El sitio de la construcción del sur argentino

Julio 2013 - Año XXIII
Al borde de la línea

Tesoros del arte en ladrillo industrial

por Ing. Mario R. Minervino

Abandonados en gran parte a su suerte y sin un programa oficial que las proteja o que permita generar mecanismos ciertos de ayuda para su mantenimiento, sobreviven en Bahía Blanca destacados conjuntos de viviendas obreras construidas a principios del siglo XX por las empresas ferroviarias de capitales ingleses, que se instalaron en nuestra ciudad, impulsadas por su estratégica condición portuaria.

L

a principal protagonista de estas obras, que permitieron extender el novedoso lenguaje industrial a estas viviendas urbanas, fue la empresa del Bahía Blanca al Noroeste, absorbida, en 1905, por la del Buenos Aires al Pacífico, “El gran coloso”, según se la conocía en el país. Se trata de casas construidas para alojar a sus propios empleados, pensadas para un núcleo familiar y a partir de un diseño que, sin saberlo, estaba ofreciendo los primeros modelos inspiradores del movimiento moderno, el que modificaría de manera definitiva la arquitectura del siglo XX.

Conocidos como barrios ingleses o colonias ferroviarias, se destacan en Bahía Blanca dos complejos habitacionales, modelos que más allá de haber alcanzado –en uno de los casos–relevancia y reconocimientos a escala provincial y nacional, lejos están de ser valorados como obras de arte o conjuntos urbanos de relevancia. Por el contrario, se los puede ver perdidos entre cercos de chapa, intervenidos de manera penosa, sufriendo el paso del tiempo. En estas condiciones ofrecen un penoso testimonio de un pasado relevante y transformador.

El barrio inglés

Ubicado en las primeras cuadras de calle Brickman, conforma una propuesta inédita en la provincia y un modelo riquísimo de arquitectura de viviendas desarrolladas a partir del lenguaje adoptado para los edificios industriales ferroviarios.

A poco de hacerse cargo de la sección Bahía Blanca al Noroeste, el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP) plantó, en los bordes férreos de la ciudad, una obra industrial que presentó a los ojos pueblerinos una mole ladrillera inédita, rústica y potente. Era arquitectura de ingenieros, desacreditada por los profesionales egresados de las escuelas parisinas y excusadas del gusto popular por su condición industrial. Usinas, mercados, talleres, estaciones y viviendas conformaron un nuevo perfil urbano para una urbe que asumía tempranamente su condición ferro-portuaria, como paño de una revolución industrial que borraba para siempre el mundo tal cual se había concebido hasta entonces.

Las viviendas de calle Brickman fueron ofrecidas en alquiler, al tiempo que se daban las primeras paladas de sus cimientos, en 1906, pensadas para empleados de la empresa que así podrían disponer ”con poco costo de higiénicas y cómodas habitaciones”. Los planos de la obra fueron presentados al municipio por el gerente de la empresa, William Bremen Harding Green, detallando los 13 monoblocks tipo chalet, ubicados en la quinta 144, con frentes de 20 metros sobre calles Donado, O’Higgins y Colón, y un desarrollo de 205 metros sobre calle Brickman.

“En la tarde de ayer se colocaron los primeros cimientos, vale decir, la piedra fundamental, del hermoso conjunto de palacetes proyectado por el progresista directorio del BAP, en la sección denominada Barrio del Noroeste, que constituirá en breve tiempo uno de los rincones más pintorescos de Bahía Blanca”, mencionó un diario local. Por entonces, el hoy populoso barrio era el límite urbano; después de ese cordón industrial se adivinaba la llanura. Para marzo de 1907, parte del conjunto estaba próximo a su terminación. El “barrio inglés” disponía de 13 bloques, organizados en planta baja y alta, con dos viviendas (apareadas) por planta, por lo tanto, cuatro unidades por grupo, sumando cincuenta y dos unidades, una población de 200 habitantes. Cada departamento, de 60 metros cuadrados, se organizaba en cocina con despensa, comedor y sala. Los accesos a las plantas altas se realiza por escaleras de madera exteriores y los baños se ubicaban fuera de cada vivienda.

