El sitio de la construcción del sur argentino

Septiembre 2014 - Año XXIII
Al borde de la línea

Una manzana que respira historia

por Ing. Mario Minervino

“Se dice que la arquitectura es un verdadero espejo de la vida y el comportamiento social de un período”. Walter Gropius

U

bicada en pleno centro de Bahía Blanca, en una cuarta parte de la denominada manzana fundacional –sitio donde en 1828 se levantó el fuerte que dio origen a la ciudad– se ubica la que desde fines del siglo XIX fue llamada “manzana nacional o fiscal”, por ser propiedad del estado nacional. En ese sitio comenzaron a levantarse destacados edificios entre 1904 y 1930, en una suerte de avanzada arquitectónica relevante que terminó por armar un conjunto que hoy es considerado de relevancia patrimonial local y nacional. A pesar de los muchos cambios que ha registrado la geografía urbana en ese tiempo, el lugar se ha mantenido prácticamente sin cambios, con lo cual, y más allá del valor que cada edificio posee, se trata de un relevante patrimonio cuyo recorrido y conocimiento supone asomarse a la historia y disfrutar de este testimonio en piedra que conforma la manifestación de una sociedad y su tiempo.

Primero fue un banco

La primera obra de la manzana, que durante más de diez años fue única, fue la primera sucursal construida en la ciudad por el Banco de la Nación Argentina. La entidad operaba desde 1892, ocupando inmuebles alquilados y poco adecuados para su funcionamiento. Pero el movimiento que fue adquiriendo la entidad decidió a su directorio a levantar su edificio propio, disponiendo para ello del terreno de la avenida Colón y Estomba. En ese lugar, el arquitecto Alejandro Christophersen –un hombre de influencia relevante en la arquitectura ecléctica historicista que se impuso en el país a fines del siglo XIX– diseñó una particular propuesta, con una esquina cóncava conteniendo el ingreso y con desarrollos diferenciados sobre cada una de las calles. Con la mano de obra del empresario Antonio Gerardi, la piedra inicial se colocó a mediados de 1903 y el banco comenzó a funcionar un año después. Allí operó hasta 1921, cuando el volumen de operaciones lo llevó a mudarse a pocos metros del lugar, a un verdadero palacio que todavía ocupa. El lugar fue ocupado ese mismo año por la Aduana Nacional.

El segundo, otro banco

En 1917, el Banco Nación comenzó la construcción de su segundo edificio, a pocos metros del anterior. Esta vez con una superficie adecuada para una ciudad que despertaba todo su potencial. Se construyó entre 1917 y 1921 con una arquitectura solemne, severa, monumental. Todo el poder del dinero, de la banca y también del país estaba implícito en ese inmueble de enormes columnas de capiteles jónicos, con sus remates afrancesados y la particular presencia de atlantes vestidos con ropas propios de los pueblos originarios. Definido como “un verdadero palacio”, fue catalogado como “el más perfecto de los que existía en el país”. A 93 años de aquella apertura, sigue operando en el lugar. De su exterior puede criticarse que la pintura haya cubierto su revoque símil piedra, luciendo hoy un color blanco que, acaso, desmerece su estética.

El edificio de Correos y Telégrafos

Luego de ocupar inmuebles insanos, ajustados e inadecuados, en 1920 comenzó la construcción de la sede local de Correos y Telégrafos, servicio clave para las comunicaciones de la época y que mantendría un protagonismo vital a lo largo del siglo XX. El edificio se ubicó sobre calle Moreno, llegando a la esquina con Vicente López. De líneas eclécticas, su fachada se mantiene intacta aunque resulta evidente la falta de mantenimiento. En 1997, cuando fue privatizado, fue declarado Monumento Histórico Nacional, buscando preservarlo de intervenciones inadecuadas.

Otro Palacio, para la justicia

Desocupado el primer edificio del banco Nación, el mismo pasó a ser ocupado por la Aduana. Por otra parte, quedó desocupado el terreno entre los dos edificios construidos en la cuadra, donde funcionaba una especie de parque al aire libre que realizaba con mucho éxito festivales de box. En ese sitio finalmente el estado provincial consiguió el traspaso del terreno para erigir los tribunales de la Costa Sud. Proyectado desde la dirección de arquitectura provincial y contratada su construcción con el empresario Justo José Querel, el edificio se convirtió, con sus cinco pisos, en una imponente mole de 30 metros de frente con sus columnas clásicas apareadas, su zócalo almohadillado y su resolución interior en torno a un gran patio central, rematado por una cubierta vidriada. Inaugurado en 1928, el edificio comenzó a utilizarse en 1930.

