El sitio de la construcción del sur argentino

Abril-Mayo 2015 - Año XXV
Al borde de la línea
Curiosidades mundanas

La insólita, variable y necesaria Cuarta Dimensión

por Ing. Mario Minervino

En 1670, el filósofo inglés Henry More acuñó el término “Spissitude” para describir lo que llamó “la cuarta dimensión”, en la cual, aseguraba, “se extendía el reino espiritual”. El término refería la medida de un objeto fuera de las otras tres dimensiones físicas. Han pasado desde entonces 345 años y la “Cuarta Dimensión” sigue siendo motivo de estudios, controversias, discusiones, interpretaciones, significados y esfuerzos, tanto en el campo científico como en el artístico.

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n 1670, el filósofo inglés Henry More usó una frase de su creación, producto de su necesidad de definir una circunstancia muy particular. “Spissitude” fue el término acuñado por More para describir lo que llamó “la cuarta dimensión”, en la cual, aseguraba, “se extendía el reino espiritual”. El término refería la medida de un objeto fuera de las otras tres dimensiones físicas. El escritor Jorge Luis Borges, apasionado por la cuestión, reflexionó que “poco importa” lo que More pretendió comunicar, pero consideró “memorable” que hubiese generado ese “contacto genial” entre esas dos palabras. “La fórmula intrigó, los hombres no la dejaron morir”, señaló el autor de Ficciones. Han pasado desde entonces 345 años y la “Cuarta Dimensión” sigue siendo motivo de estudios, controversias, discusiones, interpretaciones, significados y esfuerzos, tanto en el campo científico como en el artístico.

Kata y Ana

Charles Hinton (1853-1907). Matemático británico que acuñó la palabra teseracto (tesseract, en inglés) para denominar a su sistema de visualización de geometría en varias dimensiones, presentando un conjunto de cubos coloreados mediante cuyo estudio, aseguró, era posible visualizar el espacio cuatridimensional. También inventó las palabras “kata” y “ana” (del griego “abajo” y “arriba”) para describir las dos direcciones de la cuarta dimensión. Curiosamente, Hinton terminó preso por bígamo, un hecho que también es de otra dimensión.

El cubismo

Un movimiento artístico cuyo objetivo principal fue alejarse de la representación naturalista y conseguir plasmar de modo simultáneo un objeto visto desde múltiples ángulos, intentando conseguir una cuarta dimensión. Se considera que su inicio data de 1907, con el cuadro “Las señoritas de Avignon”, de Pablo Picasso.

Corta la bocha.

Por estos tiempos se trabaja en la Teoría de Supercuerdas, que plantea la existencia de más dimensiones. Supuestamente, las partículas fundamentales de la física son minúsculos bucles de cuerdas, de modo que nuestro universo tendría once dimensiones: las tres clásicas, una temporal y siete espaciales. La teoría busca relacionar todas las fuerzas de la naturaleza en una única que modela las partículas y campos físicos como vibraciones de delgadas cuerdas, buscando encontrar una única explicación de cómo funciona el universo.

El universo se curva en otra dimensión

El astrofísico estadounidense Carl Sagan (1934-1996) aseguró, en los ‘70, que el hombre “no está en condiciones de reconocer al mundo en cuatro dimensiones”, por su condición de criatura tridimensional, aunque aseguró que esa presencia se verifica en la curvatura del universo, la cual tiene lugar en esa cuarta dimensión, “a la cual podemos no imaginar pero sí aceptar”.

Albert Einstein (1879-1955), el hombre que modificó la física y la interpretación del universo (nada menos), es uno de los padres de esa nueva dimensión desde la ciencia, a partir de sumar al tiempo como un nuevo componente en su revolucionaria Teoría de la Relatividad.

En 1909, antes de que esta teoría tuviera difusión popular, la revista Scientific American organizó un concurso buscando la mejor explicación de que era “la cuarta dimensión”. Los 200 ensayos recibidos dejaron en claro que, aún antes de que Einstein sugiriera al tiempo, ya la sociedad tenía incorporado ese concepto como una noción. Incluso unos años antes, por caso, en su novela “El Fantasma de Canterville” (1887) Oscar Wilde usó la cuarta dimensión del espacio para huir mientras que Rudyard Kipling publicó su cuento “Un error en la cuarta dimensión” (1894).

