El sitio de la construcción del sur argentino

Junio 2017 - Año XXVII
Opinión
De la bahía blanca a la bahía springfield

¿Por qué no crece la ciudad?

por Arq. Mauro Alejandro Comignani

Política, burocracia, planeamiento; diversos motivos que muchas veces conspiran en contra del desarrollo urbano sustentable.

Es importante reflexionar sobre la oportunidad urbana basada en el desarrollo. Éste no sólo se da en una sola dimensión, sino en un abanico incalculable de factores que limitan y favorecen el progreso urbano sustentable para un futuro. Las oportunidades se pierden debido a diferentes motivos: por una deficiente gestión pública, por exceso de burocracia, y/o por malas decisiones políticas.

Bahía Springfield o más cerca de House of Cards. ¿Una central nuclear en la ciudad?

Hace pocas semanas hemos asistido al interés que manifestaron algunos dirigentes respecto de la posible radicación de una central nuclear en la región. Como vemos, no hemos aprendido mucho de nuestra historia. Bahía Blanca es una de las ciudades de más alto riesgo de nuestro país, con el funcionamiento del Polo Petroquímico a pocos kilómetros del centro de la ciudad, con todo lo que ello conlleva. No debemos olvidar lo que sucedió con el Plan Estratégico de 1999, realizado durante la administración Linares, donde con una puesta en escena de pluralismo y participación se concluyó en un plan que facilitó la instalación de grandes empresas petroquímicas en la ciudad, sin un estudio previo de factibilidad o de conciencia social urbana.

Esperamos, como comunidad, que estas acciones políticas hayan sido dejadas de lado. Por ello hoy, cuando vuelve a hablarse de discutir un nuevo plan estratégico, es importante que estemos atentos para reconocer la dirección que se pretende seguir: si un desarrollo sostenible para la ciudad, sentando las bases para industrializar la región y crear puestos de trabajo sustentables que potencien el desarrollo del valle de Bahía Blanca, o favorecer a algunos pequeños sectores, otorgando factibilidades a, por ejemplo, la posibilidad que se instale una central nuclear.

Estoy convencido que si optamos por la segunda alternativa,no favoreceremos al ciudadano bahiense, que se encontrará desprotegido nuevamente.

Profundizando más sobre el concepto de desarrollo urbano sustentable, sin ningún lugar a dudas es elemental remarcar: los reglamentos, constituciones nacionales y provinciales, planes de desarrollo con sus estrategias, los códigos, las leyes, los ideales progresistas, la misma historia de la comunidad, que encontramos en las sociedades urbanas o en el inconsciente social de la misma, lo que determina la acción urbana. Ahora bien, esta tarea necesariamente debe ser llevada adelante por la sociedad misma, en ese territorio socialmente constituido, con el acompañamiento del Estado, en este caso el ámbito municipal y provincial, que debe gestionar estas peticiones.

Todos nos preguntamos por qué no crecemos como región y como ciudad. Uno de los principales problemas del desarrollo es el poco empeño en lograrlo. Si no trabajamos con metas adecuadas a nuestra realidad, protegiendo e incentivando el potencial local, no alcanzaremos los objetivos buscados.

Es evidente que para que los planes de desarrollo regional-local sean efectivos necesitan del consenso de la comunidad. Estas observaciones no son atendidas por los representantes, y menos aún son vinculantes. Además, que los planes no tengan un orden nacional de vinculación hace ineficaz toda acción regional de desarrollo.

Uno de los principales objetivos como comunidad, y que los gobiernos locales prefieren obviar, es lograr la autonomía municipal. La constitución de la Provincia de Buenos Aires es una de las pocas que hasta el momento no ha corregido el capítulo municipal, declarado por la Constitución Nacional. Una de las cinco provincias cuyas cartas magnas son inconstitucionales es la Provincia de Buenos Aires. El principal problema planteado para el crecimiento es que hoy las decisiones son autárticas, lo que implica un sometimiento directo respecto de quién está por encima en una orgánica determinada.

La Provincia está obligada, desde la reforma 1994 por el artículo 123 de la Constitución Nacional, a modificar sus normas y posibilitar la sanción de cartas orgánicas municipales, para asegurar el orden institucional de la autonomía local.

Por otro lado, basando el análisis en errores comunes, el primero que encontramos es que el ciudadano bahiense no puede reconstruir el ideal urbano, dado que la política cree que no está a su alcance hacerlo, análisis poco fundado en las realidades sociales. El ciudadano es el que hace grande una ciudad y no un grupo de políticos. Desde siempre las decisiones han sido tomadas sin una verdadera consulta popular, siendo así sólo un mero reflejo de mecanismos ficticios de participación. Bahía Blanca es una ciudad dormida que hay que despertar.