El uso del ladrillo visto, los techos de pizarra con pendiente a cuatro aguas, los balcones con barandas ciegas de hierro, las cresterías metálicas en los remates y las chimeneas de cada conjunto plantearon una propuesta novedosa y reaccionaria contra la visión historicista de las casonas de aires italianizados o afrancesados. Era el lenguaje industrial llevado al ámbito familiar, organizados en altura –que jerarquizaba toda obra–, y con un retiro de la línea municipal, de modo de generar un patio anterior. Los aleros estaban terminados con crestería de madera, similar a los desarrollados en las estaciones ferroviarias.

Un aporte valioso para el conjunto lo ofrece la pendiente que tiene la calle Brickman, permitiendo que los bloques tengan distintas alturas respecto al nivel de la arteria, generando un rico movimiento visual del conjunto, que puede advertirse desde el vecino puente de la avenida Colón.

Las colonias estuvieron en poder del ferrocarril hasta 1996, cuando fueron vendidas a particulares, muchos de ellos descendientes de sus primeros habitantes. Tan desprolija fue esa operación –que contó con la intervención del banco Hipotecario Nacional-- que muy pocos de sus ocupantes tienen hoy la documentación que acredite esa propiedad. Esa circunstancia es una de las principales trabas para quienes trabajan desde hace tiempo buscando dar al conjunto una figura legal que permita comenzar a realizar tareas de preservación y recuperación. Mientras tanto, el deterioro de las casonas es evidente y siguen apareciendo desacertadas obras adicionadas, muros pintados, pizarras caídas, demasiado óxido y un penoso olvido.

Colonias del Maldonado

La colonia para empleados ferroviarios que construyó el BAP en la vía a Nueva Roma, que introducía sus rieles en suelo pampeano, próxima a la demolida estación Maldonado y el que fuera galpón de locomotoras, es otra de las valiosas propuestas de viviendas de esta compañía. A diferencia del barrio de Brickman, en este caso se trata de viviendas colectivas, desarrolladas en tres grandes bloques tipo galpones, ubicados en calle Santa Cruz al 2.500.

Se construyeron en ese lugar cinco conjuntos, con muros de ladrillo visto de 30 centímetros en exteriores y de 15 en tabiques divisores. Las aberturas son de madera, como así también sus cielorrasos y pisos de las habitaciones, mientras que en cocina y despensa se colocaron mosaicos.

En la planta había dos cocinas (en los extremos) conectadas con el comedor y, entre éstas, se encontraban las habitaciones, independientes y abiertas hacia la galería que corre a ambos lados de los edificios.

El conjunto aparece techado a cuatro aguas (dos aguas, una hacia el frente otra hacia el contrafrente, y faldones en los extremos) con chapa y con sus canaletas vinculadas con albañales que desembocaban en cuatro aljibes. Como se advierte, un sistema de aprovechamiento del agua de lluvia que hoy se pretende presentar como novedoso en proyectos “eco-sostenibles”. Los sanitarios estaban formados por letrinas exteriores.

El agua del complejo provenía del tanque de agua del galpón de locomotoras.

Las colonias de Maldonado aparecen hoy escondidas y desdibujadas, desarrolladas en tres cuerpos colectivos, de 400 metros cuadrados cada uno (45,15 m x 9,00 m), con diez locales en cada una de sus caras, todos con acceso desde la galería corredor. El conjunto edilicio se encuentra emplazado en un amplio terreno y dispone de varios patios comunes.

Cualquier pretensión de conocer o recorrer estas colonias es poco menos que inviable. Ocupadas desde hace años de manera incierta, están cercadas y sus ocupantes se encargan de disuadir cualquier curiosidad que pretenda escudarse en aficiones artísticas o arquitectónicas.

Pocos ejemplos

A pesar del inmenso desarrollo edilicio que los ingleses realizaron en el país desde fines del siglo XIX, no son las colonias ferroviarias o los barrios obreros modelos simples de encontrar. Fuera de los de Bahía Blanca, existen conjuntos destacados en pueblos como Mechita –a 200 kilómetros de Buenos Aires– y en puntos vitales de estas empresas ferroviarias como Remedios de Escalada o Barracas.
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