El sitio de la construcción del sur argentino

Mayo 2014 - Año XXIII
Editorial

El peligro de los diagnósticos sin fundamentos

por Ing. Ricardo R. Kloster - Director
L

os argentinos nos caracterizamos por “saber casi de todo”, y no siempre nos informamos o estudiamos sobre los temas que opinamos. Así, solemos discutir sobre fútbol, economía, tránsito, religión y cualquier otro tema que esté en el tapete en determinado momento.

Lo grave no es opinar, sino hacerlo sin el debido sustento, repitiendo “slogans” o “verdades armadas” por sectores que suelen tener intereses ocultos, como si éstas fueran absolutas.

Ante la consulta del origen de alguna opinión, resulta corriente la respuesta que el tema fue “visto, oído o leído” en algún medio de comunicación, sin analizar con mayor profundidad la intencionalidad perseguida por quien instala el tema -sea oficialista u opositor a la actual gestión de gobierno-.

Hacernos los distraídos y creer que existe una información objetiva y sin intereses -sean económicos o políticos- es no haber tenido en cuenta lo ocurrido en los últimos tiempos, con giros o cambios de opinión tan radicales sobre algunos temas que, si no fuera serio, resultaría cómico.

Así, el remanido reclamo de no “subsidiar indiscriminadamente los servicios de luz y gas”, repetido hasta el hartazgo hasta hace unos meses por algunos economistas y opinólogos, es entendido ahora por estos mismos como un gran “tarifazo”, que repercutirá en el bolsillo de la clase media, al quitarse o disminuirse estos subsidios; la justificación ante algunos hechos de intentos de “linchamientos” como casos de justicia por mano propia, que generó encendidos debates y ocupó los espacios centrales en los principales medios de comunicación durante días y días, desapareció como por arte de magia al conocerse la opinión del Papa Francisco, condenándolos; y así otros tantos temas que ocupan por semanas los espacios centrales como si fueran el único eje sobre el que gira la realidad del país -inseguridad, inflación, corrupción, narcotráfico, aislamiento del mundo, subvaluación del dólar, etc.-, con una fuerza inusitada y que luego van diluyéndose en el tiempo.

Como se expresó al inicio de esta editorial, el problema no está en emitir nuestra opinión ante quien sea. Ello tiene que ser parte de nuestro actuar cotidiano. El problema radica en hacerlo sin fundamento y es nuestra responsabilidad como ciudadanos no repetir errores de los cuales tengamos que arrepentirnos. Un correcto análisis y reflexión debiera ser un ejercicio de sentido común por parte de todos, antes de emitir algún comentario que pueda provocar en el otro, en el que escucha, una impresión equívoca de la realidad.

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