El sitio de la construcción del sur argentino

Junio 2017 - Año XXVII
Al borde de la línea

Piazza Navona: un espacio del barroco que conmueve a todos

por Ing. Mario R. Minervino

En la ciudad que fue el centro de uno de los imperios más influyentes de la historia, convive el legado de artistas del renacimiento y la maravillosa obra barroca.

Roma es “la ciudad eterna”. Esa designación es sinónimo de su nombre propio. Fue, por siglos, la capital del mundo, el centro de un Imperio como nunca más en la historia volvió a existir. Su historia, que abarca tres milenios, influyó en la sociedad, la cultura, la lengua, la literatura, el arte, la arquitectura, la filosofía, la religión, el derecho y la moral de los siglos sucesivos, con vigencia hasta nuestros días.

Es, además, la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos del mundo. Su centro histórico, delimitado por el perímetro que marcan las murallas Aurelianas, superposición de huellas de tres milenios, es la expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural del mundo occidental europeo. Allí convive el legado de la Roma antigua, el de los artistas del Renacimiento y la maravillosa (y conmovedora) obra del barroco.

Los patios urbanos

Uno de los componentes destacados de la trama urbana romana, que ya impacta y conmueve con sus calles de intrincado trazado medieval, sus construcciones uniformes y coloridas, son sus plazas, la mayoría concebidas por orden y gracias de distintos Papas –que tienen en la ciudad del Vaticano su residencia– que dispusieron del servicio de artistas como pocas veces contó la humanidad para completar sus diseños
y ornamentaciones.

Las “piazzas” romana es un legado del barroco, período posterior al renacimiento, y abarcó el siglo XVII, que se tradujo en una forma inédita de concebir la vida y produjo obras maravillosas en la literatura, arquitectura, escultura, pintura, música, ópera, danza y teatro.

Su designación tuvo origen peyorativo, para designar a un estilo al que se lo consideró (entre otros calificativos) como exagerado, recargado, caótico, extravagante, oscuro, confuso y artificial. Bernini, Borromini, Rembrandt, Velázquez, Shakespeare, Calderón de la Barca, Rubens y Quevedo son algunos de los muchos nombres relevantes de esta época. Fue un estilo que con el tiempo supo convertir esa extravagancia en algo inteligente y atrapante, que aún hoy emociona y conmueve a quienes lo admiran.

La ciudad fue, también, materia de atención por parte de los artistas, que entendieron que la arquitectura debía tener su prolongación urbana, generando una continuidad entre una fachada y el espacio público. La Piazza de San Pedro, diseñada por Gian Lorenzo Bernini, es una prueba de esa voluntad. El espacio aparece envuelto en dos “brazos” –que acogen al pueblo católico– formando una antesala de la basílica. La plaza se convierte en un hall, en una extensión de la construcción. Colabora en su percepción y ayuda a su visualización.

“El hallazgo del barroco fue crear una ciudad como obra de arte de inmediata percepción visual”, señala un estudioso del arte, que explica además como la arquitectura se hace más valiosa a partir de ser parte de ese ensayo inédito. La ciudad es concebida como vista; el barroco ordena las cosas como un panorama: para ser vistas, para el deleite.

Las plazas

Esas plazas, esos paseos, esos parques son hoy un imán para millones de turistas de todo el mundo quienes, en muchos casos, no necesitan siquiera conocer toda la historia para sentirse conmovidos e impactados por estos espacios que ofician de salones abiertos, de patios urbanos. Estas plazas cerradas, delimitadas por edificios de una altura adecuada, uniformes, son de escala humana: el hombre se siente parte, advierte el lugar como hecho a su medida, acogedor y amable.

Hay un manejo del espacio, de la calle, de las escalinatas, de lo imprevisto, que conmueve y maravilla. Cada plaza contiene, además, un hecho artístico: una fuente, una escultura, un monumento. Allí está la piedra -tratada, rústica y natural- y el agua -fresca, potable y transparente-.

En Roma, separadas por unas pocas cuadras, se ubican la Piazzas España, del Panteón y Navona. Esta última, en particular, es considerada una de las más hermosas del planeta. Caminarla, vivirla, es una experiencia inolvidable.