Un banco engalanado

En 1923 comenzó a levantarse la sucursal local del Banco Hipotecario Nacional, en la esquina de avenida Colón y Vicente López. Otra propuesta historicista, de rasgos neoclásicos, con acceso en esquina y una monumentalidad propia de la manifestación de poder de estas instituciones. El diseño del edifico, con la mano de obra de Santiago Teddi, fue criticado por quienes consideraban que su decoración exterior era más propia de un teatro. La justificación de los autores fue que el Hipotecario era “un banco distinto”, ya que tenía como principal objetivo dar créditos para la construcción de viviendas. Inaugurado en 1926, es el único edificio desocupado de la manzana, después del retiro de la entidad y de haber sido utilizado por la AFIP. Actualmente se está gestionando que el Congreso Nacional lo eleve a la categoría de Monumento Histórico Nacional y se analiza su posible expropiación por parte del municipio.

Los libros, de todos

En 1930, finalmente, quedó armada en su totalidad la cuadra sobre la avenida Colón, con la inauguración de la Biblioteca Rivadavia, que construyó el primer edificio del país diseñado específicamente con ese destino. El concurso que organizó la Asociación fue adjudicado al arquitecto Eduardo Guiraud y la mano de obra aportada por Justo Querel, que por entonces construía el Palacio de Tribunales. El lugar tiene rango de monumento provincial y nacional y los fondos para su ejecución fueron producto de la herencia de Luis Caronti, uno de los fundadores de la institución, que al momento de su fallecimiento, en 1916, legó su fortuna en partes iguales para esa institución y el Hospital Municipal.

Valentín Vergara, el gobernador de las grandes obras

A Valentín Vergara, gobernador provincial entre 1926 y 1930, se deben tres de los edificios de la manzana nacional: el Banco Hipotecario, el Palacio de Tribunales y el edificio de Correos y Telégrafos. Tanto siendo diputado nacional como posteriormente gobernador –siempre por el radicalismo-- fue el encargado de concretar estas obras dentro de un plan considerado entre los más importantes de la historia de la provincia.

Vergara nació en la ciudad entrerriana de Diamante, en 1879, y se radicó en Bahía Blanca apenas recibido de abogado, entusiasmado por la favorable perspectiva laboral local. Aquí inició su labor política como hombre de la Unión Cívica Radical, siendo concejal y dos veces intendente electo, responsable, entre tantas obras, de la construcción del Teatro Municipal y de los mataderos. Dejó la ciudad en 1919 para asumir su banca de diputado y luego fue elegido gobernador. En 1930, terminado su mandato, anunció su retiro de la política para retomar su trabajo como abogado en Bahía Blanca. Mientras pasaba unos días de descanso en su ciudad natal contrajo una neumonía que resultó fatal. Murió en septiembre de ese año, a los 51 años de edad. Sus restos están en el cementerio de la Chacarita y desde hace varios años el municipio intenta, sin éxito, repatriarlos a nuestra ciudad.

Una discusión que se viene

El municipio analiza, por estos días, un proyecto presentado por la AFIP, propietaria del edificio de la Aduana Nacional, para reconvertir el inmueble en su lugar para dictar cursos formativos a su personal y servir para la realización de capacitaciones, congresos y otras actividades, incluso de carácter comunitario. La entidad propone ampliar el edificio de esquina mediante uno de planta baja y dos pisos a emplazar en el terreno que separa ese inmueble de la Biblioteca Rivadavia, con frente sobre la avenida Colón. Esa intervención generaría, de acuerdo a lo informado desde el municipio, una fachada vidriada, de igual altura que la aduana. Una propuesta de este tipo tiene sus adherentes y detractores. Mientras existe una ordenanza que prohíbe toda intervención en esta manzana, la comisión asesora municipal en cuestiones patrimoniales se ha manifestado -aunque no por unanimidad- favorable a la obra. Quedan todavía varias lecturas, ya que la propuesta deberá ser evaluada y aprobada por organismos provinciales y nacionales, atendiendo a la jerarquía del espacio a intervenir.

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