

La obra encarada consistió, en primer lugar, en aislar este recinto del resto de la construcción, y en realizar una limpieza de acuerdo a los protocolos de seguridad, para avanzar luego en su acondicionamiento y equipamiento como nueva sede para los talleres que el museo realiza. Es decir, como un espacio en el que la historia del trabajo que Ferrowhite elabora se traduzca en trabajo comunitario presente.

Las intenciones de los organismos competentes, tanto municipal como nacional, abarcan la puesta en marcha del taller de serigrafía “Prende”, conectando la historia del lugar con el trabajo, los cambios y la dinámica del puerto.

Junto al Castillo funciona, muy ligado a su pasado, presente y futuro, el Museo Ferrowhite. Incluso toda el área dio lugar a variados proyectos como el de la Rambla de Arrieta o el empleo de un antiguo muelle para ser utilizado como punto de partida de excursiones turísticas por el estuario o sitios gastronómicos y de esparcimiento junto al mar.

Las posibilidades son muchas y el valor arquitectónico e histórico de edificio exige acciones concretas para que vuelva a ser parte de la comunidad.

Colaboración: MMO Patricio de Las Heras, responsable a cargo de la Dirección Nacional de Arquitectura, Distrito Sur.
Archivo fotográfico: Ferrowhite Museo-Taller.

Home | Costos | Blog | Ediciones Anteriores