El sitio de la construcción del sur argentino

Febrero 2012 - Año XXII
Al Borde de la Línea

Los Automóviles: esas máquinas de vivir

“La vivienda es una máquina para vivir”. La emblemática, polémica y mítica definición que hiciera en la década del ‘20 el arquitecto suizo-francés Le Corbusier sintetizó, de muy buena manera, la voluntad de los arquitectos del movimiento moderno de relacionar la casa con el automóvil, destacando la necesidad de una sinceridad de diseño, las ventajas de su fabricación en serie y una pureza de diseño que se reflejara de manera clara cada uno de sus componentes.

Desde sus comienzos, el automóvil ha mantenido una íntima relación con los arquitectos. Tanto Le Corbusier, como Walter Gropius y Frank Lloyd Wright –en las primeras décadas del siglo XX-, y Norman Foster, Frank Gehry y Zaha Hadid, por estos días, han elaborado sus propios diseños vehiculares.

Le Corbusier y su Voiture Minimum

Es sabido que Le Corbusier gustaba fotografiar a sus obras con un automóvil de época, como una manera de relacionar ese elemento emblemático de su tiempo con su manera de diseñar sus edificios. De hecho, no tuvo pudor en comparar al Partenón –el templo por excelencia de la arquitectura griega- con un automóvil, como modelos de la perfección y pureza estructural. Le Corbusier, quien definió a la casa como “una máquina para vivir”, estaba fascinado con las expresiones de la era de la máquina: el avión, el barco y el automóvil. “Si las casas estuviesen construidas industrialmente, en serie, como los chasis de los automóviles, la estética se formularía con una precisión sorprendente”, proponía en 1923. En esa época diseñó la maqueta de la Maison Citrohan, en referencia al Citröen francés, pensada para ser accesible a toda la gente.

En 1936, finalmente Le Corbusier participó en un concurso de diseño de automóviles, presentando los bocetos de “un vehículo mínimo con una funcionalidad máxima”, al que bautizó “Voiture Minimum”. La unidad jamás logró superar su calidad de proyecto a pesar del esfuerzo de Le Corbusier por encontrar quien se interesara en financiar y construirlo. Preso de su decepción, tiempo después aseguró que el famoso “Escarabajo” de VW y el mismísimo Citröen 2 CV eran copias de su Voiture. Los archivos y fuentes originales dan cuenta de que tanto alemanes como franceses terminaron años antes su prototipo.

El Adler Standard de Gropius

Hacia 1932, en el Salón del Automóvil de Ginebra se expuso el Adler Standard 6, cuya carrocería fuera diseñada en 1924 por el arquitecto Walter Gropius, director de la Bauhaus y uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna. El vehículo fue fabricado por la empresa Adler durante dos años y el modelo Gropius se destacaba por su elegancia, funcionalidad y “minimalismo”. “La importancia de la belleza de un automóvil no depende de los ingredientes y adornos. Un auto moderno usa tecnología y funcionalidad”, señaló Gropius.

La fábrica alemana Adler funcionó entre 1900 y 1957 y fabricó, además de autos, motos, bicicletas, máquinas de coser y de escribir. Los automóviles se caracterizaban por ser altamente confiables, de gran cilindrada, con tracción delantera, cajas de cambios delante del motor, un diseño con gran personalidad y opulencia para generar sensación de poder.

Siguiendo la filosofía de las marcas de alta gama de la época, se entregaban el diseño de los chasis a estilistas de renombre. Allí es donde entró la mano de Gropius. Su diseño, de carácter funcionalista, era una síntesis en las partes y el todo, adoptando soluciones de vanguardia, como estribos de acceso y bisagras exteriores, ausencia de rayos en las ruedas, rueda de auxilio exterior, paragolpes levemente más anchos que las trochas y un diseño integral con predominio del ángulo recto. Gropius conformó un hábil manejo de su arquitectura de la carrocería, aplicando conceptos propios de un arquitecto funcionalista.

A diferencia del Automobile Maximum de Le Corbusier –que aparece demasiado pegado al piso- el Adler Standard de Walter Gropius posee el aspecto de un coche deportivo, con líneas fugaces y poniendo acento en la sensación de velocidad.

Los dibujos de Wright

Un año antes de morir, Wright publicó una revisión de su proyecto urbano de la Broadacre City, a la que llamó The Living City, el cual situaba un desarrollo descentralizado en un paisaje de ondulantes colinas, extensas praderas, lagos y ríos.

Broadacre City fue un proyecto urbano teórico y utópico, que muestra como debería ser la ciudad del futuro. Algunas ideas de la “ciudad jardín” de Ebenezer Howard tenían bastante en común con el proyecto de Wright, excepto por la presencia del automóvil que, diseñado por el propio arquitecto norteamericano, se sumaba a una serie de helicópteros con aspecto de naves extraterrestres.

