El sitio de la construcción del sur argentino

Marzo/Abril 2014 - Año XXIII
Editorial

Ganadores y perdedores tras la devaluación

por Ing. Ricardo R. Kloster - Director
L

as primeras consecuencias observadas tras la devaluación del peso producida durante los últimos días de enero pasado -de alrededor de un 23%-, fue un inmediato aumento de precios en practicamente todos los rubros, reflejando claramente que la gran mayoría de las empresas formadoras de precios no establecen los mismos teniendo solamente como base sus costos, sino a partir de criterios especulativos, entre los que tiene una importancia vital la expectativa de devaluación a futuro por ellos mismos generada.

No se explica, por ejemplo, el por qué del aumento en los insumos básicos de la construcción, como el hierro, cemento y ladrillos cerámicos, entre otros, en porcentajes similares a los de la devaluación, si la materia prima se encuentra en el mismo lugar, los sueldos aún están en etapa de negociaciones paritarias, la energía para su fabricación sigue costando lo mismo y los aumentos del combustible -que incide en los fletes- no fueron significativos.

La forma en que desde la oposición y los medios autodenominados independientes se atribuye toda la responsabilidad inflacionaria al actual ejecutivo ofende a aquellos que a diario trabajamos por un futuro mejor. El mercado responde a lógicas propias, sin importarle el bien común y, por estos días, contribuye con su accionar a agravar la incertidumbre. Quienes se hacen eco de informaciones pesimistas, muchas de ellas sin la debida fundamentación que las avale, colaboran en acrecentar tal estado de situación.

No se puede remarcar injustificadamente los precios, apostar al dólar buscando la renta sin esfuerzo, retener exportaciones y reclamar por el pago de menos impuestos, pretendiendo, a su vez, que funcionen correctamente la educación, la salud y, además, se invierta en infraestructura comunitaria.

Está muy claro que al poder económico no le conviene un estado fuerte, que imponga políticas de mejoras sociales, por temor a una reducción en sus ganancias. Así es como estos intereses trabajan por instalar la idea de un gobierno “corrupto, ineficaz y demagogo”, atacándolo permanentemente sin siquiera preocuparse en mostrar las pruebas que justifiquen tal agresión.

Una muestra de esta forma de actuar es la información que se brindó tras los accidentes ferroviaros producidos en 2012 y 2013 en la ciudad de Buenos Aires, con el lamentable saldo de numerosas víctimas mortales y gran cantidad de heridos. Ante estos hechos, se afirmó que se trataba de casos de falta de controles estatales, ausencia de inversión en infraestructura ferroviaria y corrupción en el manejo de las concesiones. Los trenes “no frenaban”, afirmaban a diestra y siniestra. Después de estudios y ensayos exhaustivos, todos los peritos técnicos concluyeron unanimemente en que las formaciones ferroviarias siniestradas estaban en condiciones de frenar, por lo que los accidentes se debieron exclusivamente a fallas humanas.

Sabiendo, pues, cuál es el interés que persiguen los grandes grupos económicos y cómo pueden afectar a los gobiernos de turno -recordemos la experiencia histórica del fin anticipado de la gestión de los presidentes Alfonsín y De la Rúa-, no volvamos a cometer los mismos errores. Defendamos enérgicamente los logros alcanzados y marquemos, también, aquellos yerros cometidos, proponiendo nuevas y mejores alternativas, pero siempre dentro del marco de la democracia.

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