El sitio de la construcción del sur argentino

Noviembre/Diciembre 2015 - Año XXV
Al borde de la línea
Leyendas urbanas, edificios y fantasmas

Los lugares donde (dicen) vivió Adolf Hitler en el país

por Ing. Mario Minervino

En 1970 el presidente de la Unión Soviética, Iósif Stalin, le aseguró al secretario de gobierno norteamericano, James Byrnes, que Hitler estaba vivo. Desde entonces, y hasta nuestros días, la versión de que sus últimos años de vida los habría pasado en la Argentina no ha dejado de escucharse.

Han pasado 70 años desde que los rusos ingresaron en Berlín, en mayo de 1945, para dar el golpe definitivo a Adolf Hitler y poner el primer punto final a la Segunda Guerra Mundial. La historia oficial asegura que el líder alemán se suicidó junto a su mujer, Eva Braun, y que su cuerpo fue quemado y enterrado a pocos metros de la cancillería. En 1970 esos restos fueron exhumados y reducidos a cenizas, para ser arrojados al mar. Ese mismo año, en la ciudad de Potsdam, el presidente de la Unión Soviética, Iósif Stalin, le aseguró al secretario de gobierno norteamericano, James Byrnes, que Hitler estaba vivo, que había escapado de Europa. Desde entonces, y hasta nuestros días, la versión de que sus últimos años de vida los habría pasado en la Argentina no ha dejado de escucharse. La postura a favor del bloque alemán del gobierno de Juan Domingo Perón le habría permitido, como a otros miles de alemanes, encontrar un nuevo hogar en nuestro país. Tres edificios —una casa de campo en Bariloche y dos hoteles de Córdoba—sostienen a mano firme esa historia.

Una casa de Bustillo, el nuevo Berghof

De acuerdo a quienes desde hace décadas intentan reconstruir la supuesta vida de Hitler en nuestro país, su primer lugar de residencia fue un atractivo chalet mandado construir en 1940 en Villa La Angostura: la famosa “residencia Inalco”, mencionada hasta hoy como el “hogar de Hitler”.

Su parecido con la casa que el Füher tenía en Bergof, en los Alpes Bávaros, es utilizado como uno de los argumentos de esa historia. El chalet se encuentra en un lote de 460 hectáreas, a orillas del lago Nahuel Huapi, a 7 kilómetros del centro de Bariloche, en medio de un frondoso bosque de especies nativas.

El lote fue comprado en los ‘40 por Enrique García Merou, un abogado vinculado a empresas alemanas que habrían colaborado con la huida de decenas de agentes nazis. García Merou contrató al arquitecto Alejandro Bustillo –autor del Hotel Llao Llao, del Centro Cívico de Bariloche y del Hotel Provincial de Mar del Plata- para diseñar la casa. Los planos llevan su firma con fecha marzo de 1943.

Distintos autores señalan la venta posterior de la propiedad a Jorge Antonio, testaferro del ex presidente Juan Perón, y en los ‘70 la adquirió José Rafael Trosso, presidente del Banco de Intercambio Regional (BIR). Por entonces el contador del lugar era de Juan Mahler, quien resultó ser en realidad Reinhard Kopps, ex oficial de la SS, identificado en 1994, quien además delató a Erich Priebke, aquel vecino barilochense quien fuera partícipe de la masacre de las Fosas Ardeatinas, donde murieron fusilados 335 civiles en las afueras de Roma, en 1943.

Con la quiebra del BIR, el complejo quedó abandonado y fue saqueado. En 1993 la Fundación Hölters, del colegio Alemán de Buenos Aires, alquiló la propiedad para convertirlo en un complejo destinado a los viajes de estudios de sus alumnos. Lo desocupó en 2003, quedando abandonada hasta hoy. Los pocos que tienen acceso al lugar suelen maravillarse con el salón principal, donde se advierte una gran chimenea y amplios ventanales con vista al Nahuel Huapi y la cordillera. Allí, sin sus bigotes, con canas y menos pelo, acompañado de Eva Braun, habría estado Adolf Hitler.

El gran hotel Vienna, tapado por el agua

“Hay por lo menos dos fantasmas. Hasta hace poco sólo se veía a un hombre, pero ahora también se ve una mujer triste. El hombre -de bigotes- no parece de carne y hueso, sino una mera figura”. De un vecino de Miramar.

