El sitio de la construcción del sur argentino

Enero/Febrero 2017 - Año XXVII
Panorama inmobiliario

Paso Piedras, turismo, pesca y contaminación

por Centro de Ingenieros de Bahía Blanca

El lago Paso de las Piedras y el dique Ingeniero Goldaracena se construyeron para constituir una reserva natural de agua potable proveniente de las sierras, pero enfrenta un futuro salpicado, entre otras cosas, de metales pesados, bacterias, virus e hidrocarburos debido a las presiones del turismo, los malos hábitos, y la especulación comercial e inmobiliaria.

En varios artículos del diario “La Voz” de Córdoba se advierte sobre el serio problema que implica descontaminar el agua proveniente del dique San Roque, reservorio de vital importancia para la vida en dicha ciudad capital. Son conocidos los esfuerzos que se llevan a cabo para evitar mayor contaminación, habiéndose iniciado tareas para bajar el nivel de ese flagelo a través de onerosas inversiones. En su momento se consideró estratégica la posibilidad de almacenar el agua de las sierras, de excelente calidad, como reservorio del agua que baja de las altas cumbres cordobesas, evitándose también las inundaciones que alguna vez asolaron a esa región. Como era de esperarse, hallándose el dique en una zona netamente turística, aparecieron los problemas. En este momento, el sistema de potabilización del agua lucha contra varios problemas, como lo son la presencia de bacterias, virus, exceso de nutrientes, metales pesados e hidrocarburos, entre otros. En conclusión, el turismo y los pésimos hábitos de las personas han contaminado seriamente una obra que, estratégicamente realizada, da todavía soluciones al sistema sanitario de la región, pero a costos relativamente mucho mayores que hace años atrás.

En nuestra zona podría ocurrir algo similar, si la presión de un minúsculo grupo de habituales pescadores y la especulación comercial e inmobiliaria logran su cometido. El lago Paso de las Piedras y el dique Ingeniero Goldaracena se construyeron para constituir una reserva natural de agua potable proveniente de las sierras, de características singulares ya que proviene de manantiales serranos ubicados a pocos kilómetros aguas arriba, que surte de agua potable a casi quinientas mil personas del área de influencia de la ciudad de Bahía Blanca. Mencionamos su excelente calidad. ¿Por qué razón, entonces, podemos permitir su contaminación, so pretexto de utilizar dicho reservorio con fines comerciales, deportivos o turísticos?

Hay varios elementos a tener en cuenta: en primer lugar, el volcado de nutrientes al lago es inevitable, ya sea por fertilizantes o desechos cloacales que evidentemente ingresan en su cuenca. En este sentido, son conocidos los estudios que se han hecho sobre el efecto de los juncos que crecen a orillas de los espejos lacustres que, en su proceso de crecimiento, se alimentan con esos nutrientes, evitando que lo hagan las formaciones de algas y con ello su proliferación descontrolada, lo que ya ha provocado serios perjuicios a la hora de su filtrado, en el proceso de potabilización. Luego, la actividad que pueda realizarse en sus orillas –aún deportiva– no puede evitar la destrucción del sistema depurador natural que conforman esas poblaciones de juncos, que se desarrollan en los humedales que circundan la periferia del lago. Existen varios estudios al respecto, realizados por científicos japoneses, aplicados a espejos artificiales de agua dulce, sin dejar de señalar la rica experiencia que poseen nuestros expertos que, a través de organismos locales, ya han sugerido un límite que debe aplicarse a la utilización del lago como sitio de turismo y la preservación de los humedales citados. El lago es un reservorio natural de agua potable, hoy en día de cualidades estratégicas, todo lo cual implica que debe cuidarse, aun restringiendo la actividad humana en dicho sector.

Destacamos, también, que las autoridades gubernamentales han prohibido el transporte de sustancias peligrosas por la Ruta Provincial Nº51, para evitar que –ante un eventual accidente– sus aguas puedan ser contaminadas. Resulta entonces lógico concluir que la labor, ya sea deportiva o de esparcimiento, debe ser –al menos– seriamente restringida en ese sector, permitiéndose sólo en los lugares que la Autoridad del Aguas lo autorice.

No escapa tampoco a nuestro conocimiento la desaprensible costumbre de nuestra sociedad de no dar debido destino a desperdicios de todo tipo, provenientes del consumo habitual. Aún en cantidades que podrían considerarse como mínimas, producen contaminación, máxime si se trata de bacterias o virus que, en pequeñas cantidades, pueden ser letales.

Párrafo aparte merece el vertido de metales pesados y el volcado de hidrocarburos, de más difícil depuración y control, que en pequeñas cantidades no aparece como altamente contaminante. No obstante, si la población deportiva o turística se incrementa, también aumentará esa cantidad, tornándose delicado y oneroso su tratamiento.

Por otro lado debe entenderse que el establecimiento de actividades humanas en zonas que han sido declaradas de uso estratégico, donde la preservación de su pureza es esencial, es altamente riesgosa, teniendo en cuenta la habitualidad de cierta parte de la población a transgredir las normas que imperan en la materia.

Por ello, el Centro de Ingenieros de Bahía Blanca, adhiriendo a lo normado por la Autoridad del Agua en el lago Paso de las Piedras y Dique Ingeniero Goldaracena, considera necesario hacer saber a la población en general que la preservación de los recursos naturales, de tan difícil cuidado, exige el cumplimiento total a las normas que los especialistas dictan en ese sentido.


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