El sitio de la construcción del sur argentino

Enero 2012 - Año XXII
Al Borde de la Línea

Héctor Guimard: El hombre de las entradas del metro

El 20 de mayo de 1942, a poco de haber cumplido sus 75 años de edad, murió en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, el arquitecto francés Héctor Guimard.

El hombre que había escrito la historia más destacada del art nouveau en París, Francia, se despedía en un mundo en guerra que poco espacio tenía para reconocer su obra, ignorado por sus pares, desconocido para los americanos. Su legado, sin embargo, quedó escrito en hierro y vidrio, moldeado en sensuales formas.

Solo fue cuestión de tiempo para que fuera “descubierto” y considerado una obra de arte maravillosa.

Breve Biografía

1867: Nace Héctor Germain Guimard, en Lyon.
1885: Se diploma como arquitecto en l’Ecole nationale des Arts décoratifs.
1889: Diseña el Pabellón de l’Electricité Exposition Universelle, París (Demolido).
1891: Proyecta el Hôtel Roszé, París.
1892: Diseña la sepultura de Víctor Rose, en el Cementerio des Batignolles, París.
1893: Hôtel Jassedé, París.
1894: Hôtel Delfau, París.
1895: Sepulturas de Rouchdy Bey Pacha, Obry-Jassedé y de Giron, Mirel et Gaillard.
1895-1898: Le Castel Béranger, París.
1897-1898: Sepultura de Nelly Chaumier, Cementerio de Bléré, Indre-et-Loire.
1900-1903: Entradas al Métropolitain de París.
1905-1907: Hôtel Deron-Levent, París.
1909-1912: Hôtel Guimard, París
1912: Sepultura de Deron Levent, Cimetière d’Auteuil, París.
1921-1922: Hôtel standardisé, París
1922: Sepultura de Albert Adès, Cementerio du Montparnasse, París.
1929: Es nombrado Caballero de la Legión d’honneur.
1938: Deja Francia y se instala en el hotel Adams de New York.
1942: Muere en New York.

Héctor Guimard nació en Lyon, Francia, en 1867. Como la mayoría de los grandes arquitectos del “art nouveau” fue un creador con un estilo propio y personal, incapaz de crear escuela o dejar discípulos, fruto de su propia imaginación y creatividad.

Definido en términos de estos tiempos, fue protagonista de una explosión tan mediática como el estilo que ensayó. Fue, como los arquitectos Antonio Gaudí o Víctor Horta, protagonista del primer intento del siglo XX por encontrar una nueva forma de expresión de la arquitectura, en un mundo donde sus arquitectos se aferraban a modelos del pasado para dar respuesta a una demanda edilicia cada vez más creciente. El art nouveau se desarrolló entre 1893 y 1914, dejando una huella que no se siguió demasiado tiempo, pero que obligó a todos a cambiar el paso, relacionando naturaleza y modernidad, ensayando una expresión novedosa para un mundo que avanzaba a una velocidad nunca antes vista, empujado por una revolución industrial aún en proceso de expansión.

Las primeras obras

Guimard viajó a Bruselas a fines del siglo XIX, donde visitó el hotel Tassel, diseñado por Victor Horta, la realización más emblemática del art nouveau, el principio del estilo. Cuando diseñó en París el Castel Béranger (1898) dejó en claro su propio momento de transición, al combinar una obra de inspiración medieval con las formas curvas y sensuales del estilo que tenía en la línea látigo, las figuras de flores y animales y el uso del hierro algunos de sus principales componentes.




El Béranger convirtió a Guimard en poco menos que celebridad y su estudio se desbordó de trabajo, con clientes de gran solvencia económica, capaces de aceptar un estilo que tendría en su elevado costo una de las causas de su pronto ocaso. La producción de Guimard fue en constante aumento y su inclinación por el nuevo estilo toma forma definitiva. En 1909, construye el hotel que lleva su nombre, como regalo de boda a su mujer, el cual iría cerrando su carrera cuando el inicio de la primera guerra mundial y el desarrollo del movimiento moderno comiencen a sonar con firmeza en un mundo que hace de la máquina el ideal a seguir.

Las entradas al Metro

A pesar de su vasta obra, sin dudas el trabajo que mejor representa la creatividad de Guimard reside en un trabajo “menor” en cuanto a volumetría y uso, pero que por su cantidad y el particular lugar de emplazamiento se convirtió, con el tiempo, en su obra emblemática. Todo comenzó en 1899, cuando la Compagnie du chemin de fer métropolitain de París llamó a un concurso de ideas para diseñar las entradas al transporte subterráneo de París, el Metropolitian, símbolo de los nuevos tiempos. El ganador fue el arquitecto Enrique Duray, aunque finalmente, para evitar conflictos con el municipio, la compañía decidió contratar al arquitecto comunal Jean-Camilo Formigé, quien terminó por recomendar a Guimard.

Así se encontró este artista con la posibilidad de “plantar” en las calles de la Ciudad Luz más de un centenar de entradas para un sistema de transporte urbano que daba cuenta de la tecnología del nuevo mundo. En un espacio urbano historicista, cargado de cúpulas, mansardas y piedras, Guimard ubicó sus diseños de líneas curvas, resueltos en hierro a la vista color verde y vidrio, con sus columnas en formas de troncos vegetales, naciendo de los adoquines y las veredas, que se cerraban como ramas para sostener las lámparas eléctricas o la cartelería.

Fueron 141 las entradas construidas entre 1900 y 1912, de las cuales todavía existen 86. Guimard diseño básicamente dos modelos, los cuales repitió en las distintas estaciones. Una de las variantes fueron los denominados “kioscos”, cubiertos mediante una marquesina en forma de abanico, resuelta con hierro y vidrio, modelo que se repetiría en todo el mundo. El otro modelo, más simple, se definió mediante una baranda y las columnas-árboles sosteniendo y enmarcado luces y carteles.

Este equipamiento urbano es, en la actualidad, uno de los símbolos de París, la obra por excelencia que todos los libros de historia de la arquitectura eligen cuando explican el art nouveau en la capital francesa. Lejos y en silencio han quedado las voces condenatorias de esta obra que se alzaba desafiante contra el gusto de la época.

Final

El art nouveau es un arte que hoy conmueve con su sensualismo, color y audacia. Fue uno de los maestros de la arquitectura moderna, Le Corbusier, uno de los primeros en valorarlo, al hablar del “gesto magnífico” que significó su existencia. Así como en 1960 algunos turistas comienzan a descubrir la obra de Gaudí en Barcelona, otros los trabajos de Horta en Bruselas, muchos se maravillaron con el legado de Guimard, el cual por sus características permite disfrutarlo a cielo abierto, caminado por las calles, bajo esa condición de arte público que tiene toda obra de arquitectura.

«Subir»
Home | Costos | Blog | Ediciones Anteriores