En la arquitectura, el movimiento

En 1938, el historiador Suizo Sigfried Giedion (1888-1968) publicó su libro (un clásico) “Espacio, Tiempo y Arquitectura”, título que buscó emparentarse con el escrito Espacio, Tiempo y Gravitación, de Arthur Eddington, que divulgaba las ideas de Einstein. Giedion hace un particular planteo sobre la relación espacio-tiempo en la arquitectura, sugiriendo también la existencia o aplicación de una cuarta dimensión en esta disciplina. Para plantear su idea utiliza como ejemplo a la torre Eiffel, construida en 1889. En particular menciona la experiencia de recorrer el último tramo de esa construcción mediante la escalera caracol que permitía llegar a su plataforma más elevada. Subirla permitía, a cada paso, modificar la visión de París. “Es una de las expresiones arquitectónicas más tempranas de la interpenetración del espacio interior y exterior”, detalló. A falta de ejemplos más contundentes de cómo la arquitectura variaba de acuerdo a la posición del espectador, recurrió al Cubismo, estilo pictórico que condujo a “una ampliación consciente de la manera de concebir el espacio”. Giedion explicó cómo el Cubismo rompió con la perspectiva del Renacimiento al permitir mirar a los objetos “desde varios puntos de vista”, ninguno de los cuales “tenía autoridad exclusiva”. Un cuadro cubista, señaló, “se ve simultáneamente de todos lados: de arriba y abajo, de adentro y de afuera. Así se agrega una cuarta dimensión, el tiempo”, remarcó.

Giedion no intentó ninguna demostración “exacta” de su pensamiento arquitectónico, sino que apeló a su imaginación y a relacionar el cubismo con la teoría de Einstein, asumiendo que esa nueva unidad espacio-tiempo era demasiado atractiva como para dejarla afuera de la arquitectura.

Lo hizo a pesar que, durante toda su vida, el pintor Pablo Picasso –cubista por excelencia– negara de manera rotunda que su estilo tuviera relación con ese desarrollo científico, mientras que Einstein siempre remarcó que el cubismo no tenía “nada en común con la relatividad”.

Otro conflictivo encuentro entre la arquitectura y la Teoría de la Relatividad se verificó en 1920, cuando se buscaba comprobar algunos de sus postulados, el científico Erwin Freundlich hizo construir la bautizada torre Einstein, obra emblemática del expresionismo alemán, diseñada por Erich Mendelsohn (1887-1953). No faltó quien relacionó la inusual forma escultórica del edificio con la teoría a la cual serviría. “Evoca la visión de Einstein del espacio y la equivalencia entre materia y energía”, se decía. El propio físico le aseguró a Mendelsohn, en carta personal, que esa comparación era “una pedantería sin base racional”.

Zevi y Le Corbusier, por el movimiento

“Abramos esta puerta con la llave de la imaginación. Estamos entrando en un mundo distinto de sueños e ideas. Estamos entrando en la dimensión desconocida”. Introducción de la serie de TV “La dimensión desconocida”, 1959.

El historiador Bruno Zevi da cuenta también de la cuarta dimensión en la arquitectura al señalar que la misma consiste en representar en el mismo objeto sus diferentes puntos de vista, y menciona que esa dimensión es “el movimiento dentro del espacio construido. Se genera cuando el hombre se mueve en el edificio y lo estudia desde diferentes puntos. Esa dimensión es el tiempo que demoramos en recorrerlo”.

También el suizo Le Corbusier (1887-1965), uno de los grandes maestros de todos los tiempos, consideró el tema. “La cuarta dimensión parece ser un momento de evasión ilimitada, producida por una consonancia excepcionalmente justa de los medios plásticos empleados”, señaló, para explicar que la misma surge como resultado de “una victoria de la proporción, tanto en los aspectos físicos de la obra como en la eficiencia de las intenciones. Para Le Corbusier en una obra concluida con éxito “hay un verdadero mundo” que revela su significado a quien lo merece. “Se abre entonces una profundidad sin límites, que borra los muros y realiza el milagro del espacio inefable. Ignoro el milagro de la fe, pero vivo a menudo el del espacio inefable, cúspide de la emoción plástica”, mencionó. Muchos estudiosos encuentran en la Villa Savoye un claro ejemplo de la cuarta dimensión en la arquitectura, a partir de un recorrido espacial que genera distintas visuales al espectador.

Más cerca en el tiempo, el inglés Norman Foster, considerado por muchos como el más influyente arquitecto de las últimas décadas, menciona la “dimensión social de la arquitectura” como el factor adicional de esta disciplina. “La convicción de que los espacios en los que trabajamos, vivimos o visitamos pueden contribuir a elevar nuestro espíritu, a hacernos más humanos”. La revista que publicó la nota la tituló: “Foster, el arquitecto de la cuarta dimensión”.

Como puede verse, existió una apasionante comunión entre el cubismo, la ciencia, el tiempo, el recorrido y lo social para explicar esta cuarta dimensión en la arquitectura. Volviendo a Borges, el escritor menciona que la posibilidad de una cuarta dimensión es un hecho innegable. “Rehusarla es limitar al mundo, afirmarla es enriquecerlo”, dijo.


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