El sitio de la construcción del sur argentino

Mayo 2014 - Año XXIII
Al borde de la línea

La colosal y fallida obra que unió dos puertos

por Ing. Mario Minervino

“Desde que se proyectó la construcción del FRPB consideré que su trazado era inconveniente, desde el punto de vista económico, porque no llenaba una necesidad sentida y por cruzar muchas líneas ferroviarias en pleno servicio”.
Arturo Coleman, superintendente del Ferrocarril del Sud, 1947

“Esta línea, cuyo recorrido atraviesa regiones desprovistas de vías de comunicaciones rápidas y cómodas, será un factor importantísimo de progreso y la pequeña distancia entre las estaciones facilitará mucho el desarrollo de la agricultura y la población de ésas. Las estaciones, de tipos completamente diferentes a los usados hasta ahora, llamarán la atención por su elegancia y comodidad”.
Diario El Comercio, enero de 1907

E

n tiempos como los actuales, en los que el ferrocarril como medio de transporte a escala nacional ha sido casi borrado del mapa, la denominada “arqueología ferroviaria” permite encontrar las marcas de las colosales inversiones que, a fines del siglo XIX y principios del XX, realizaron varias empresas extranjeras para desarrollar este transporte que consolidó la Revolución Industrial.

Las estaciones

Los nombres asignados a las estaciones del Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano (FCRPB) resultan por demás atractivos y singulares. Es el caso de La Nevada, Bombai, Los Muchachos, La Primavera, La Carreta, La Cotorra, Los Callejones, Bariloche, Dos Hermanos, El Peregrino, El Recado, Marucha y Nueva Suiza. Más conocidas o nombradas son las de Huanguelén, Coronel Suárez, San Gregorio, Bajo Hondo, Paso Mayor y El Divisorio.

El club

El 3 de abril de 1920 fue fundado el club Rosario Puerto Belgrano, institución social y deportiva de Punta Alta. Su camiseta tricolor, bandas verticales azul, blanco y roja, se inspira en la bandera de Francia. Su estadio, “el coloso de cemento”, es uno de los más importantes del sur de la provincia.

Una de esas obras, tan ambiciosa como compleja y onerosa, fue la realizada por un grupo de empresarios del puerto de Rosario, con miembros de vasta experiencia financiera, pero de pobre visión para esta inversión. Se trata del trazado de la vía que une el puerto santafesino con el de Bahía Blanca, con la instalación de un muelle en la zona de Punta Alta. Ése fue el origen del Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano (FRPB), el cual pretendió, además, competir en el noroeste bonaerense con los ferrocarriles del Sud y el Oeste, ambos en manos de empresas británicas.

El servicio fue deficitario desde su inicio y apenas tres años después de habilitado la compañía debió desprenderse de terminal en Punta Alta.

Tampoco le dio buenos resultados extender los rieles hasta Ingeniero White.

En 1949, ya en manos del estado, el FCRPB cerró su historia.

La obra

El trazado planteado, de trocha ancha, cortó transversalmente decenas de ramales ferroviarios existentes, exigiendo costosas obras de ingeniería para salvar empalmes, sortear rutas y cruzar ríos y lagos. En cercanías de Bahía Blanca, por caso, aún pueden observarse los siete puentes de hierro que cruzan el río Sauce Grande, con un largo total de 266 metros. La obra comenzó a construirse en 1906, administrada por la Compagnie de Chemin de Fer de Rosario a Puerto Belgrano, integrada por directivos del Banque de París, de la Compagnie del puerto de Rosario y financistas de la talla de Otto Bemberg, Dreyfus y Batignolles, entre otros. En Bahía Blanca, el campamento fue instalado en Bajo Hondo, mientras que a través del Puerto Militar se descargaban rieles y durmientes, viviendas prefabricadas, locomotoras y vagones. Los perfiles de las vías eran tipo Vignole, de 12 m de largo y 540 kg de peso, y cada tramo se colocó sobre 16 durmientes de quebracho. Debieron construirse 36 puentes, sumando un total de 857 metros, además de 21 cruces sobre vías preexistentes, 7 sobre arroyos y lagunas y 17 sobre rutas. En diciembre de 1910, la obra estaba terminada y el primer tren salía desde Rosario con destino a Punta Alta.

El muelle, las estaciones

En Puerto Belgrano se construyó un muelle de 250 m de largo, con 16 grúas eléctricas y 14 guinches, además de las instalaciones para la carga y descarga de granos. Su ubicación resultó siempre problemática y conflictiva, por encontrarse dentro de un área militar. Apenas terminada su construcción, el muelle fue adquirido por el gobierno nacional e incorporado al servicio de la Marina de Guerra. La empresa gestionó entonces un acceso al puerto de Ingeniero White a través de un empalme con el Ferrocarril del Sud, pero esa alternativa nunca logró consolidarlo en el sitio.

Como en toda obra ferroviaria, el tendido ocupó toda una franja de terreno a los largo de sus casi 800 kilómetros de recorrido, conformando una especie de ciudad lineal donde aparece, en toda su extensión, el apoyo necesario para el funcionamiento del tren y de sus cargas. Ésto derivó en la ejecución de 56 estaciones, distribuidas una cada 15 kilómetros, conformadas por el edificio para pasajeros –con sectores de boletería, salas de espera, oficina del jefe, telégrafo--, los galpones de acopio, sanitarios, casillas de señales y tanques de agua. La mayoría de esas construcciones brindan hoy crudo testimonio del abandono y el olvido de la línea. Muy pocas se han salvado del vandalismo, otras pasaron a ser parte de pueblos fantasmas y muchas aparecen perdidas en el medio de la llanura. Su arquitectura –similar a la desarrollada por los ingleses (ladrillera, cubierta de teja, volúmenes puros)–, tiene como particular detalle de diseño que su cubierta sobre los andenes termina “a contrapendiente”, dando un rasgo singular a las mismas.

La inversión de la compañía se completó con la compra de 45 locomotoras y 1.000 vagones, llevando la inversión a un costo final de 33.219 pesos oro por kilómetro, muy por encima de las previsiones iniciales.

La extensión a Bahía Blanca –27 kilómetros– se concretó en 1922, dando lugar a la única estación terminal de esta ciudad, con su edificio perpendicular a las vías y un galpón, ya demolido, destinado al acopio. Desactivada en 1949, en 1979 el inmueble fue adaptado como terminal de ómnibus, función que cumplió hasta 2009. Hoy es un Centro Comunitario Municipal. El FRPB fue nacionalizado en 1948, cuando la línea se dividió en dos: la norte operada por el Mitre y la sur por el Roca. Las privatizaciones del sistema de cargas durante el Menemismo le otorgó la totalidad de la concesión a FerroExpreso Pampeano, que hoy hace circular trenes entre Villa Diego y Coronel Granada.

Lo poco que puede encontrarse del resto de los bienes da cuenta del penoso destino del ferrocarril, en este caso con el aditivo de haber sido una inversión nacida para el fracaso.

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