El lugar

El lugar que ocupa Piazza Navona fue el emplazamiento original del estadio mandado a construir por Domiciano, en el año 85. Esa obra, al igual que las termas y los coliseos, apuntaban a contener juegos y entretenimientos para los romanos. Su edilicia era de muros de argamasa, revestidos en mármol, y arcos de medio punto. Con el tiempo la obra cayó en desuso y con la caída de Roma sus instalaciones fueron utilizadas con otros fines, incluso sus graderías fueron aprovechadas por la gente para instalar sus casas.

La reconversión del lugar como espacio público fue decisión del Papa Sixto IV, que lo materializó conservando su forma alargada original. Uno de sus primeros destinos fue ubicar allí un mercado, que hasta entonces funcionaba en las colinas del capitolio. En el centro del paseo se construyó una fuente con agua para que beban los caballos.

El gran cambio se generó a mediados del 1600, cuando la familia Pamphili mandó construir su palacio con frente a la plaza. El Papa Inocencio X, miembro de esa ilustre familia, decidió mejorarla con un recurso propio del barroco: fuentes y obras escultóricas.

Las fuentes urbanas eran habituales entre los romanos. Concebidas en principio para que la gente pudiese abastecerse de agua, los arquitectos del barroco la reinterpretaron como ornamento urbano, con el agua de la naturaleza adentrandose en la ciudad. El agua llegaba desde los acueductos, fresca, limpia y potable. Esas fuentes terminan siendo el pedestal de las obras escultóricas y de los obeliscos egipcios, conformando un conjunto artístico que comienza a ser protagonista en las plazas.

Las fuentes de Navona

Para ocupar el centro de Navona, Inocencio contrató a Bernini, el más talentoso de los artistas barrocos. El resultado fue la magnífica Fuente de los Cuatro Ríos, la cual representa el Danubio, el Ganges, el Río de la Plata y el Nilo. Es una gran mole de mármol, con figuras humanas de piedra rústica y varios animales distribuidos en la obra. La fuente es alimentada por el acueducto Acqua Vergine. “Es un lugar para que beba el sediento y también una ocasión para meditar”, reflexionó el Papa. En 1651 estaba terminada, acompañando a las dos preexistentes, las de Neptuno y la del Moro, de cuya ejecución participaron Giacomo della Porta y el mismo Bernini.

Las esculturas son de una excelencia mayor: de no estar en un espacio público se las tendría que ver en un museo, como el David, de Miguel Angel y otros trabajos del mismo Bernini.

Un renglón aparte merece el perímetro del espacio, delimitado por edificios que se fueron ubicando en la franja que alguna vez contuvo a los entusiastas romanos que, en grandes cantidades –el estadio tenía capacidad para 30 mil personas–,asistían a los espectáculos. Es un telón magnífico, uniforme y colorido. Entre esos edificios se destaca la iglesia Santa Inés de Agona, diseñada por Francesco Borromini, otro gran artista barroco. La fachada curva del templo es una genialidad del estilo, al igual que su cúpula y las torres. Su interior es arte puro: frescos, murales, estatuas y mármoles: elementos imperdibles para quienes admiran este estilo.

El uso de Navona tuvo también sus singularidades. Durante más de un siglo (entre 1652 y 1866), los sábados y domingos de agosto se inundaba, generando una laguna que permitía juegos de carnaval y la diversión de los concurrentes. Inspiró, también, a pintores como Giovanni Pannini (1691-1765), Ippolito Caffi (1809-1866), Canaletto (1697-1768); Antonio Joli (1700-1777), Johannes Lingebcha (1622-1674) y Johan Baur (1607-1640), entre otros.

Arte que brilla

Navona es hoy un espacio mágico, conmovedor. Una muestra de como se puede generar un espacio atrapante en un ambiente urbano. Su piso de adoquines -colocado en 1870-, la arquitectura que la rodea, el arte que brilla y estalla, el agua en movimiento. La gente que concurre puede ignorar su historia, no saber que fue un circo, que las obras son de Bernini o que es un legado del barroco. En la mayoría de los casos alcanza con estar para intuir y sentir que el hombre ha sabido generar algo maravilloso, para disfrute y goce de todos.

Quienes quieran visualizar el movimiento de Navona, pueden ingresar a la dirección www.skylinewebcams.com/es/webcam/italia/lazio/roma/piazza-navona.html, donde una cámara registra el movimiento on line y en vivo del lugar.


Home | Costos | Blog | Ediciones Anteriores