El sitio de la construcción del sur argentino

Octubre 2011 - Año XXI
Inmobiliaria

10 varas y la casa chorizo

A

llá por el año 1580 Don Juan de Garay, después de fundar la ciudad de Buenos Aires, consideró que una forma de resarcir a sus acompañantes en tamaña aventura de conquista era dándole tierras en la costa ribereña del Río de la Plata. Para su mejor ordenamiento traza una cuadrícula de 16 manzanas de 150 varas de longitud y, a su vez, divide cada una en 4 parcelas.


Posteriormente, con el devenir de las futuras generaciones cada uno de los solares originaron nuevos que se limitaron mínimamente a 10 varas. Conste que 150 varas equivalen a 129,99 m, es decir, de aquí se originaron los lotes de 8,66 m (es folclore que la medida provino de 10 “trancos” dados por el conquistador).

Los futuros loteos llegaron con este formulismo hasta el siglo XX y en éste hasta la década del ‘40 en el ámbito de la “hoy” Capital Federal.

Las provincias mediante su departamento geodésico copiaron esta operatoria de loteos hasta que la provincia de Buenos Aires lo limitó a un mínimo de 10 m. de frente. Habiendo culminado la etapa colonial –año 1890 en adelante- la llegada de inmigrantes italianos dieron origen a una nueva forma de construcción: “la casa chorizo”. Los lotes de escaso frente obligaron a idear una distribución de piezas en serie con patio lateral. Esta es, arquitectónicamente hablando, la mitad de “la casa pompeyana”.

Las “habitaciones” se definían como ambientes de 4 m x 4 m y alturas de 3 a 4 m, comunicadas entre sí con puertas, y podían ser utilizadas de habitaciones, comedores, livings, y eventualmente –la última generalmente- de cocina.

El baño estaba desprendido y era del tipo “escusado”. La salida al exterior de las piezas se protegían con una galería enfrentada a un patio abierto.

Las paredes –siempre de ladrillos- eran de 45 cm de espesor y las aberturas eran de de madera de cedro -puertas ventanas- con vidrios repartidos. Los frentes se terminaban con fino a la cal con arena “de Uruguay”, y con molduras (realizadas con moldes de metal llevados a la obra) a elección.

Si estaba retirada de la línea municipal en el patio se colocaba centralmente un limonero y en el patio intermedio una higuera, y en algunos casos parrales.

El patio trasero tenía como fin la provisión alimentaria: quinta de lechugas, acelgas, achicorias, tomates, etc. y un gallinero.

Generaciones pasaron por ellas y cada una -llegando al siglo XXI- hizo un agregado o reforma para mejorar su funcionalidad; otras por su buena ubicación, fueron demolidas y dieron origen a edificios en altura.

Rubén Miró - Corredor Público

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