Los habitantes de nuestra ciudad no son consultados ni escuchados en sus reclamos. No hace falta ser un gran estudioso de la problemática social para poder leer nuestras falencias como comunidad.

Surge así que la ciudad de Bahía Blanca, como cabecera de partido, no es solamente la centralidad urbana, sino también la comarca del estuario del Valle de Bahía Blanca, Punta Alta y Villarino y, también, amplios sectores como la comarca de Tornquist, Coronel Pringles, Coronel Dorrego, Cabildo, General Daniel Cerri, Grünbein e Ingeniero White, entre otros.

Cuando pensamos en nuestra ciudad, solemos olvidarnos que es un gran polo de múltiples acciones sociales y no sólo se encuentra limitada a una centralidad urbana.

La aparente pérdida de nuestra historia hace muy complicado encontrar nuestra identidad. El sistema de poder de la administración pública, que regula nuestras relaciones, no advierte ni siquiera los presupuestos mínimos de formación de desarrollo sostenible para la integración socio territorial.

No podemos darnos el lujo de no potenciar al desarrollo de nuestro partido y nuestra área de influencia. La única manera que una región crezca es que el ideario social construya su diseño de percepciones sociales futuras, a través de una participación social, con mecanismos de control y de construcción de consensos sociales. La sociedad, en su conjunto, debe construir la agenda para el desarrollo sustentable. Por ello es inadecuada la manera de hacer política urbana y regional solamente en nuestro territorio.

Nuestra ciudad se encuentra atrapaba entre una gran complejidad de factores, algunos históricos, otros normativos, otros de incapacidad para generar su propio destino, de una manera plural y democrática, donde todos los habitantes sean parte de un todo. Contribuyen a ésto la falta de controles, un deterioro histórico de las estructuras institucionales y la falta de compromiso social.

Instituciones sociales, y en el caso específico las colegiadas, pasaron a ser observadoras de una realidad, sin reclamar por justos procesos y normativas adaptadas a los tiempos vigentes y las nuevas realidades.

Hoy vivimos en un verdadero caos urbano, con agudos problemas en temas fundamentales para que una comunidad subsista, como es el abastecimiento de agua o redes sanitarias.

Podemos enumerar algunos de los problemas estructurales que presenta nuestra ciudad, a saber:

  • De localización, con una inadecuada relación de la estructura física con la estructura urbana.
  • De trazado y desarrollo, que tiene que ver con la estructura económica y social, y guarda relación con determinadas situaciones físicas que determinan un producto principal.
  • De crecimiento, donde el espacio disponible para habitar es muy acotado, impidiendo lograr una buena calidad de vida.
  • De desarticulación de los centros barriales. Las viejas centralidades han quedado en desuso o abandono, es decir, entraron en crisis al no lograr tener un sistema equilibrado.
  • De circulación, con nudos circulatorios, como en nuestra ciudad, sin definición de los corredores. Un verdadero enjambre que tiene su moño en la plaza central.

El crecimiento de los últimos años fue difuso, sin límites claros, con zonas de usos que se mezclan y crean caos.

Si prestamos atención a lo sucedido en las últimas décadas probablemente coincidamos en que nuestros dirigentes han intentado mejorar estos aspectos, aunque sin poder evitar la creación de nuevos conflictos sociales a cada momento. No han sabido o no han podido construir sociedades participativas, donde los mecanismos de consenso desarrollen conjuntos más equitativos, al no contar con estrategias claras que permitieran consolidar un desarrollo sostenido y armónico. La problemática social urbana es conocida por todos, y ningún maquillaje urbano contribuye a su solución.

Lamentablemente nuestra ciudad ha visto retraído su potencial regional en las últimas décadas. Resulta preocupante que dentro de una problemática histórica de servicios que tiene la ciudad se trate de expandir el área urbana, sin al menos recaer en la cuenta que al sumar nuevas áreas hay que dotarlas de los servicios mínimos. Si hoy contamos con inconvenientes serios de abastecimiento de agua potable, la pregunta principal sería cómo resolver el problema sobre estos nuevos sectores propuestos.

La falta de un desarrollo sustentable abarcativo de todos los sectores hace inviable todo proyecto, dadas las justificaciones imperativas de los gobiernos de turno.

La ciudad es el fruto del trabajo colectivo de la sociedad; en ella se manifiesta la historia social, su existencia en el tiempo está determinada por la necesidad de interrelacionar y organizarse por un bienestar común, basándose en la sustentabilidad ambiental.


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