El modelo de su ciudad se basó en la búsqueda de una calidad ambiental, con un bajísimo índice de densidad, extendida en todas las direcciones. Sigue un modelo de ocupación del territorio basado en una retícula, con casas unifamiliares distribuidas en grandes parcelas, en las que aparecen vías de comunicación lineales. El transporte sería principalmente el automóvil, cuyos singulares modelos aparecen dibujados por Wright en sus ilustraciones.

El plan final de Broadacre incluye taxicópteros y, en las calles, avanzadas máquinas viarias. Wright planteó tres variantes de tráfico vehicular: interno, hacia la ciudad y de paso, con la idea de que se mezclaran lo menos posible. Creó, así, la ciudad desde la circulación, una propuesta opuesta al esquema típico de su época.

Norman Foster y el Dymaxion

Dymaxion es un término creado por la combinación de las palabras dinamismo, máximo e ion, acuñado en 1929 por la Marshall Field, una tienda de Chicago para la cual el artista Buckminster Fuller diseñó un hogar futurístico. Fuller utilizó luego ese mismo término para describir sus diseños de máxima eficiencia en términos de la tecnología disponible Ese fue el nombre que le dio al automóvil que creó en 1930, un coche en parte barco, en parte avión, que sería construido por la Chrysler Su idea era que el Dymaxion, de tres ruedas, pudiera además volar, permitiendo abandonar una carretera, volar y tocar tierra en los terrenos de casas de aluminio ligero.

El Dymaxion estaba destinado a ser una fase de una revolución social, aunque un hecho desgraciado hizo el emprendimiento fracasara. El primer coche fabricado sufrió un accidente en la feria donde se lo presentó, volcando y produciendo la muerte del conductor. Hoy se conserva en el Museo Nacional del Automóvil en Reno, Nevada, el único de los tres coches que sobrevivió. Allí lo vio hace dos años el arquitecto británico Norman Foster, quien se entusiasmó tanto con el trabajo que decidió construir el cuarto Dymaxion de la historia. El Dymaxion tenía el mismo motor y transmisión de la berlina Ford de la época, pero triplicaba su capacidad, consumía la mitad de combustible y tenía un 50 por ciento más de velocidad. El Dymaxion de Foster, terminado este año, tiene cuerpo verde esmeralda y está cubierto con un techo blanco. Es una singular mezcla de una aeronave sin alas, algo salido de una historieta de ciencia ficción. El modelo cuenta con un armazón de aluminio modelado a mano, realizado en un chasis de un Ford Sedan 1934 Tudor, colocado de adelante hacia atrás, por lo que las ruedas traseras del Ford son de las delanteras del Dymaxion. Gran parte de los detalles de diseño copian un Zeppelin, mientras que su motor V8 se montó en la parte trasera, bajo una aleta de la larga cola diseñada tanto para enfriar el motor y aumentar la estabilidad. Está dirigido por una sola rueda trasera, que actúa como timón de un barco. Al igual que el original, su interior es “extraordinariamente amplio”. “Manejar el Dymaxion es una revelación. A bajas velocidades, puede girar sobre sí mismo y, moviéndose más rápido, se siente más como un barco que un coche”, aseguró Foster.

Además de este particular modelo, Foster tiene otras experiencias vehiculares ya que diseñó los nuevos modelos de ómnibus de dos pisos tan tradicionales de Londres, así como unos pequeños autos a electricidad para una ciudad de bajo consumo energético en Dubai.

Fran Gerhy: plegable y eléctrico

También por estos años, el arquitecto norteamericano Frank Gehry –de fuerte impronta deconstructivista y también exitoso creador de joyas y de ropa- aceptó el encargo de la General Motors para diseñar los “autos del futuro”, pequeños, plegables y alimentados a electricidad. Gehry presentó una serie de modelos que, se dice, comenzarán a fabricarse en los próximos años.

Zaha Hadid: la velocidad a pleno

Después de proyectar la nueva fábrica para BMW en Leipzig, la arquitecta Zaha Hadid –una de las más prestigiosas de la última década- aceptó el reto de diseñar un “concept-car”, que sigue las vanguardistas líneas de sus diseños arquitectónicos. El Z.Car es un vehículo de tres ruedas que se exhibió por primera vez en la exposición sobre la obra de Zaha Hadid, en el museo Guggenheim de New York. Entusiasmada con la posibilidad de diseñar automóviles, Zaha Hadid también se entretiene tomando modelos existentes y adaptándolos a su particular estilo arquitectónico.

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