Subidos siempre a la leyenda urbana, se menciona que Hitler dejaba su residencia en Villa La Angostura para concurrir a dos sitios recreativos. Uno de ellos era el fantástico hotel Vienna, en la costa de uno de los lagos salados más grandes del mundo, conocido como mar de Ansenuza o, más comúnmente, laguna Mar Chiquita, en la localidad cordobesa de Miramar. El agua posee gran salinidad y, a partir de esa situación, cualidades curativas para enfermedades como la artrosis. El hotel fue construido por un matrimonio alemán en 1945, con una propuesta que excedía largamente a las comodidades existentes en el lugar y que lo convirtió en centro de atracción para miles de personas de la clase alta.

Con una historia similar a la de la Villa Epecuén, una crecida de la laguna en 1977 inundó la localidad, cubriendo sus casas y más de cien hoteles y alojamientos. Cuando seis años después las aguas se retiraron, el lugar era un pueblo fantasma y el Vienna una pieza de lujo en un paisaje desolador.

Los turistas hoy se maravillan y sorprenden con su presencia. Una habitual visita guiada da cuenta de la historia del lugar y refiere la presencia de varios jerarcas nazis que acudían a descansar al complejo, entre los que podría haberse encontrado el propio Hitler.

Además de la supuesta presencia de Hitler existe un hecho adicional: la existencia de episodios sobrenaturales en la habitación 106, reforzados por su arquitectura en ruinas, las viejas camas de formato hospitalario y un sombrío espacio.

La Asociación Civil Amigos del Gran Hotel Viena explota hoy el hotel, con el apoyo de la Municipalidad de Miramar. Los que se aferran al mito nazi creen que existen justificativos para mantener la sospecha de la presencia del Fühler, por caso la carencia de documentos que justifiquen las inversiones en ese pueblo y la falta de registros de los huéspedes que pasaron por el lugar durante el período 1939-1946.

El Hotel Edén, en La Falda

“Si el Führer tuviera en algún momento dificultades, él siempre encontraría un refugio seguro en La Falda, donde ellos ya tenían hechos los preparativos necesarios”. Documentos decodificados por la CIA, 1993

Inaugurado en 1898 y cerrado de manera definitiva hace 50 años, el hotel Eden, origen de la localidad cordobesa de La Falda, es uno de los edificios que más sostiene la leyenda de haber cobijado a Hitler. Por sus habitaciones pasaron, entre otros, los presidentes Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta, Agustín P. Justo y Roberto Marcelino Ortiz; también Rubén Darío, Arturo Toscanini y Albert Einstein.

El 1897 Roberto Bahlcke, un ex oficial del ejército alemán, adquirió la Estancia La Falda de La Higuera, de 900 hectáreas, y se asoció con Juan Kurth -cónsul de Suiza- y la empresaria María Herbert para, con créditos concedidos por Ernesto Tornquist, levantar el hotel al pie del cerro.

La obra contaba con dos plantas, salones, 100 habitaciones y 4 baños por planta. Remodelaciones posteriores agregaron 38 baños, un salón comedor para 250 personas, otro para fiestas, sala de lectura, jardines de invierno, galería cubierta y dos balcones desde los que se apreciaba el parque con cientos de árboles traídos desde Europa.

En 1912 fue adquirido por los hermanos Walter y Bruno Eichhorn, quienes para financiar la compra lotearon parte de la estancia, dando origen a la ciudad de La Falda. En 1945, cuando Argentina le declaró la guerra a las potencias del Eje, el hotel fue incautado, con el argumento de la cercanía de Eichhorn al nazismo, y utilizado para alojar a miembros de la diplomacia japonesa.

La última temporada del Eden llegó en 1965, cuando cerró sus puertas para siempre. Los años que siguieron fueron de abandono y saqueos. En 1988 fue declarado Monumento Histórico Municipal y en 1998 lo compró el municipio de La Falda, siendo una de sus principales atracciones turísticas a partir del magnetismo que supone que en el lugar estuvo el Führer.

En 1995, el FBI desclasificó documentos sobre Eichhorn, los cuales revelan que fue un importante contribuyente económico del ascenso de Hitler y que formó parte de los planes que especulaban con su posible huida en las horas previas a la caída de Berlín.

Hasta hace pocos años se escuchaban testimonios de quienes juraban haberlo visto caminando por allí. Uno de esos testigos, ex empleada del hotel, Catalina Damero, aseguraba haberle llevado la comida a una habitación reservada. Una leyenda que se mantiene y que sugiere que el hombre que desató la Segunda Guerra Mundial encontró descansó allí tras dejar el infierno.


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