El sitio de la construcción del sur argentino

Marzo 2015 - Año XXV
Al borde de la línea

La nueva postal de la city porteña

por Ing. Mario Minervino

La reciente colocación de dos imágenes de Eva Duarte de Perón —Evita— ocupando sus últimos 10 pisos en dos de sus caras y su maqueta acompañando los discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por la cadena nacional, han convertido al edificio en nada menos que un nuevo símbolo porteño. La particular ubicación de la ex sede del Ministerio de Obras Públicas (MOP) y actual del de Salud y Acción Social, en el medio de la Avenida 9 de Julio, fortalece su perfil singular y potencia su presencia urbana.

A

pesar de la distancia y del diferente modelo urbano, Buenos Aires no pudo mantenerse indiferente a la inauguración, en 1931, del Empire State Building, la obra de 331 metros de altura que convirtió a Nueva York en una de las urbes más avanzadas de su tiempo. Prueba de esa conmoción es que la intendencia porteña dictó una ordenanza promoviendo una edificación monumental.

El MOP al detalle

1934. Inicio de obra.
1936. Se inaugura como Ministerio de Obras Públicas.
1947. Se termina de abrir la Avenida 9 de Julio y el edificio queda en su centro.
1951. Renunciamiento de Evita.
1951. Se coloca la antena que permite la primera transmisión de TV en el país.
1991. Pasa a ser sede del Ministerio de Salud y Acción Social.
1995. Menem anuncia su demolición.
2002. Cristina Fernández lo declara Monumento Histórico Nacional.
2010. Se instala en su azotea la primera antena para la televisión digital.
2011. Se inauguran dos murales de Eva Duarte, considerada la “Mujer del Bicentenario”.

Por esos años se discutía, también, la necesidad de materializar una avenida Norte-Sur y el ensanche de algunas calles céntricas. Esa idea derivó en la apertura de la “9 de Julio”, una arteria que en principio tendría 33 metros de ancho. Para ello se estableció un perfil edificable a ambos lados, proponiéndose una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura.

En coincidencia con ese proyecto vial se planteó la situación del Ministerio de Obras Públicas, cuyas dependencias estaban dispersas en varios edificios, pagando alquileres elevados. En 1932, el arquitecto José Hortal sugirió a Manuel Alvarado, Ministro de Obras Públicas, la construcción de un edificio único en el terreno destinado al Instituto del Profesorado, a un costado de la futura avenida. El Ejecutivo aceptó la idea y en julio de 1933 elevó el proyecto de ley correspondiente, el cual fue aprobado dos meses después. Por primera vez el estado argentino financiaría un rascacielos de más de 20 pisos y 93 metros de alto.

El proyecto fue realizado por el arquitecto Alberto Belgrano Blanco y las obras contratadas con José Scarpinelli y dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez de Hoz. El plazo establecido fue de 14 meses y la construcción comenzó en noviembre de 1934. La estructura de hormigón fue concluida en 138 días hábiles.

La idea de Hortal era completar en ese sitio un centro cívico, el cual comenzaría con este edificio. Sin embargo una decisión cambió los planes. En plena ejecución del edificio el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la Avenida 9 de Julio tendría 140 metros, con lo cual la obra quedaría en medio de la misma. A pesar de esa curiosa situación, la construcción llegó a su fin.

Al momento de su inauguración, el edificio se convirtió en un referente. Una publicación especializada expresó que se trataba “de una creación excelente”, que satisfacía todas las exigencias y que “por su importancia y valores técnicos” era una síntesis expresiva de la nueva arquitectura oficial.

El edificio, de 2 sótanos, planta baja, 22 pisos, azotea y terraza de observación, estaba articulado en “U”. El acceso principal daba a la Plaza Moreno, con frente hacia la 9 de Julio. Los sótanos fueron ocupados por archivos, máquinas, subestaciones eléctricas, depósitos, talleres y una central telefónica. En la planta baja se ubicó la biblioteca, dos salones para exposiciones, la intendencia y una sala de conferencias. El despacho y la secretaría privada del Ministro se instalaron en el segundo piso. El resto de los niveles fue destinado a las Direcciones Generales de Arquitectura, de Navegación y Puertos, de Ferrocarriles, de Irrigación y de Obras del Riachuelo. En la azotea (piso 23°) se ubicó la vivienda del encargado, los tanques, la maquinaria y un observatorio.

Con sus líneas modernas, desprovisto de toda ornamentación, con sus paredes lisas y sus ventanas estandarizadas, la obra se abría a una existencia plagada de mitos, controversias y misterios.

El gemelo que no nació

De acuerdo a dibujos de época, el autor del proyecto tuvo la idea de construir un edificio gemelo al del MOP, al otro lado de la avenida, estableciendo así una suerte de arco triunfal o puerta, disimulando la situación de haber quedado en el medio de la Avenida 9 de Julio. Sin embargo, esa propuesta quedó archivada y el edificio nunca tuvo su alma gemela. A mediados de la década del ‘40 se concretó la llegada de la Avenida 9 de Julio, desapareciendo la Plaza Moreno y quedando, hasta hoy, como el único y llamativo edificio en medio de la considerada avenida más ancha del mundo. De haberse completado aquella propuesta de una segunda torre, el conjunto se podría comparar con la denominada “Puerta de Europa”, de Madrid -dos torres inclinadas de 114 metros, inauguradas en 1996, diseño del arquitecto norteamericano Philip Johnson-. Ubicadas en el Paseo de las Castellana, en 2009 se sumó al lugar un obelisco de 92 metros, obra del arquitecto Santiago Calatrava.

