El sitio de la construcción del sur argentino

Octubre 2012 - Año XXII
Al Borde de la Línea

Francisco Marseilán y Guillermo Martín. Los otros Proyectistas de la llanura bonaerense

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esde hace no muchos años, los bonaerenses han tenido la oportunidad de ir descubriendo la misteriosa y vasta obra del ingeniero arquitecto Francisco Salamone, nacida al conjuro de un colosal Plan de Obras Públicas del gobernador Manuel Fresco, entre 1936 y 1940. Por su lenguaje expresionista, futurista y art déco, sus decenas de municipios, mataderos y portales de cementerios se han convertido en un verdadero foco de atención de estudiosos de todo el mundo, que han recuperado un trabajo borrado como parte de la denominada “década infame”, tiempo de fraudes electorales e ideas totalitarias.

El “descubrimiento” de la obra de Salamone abrió, también, la puerta para encontrar a otros constructores que, en la misma época y con los mismos fondos provinciales, tuvieron oportunidad de participar de varias obras en pueblos y ciudades de la provincia. Uno de ellos fue el ingeniero civil Francisco Marseillán, quien desde Bahía Blanca -donde dejó su firma en la fachada de cientos de viviendas- llevó adelante una vasta y no menos atractiva propuesta arquitectónica.

El plan

La Ley 4017 de Bonos de Obras Públicas Municipales autorizó al Poder Ejecutivo Provincial a emitir documentos de crédito para la construcción, reparación o adquisición de edificios municipales, delegaciones, cementerios, hospitales, mataderos, mercados, plazas, parques, usinas y corralones, entre otros. La mayor parte de los 100 municipios bonaerenses adhirieron al programa, contratando a distintos profesionales para realizar sus proyectos y construcciones. En ese esquema la figura de Salamone, muy allegado a Fresco, resultó rutilante, por la cantidad de obras y por el estilo asumido para las mismas. Varios profesionales se sumaron a esta cruzada, aprovechando que el volumen de trabajos superaba con creces la capacidad de respuesta por parte de los ministerios de obras públicas.


Marseillán, en este esquema, asesoró a siete municipios, poco más de la mitad de los que participó Salamone, planteando proyectos, dirección técnica y, en algunos casos, la construcción.

Marseillán y Martín

Marseillán tenía 40 años de edad, nació en Coronel Dorrego en 1894, cuando tomó esta colosal tarea, a partir de su estudio de arquitectura, establecido con el ingeniero Segundo Fernández Long, en Bahía Blanca. En la empresa trabajaba, además, a cargo del departamento de arquitectura, el ingeniero Guillermo Martín, quien alcanzaría un fuerte protagonismo en las obras para terminar, más adelante, al frente de su propio estudio.

En 1936, cuando comenzó a tomar forma el plan de Fresco, Marseillán se había instalado con su gente en Buenos Aires. Tenía ya sobre sus espaldas una interesante experiencia en obras públicas, pues desde mediados de la década del ‘20 había levantado cementerios y mataderos en las localidades de Copetonas, Orense y Micaela Cascallares, y las usinas eléctricas de Tornquist, Villarino y Saavedra. El estilo elegido fue el neo colonial, muy de boga entonces como propuesta de lenguaje autóctono. En Bahía Blanca, un conjunto de casas de ese estilo diseñadas por Marseillán pueden verse en la avenida Alem y Sarmiento. Con la llegada de Fresco al gobierno el profesional pudo desarrollar trabajos en los partidos de Mar Chiquita, Carmen de Areco, Olavarría, Bolívar, Pehuajó, Puán y 25 de Mayo. En un artículo publicado en el diario Clarín en 2005 se menciona a Marseillán como uno de “Los otros Salamone”.

Los trabajos

En Puán, Marseillán y Martín toman a su cargo el proyecto y dirección del Mercado Municipal (1935-36), materializado con recursos propios de la comuna, quedando la construcción a cargo de la empresa Zacconi, de Pigüé. En 1936, ese municipio adhirió a la ley provincial para tener recursos para construir el edificio municipal y las delegaciones y mataderos de Villa Iris y Bordenave. El edificio municipal de Puán (1936-38) fue el resultado de un particular concurso de ideas del cual participó Marseillán, aunque el mismo fue declarado desierto y luego otorgado el primer premio mediante un sorteo entre los participantes, resultando favorecido el ingeniero César Fernández. La obra, de estilo art déco, fue asumido durante algún tiempo como de la autoría de Salamone, aunque ese error luego fue corregido. La delegación de Villa Iris fue diseñada por Guillermo Martín y adjudicada su construcción a la empresa bahiense de Francisco Luisoni, el mismo que construyó el Teatro Municipal de Bahía Blanca.

Martín ganó la compulsa por el edificio municipal de Mar Chiquita, frente al arquitecto Córsico Piccolini ya que, en apretado final, el intendente del partido consideró “superior” el título de ingeniero de Martín que el de arquitecto de Piccolini. La obra fue adjudicada a la empresa Hiram y Pedro Gualdoni y realizada entre 1938 y 1940, también en estilo art déco.

En Olavarría, Martín diseñó el teatro municipal, obras de líneas más modernas, el cual quedó inaugurado en julio de 1940.

Marseillán logró la contratación del proyecto de la delegación municipal de Hinojo, tomando a cargo también su construcción.

En Bolívar, y luego de varias idas y venidas, Marseillán tomó los proyectos del matadero de esa localidad, el mercado y el cementerio. También las delegaciones comunales de Urdampilleta y Pirovano, todas construidas entre 1937 y 1939.

Por último, fue contratado para el proyecto y la dirección de obras del municipio de Bolívar (1938-1942), adjudicado a los ingenieros Hiram y Pedro Gualdoni, al tiempo de diseñar las delegaciones de Norberto de la Riestra, Del Valle y Gobernador Ugarte, todas de ese partido.

Los estilos

La obra desarrollada por Marseillán resulta, desde lo estilístico, muy variada, adhiriendo a corrientes historicistas, modernas y art déco. Los cementerios, en general, tienen accesos neoclásicos y las delegaciones resultan edificios muy sencillos, mayormente art déco. De hecho, los primeros estudios sobre Salamone le adjudicaban los trabajos de Marseillán en Puán, Mar Chiquita, Urdampilleta y Pirovano.

Lo cierto es que, tanto uno como el otro, trabajaron de manera incansable y con una capacidad increíble, desarrollando un paquete de obras simultáneas, en lugares distantes, con pocos medios de comunicación, limitaciones para conseguir materiales y mano de obra, cumpliendo los plazos en tiempo y forma. Cuando Fresco dejó la gobernación, la mayoría de las localidades de la provincia había modificado su perfil urbano. El interior bonaerense ya no era el mismo.

Salamone y Marseillán fallecieron en 1959. En ese momento, su trabajo era completamente ignorado y hasta escondido, pagando ese costo por ser parte de un gobierno forjado a partir de un escandaloso fraude electoral. El tiempo se ha encargado de redescubrir esa obra y día a día va ganando el lugar que merece.

Por Ing. Mario Minervino

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