Llegó la televisión

Así como la Torre Eiffel, en París, justificó su existencia y evitó ser desarmada durante la primera guerra mundial al servir para las antenas radiales, en 1951 la azotea del MOP se volvió de suma utilidad cuando en su azotea se instaló la antena destinada al inicio de la televisión argentina. Esa primera transmisión fue realizada por el canal 7, estatal, el 17 de octubre de 1951, transmitiendo el acto del día de la Lealtad en la Plaza de Mayo. La señal tenía 5 kilómetros de alcance y distribuía las imágenes desde un estudio de Radio Belgrano. Esa antena todavía se conserva en el lugar, como testimonio de tan significativo hecho.

Carlos lo quiso demoler

En 1995, cuando el edificio verificaba un penoso estado general debido a la falta de mantenimiento, el presidente Carlos Menem resolvió demolerlo para así ensanchar la avenida y, a su criterio, mejorar las condiciones del tráfico vehicular.

La noticia la hizo pública el intendente Jorge Domínguez, quien reveló que “lo antes posible, durante 1996” se demolería la ex sede del MOP. El objetivo era eliminar “cualquier obstáculo” al tránsito, pese a que urbanistas y opositores señalaron que se trataba de “una medida arbitraria e inadecuada”. Más allá de la firme decisión del gobierno, la demolición se fue postergando por diferentes causas, entre ellas la falta de espacio físico para reubicar a los 2800 empleados que trabajaban en el lugar. Con los años la idea quedó olvidada, ocupado el gobierno en cuestiones más relevantes.

La coima art déco

No menos llamativas resultan las dos estatuas ubicadas a la altura del segundo piso del edificio, en sus rincones, consideradas la única obra en el mundo que representa, evoca o rinde culto al soborno, la coima, la “untada de mano”.

Su presencia sigue siendo un misterio. Según el mito popular, fueron colocadas para manifestar la corrupción de la época. Las razones que impulsaron a crearlas no aparecen en ningún documento oficial, aunque sí se las ve dibujadas en los planos de fachada originales del edificio. Las dificultades que iba enfrentando la obra y los presuntos intentos de coimas que buscaban acelerarla parecen haber sido determinantes en la decisión.

Se dice, en otra versión jamás verificada, que las estatuas fueron realizadas por el escultor Troiano Troiani –el mismo que hizo el conjunto San Jorge y El Dragón de la ex usina General San Martín (El Castillo) de Ingeniero White–, quien recurrió al art déco –muy geométrico—para su diseño.

Una de las figuras lleva en sus manos un cofre, mientras que la otra extiende su mano hacia atrás, con su brazo pegado al cuerpo, y mantiene una mirada distraída; una alegoría o denuncia sutil, aunque significativa, de quien recibe una dádiva por hacer determinado favor o concesión.

Las dos caras de Evita

La parte superior del edificio posee, desde 2011, dos imágenes de Eva Duarte de Perón, un mito mundial, mujer del presidente Juan Domingo Perón. Una está orientada hacia el Obelisco, donde se la muestra pegada a un micrófono. La otra se recuesta hacia la estación Constitución. El pintor Daniel Santoro y el escultor Alejandro Marmo fueron quienes llevaron la idea a la presidenta Cristina Fernández, inspirados en la figura del Che Guevara colocada en 1993 en una cara del Ministerio del Interior de la Habana, en Cuba. Su proyecto es considerado una intervención artística, un mural metálico de 44 módulos que forman una figura de 31 metros por 24.

La silueta que mira al norte recrea una foto del discurso del 22 de agosto de 1951, el día en que miles de trabajadores pidieron a Evita que aceptara acompañar a su marido en la fórmula presidencial. La de la pared sur la muestra sonriente, y es una recreación de la pintura que ilustra la tapa del libro “La razón de mi vida”.

Santoro explicó que su trabajo es realista y que configura “el anclaje urbano de un icono universal, que transformará la postal de Buenos Aires”, como una vez lo hizo el Obelisco.

El material utilizado en la obra es acero al cobre, aleación que usaban los ferrocarriles ingleses y que pone un límite a la oxidación. Cada una de las siluetas pesa entre ocho y diez toneladas.

El Renunciamiento de Eva

Otro protagonismo del edificio data en que sobre uno de sus lados se montó el palco en el cual, en agosto de 1951, una Asamblea Popular realizada en la 9 de Julio por el Justicialismo terminó con la renuncia de Eva a la candidatura a la vicepresidencia de la Nación.

“A ellos les duele que Eva Perón se haya dedicado al pueblo argentino; a ellos les duele que Eva Perón, en lugar de dedicarse a fiestas oligárquicas, haya dedicado las horas, las noches y los días a mitigar dolores y restañar heridas”, dijo Evita en su mítico discurso ante dos millones de personas.

Fue el día que, ante el insistente pedido de los presentes, Evita pidió un tiempo para tomar una decisión. Nueve días después, el 31 de agosto de 1951, por cadena nacional anunció su “irrevocable decisión” de renunciar “al honor que los trabajadores y el pueblo de su patria quisieron conferirle”. Le quedaban entonces 11 meses de vida.


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