El sitio de la construcción del sur argentino

Julio 2011 - Año XXI
Al Borde de la Línea

Joaquín Saurí: el arquitecto del Art Nouveau

E

n 1906, el arquitecto Joaquín Saurí, radicado ese año en la ciudad de Bahía Blanca, tenía en Braulio Bilbao un cliente con agallas. O, al menos, con las suficientes para aceptar que en la construcción de su palacete de la esquina de Brown y Anchorena el profesional lo diseñara siguiendo los lineamientos del art nouveau, estilo en boga en varias ciudades del mundo (entre ellas Bélgica, París y Barcelona). El estilo era parte de una propuesta de vanguardia que buscaba, pretensiosamente, establecer un nuevo lenguaje en la arquitectura, adecuado al siglo XX, capaz de reflejar el nuevo mundo con un grito de reacción al trabajo de los arquitectos, que intentaban, mediante modelos del pasado, resolver sus edificios, y también, a la frialdad y mecanización que atribuían a las obras de los ingenieros.

Saurí, que tenía 30 años de edad cuando se estableció en Bahía Blanca, nació en Barcelona, España, ciudad que fue parte de esa búsqueda artística a través, sobre todo, del genio creativo de Antonio Gaudí, quien desarrolló ese diseño -al que llamó Modernismo- buscando resaltar la cultura e identidad catalana. Viviendo en Buenos Aires recibió una propuesta laboral del Colegio Nacional bahiense, fundado en 1906, para dictar materias de su dominio -matemática y física- y le correspondió además cumplir el rol de vicerector de esa casa. Pocos meses en Bahía Blanca le bastaron para consolidar su prestigio como profesional de la arquitectura. Sus trabajos -los que han quedado en pie- están todos catalogados como parte del patrimonio arquitectónico bahiense. Ninguno de ellos, ni siquiera los de más fuerte resolución historicista, ha prescindido del aporte art nouveau.

La obra más cara

“La Casa del Ángel”. Así se conoce a la obra ejecutada por Saurí en la esquina de Brown y Anchorena, en puro art nouveau. El nombre deriva de la cara de un niño (¿ángel?) ubicado en su esquina, en la parte inferior del balcón cerrado. Su diseño se ajusta a este lenguaje que encontró en la naturaleza su fuente de inspiración, recurriendo a la figura de árboles y flores, con movimientos sinuosos, trepando de manera natural por los muros de la obra. Otra característica propia del estilo es el uso del hierro, ese material tan representativo de la arquitectura industrial o de los ingenieros, ignorado por los arquitectos del siglo XIX.

No deja además de ser valiosa en esta casa la resolución de sus herrajes, donde se repite un diseño de formas curvas, del cual emerge la cara de una mujer. Sobre la fachada de calle Anchorena se aprecia la fecha de construcción del inmueble, 1906, lo cual lo ubica en plena época del art nouveau europeo.

Una mansarda a la deriva


En 2008 se demolió una casona diseñada por Saurí en 1910, presentada en su época como “una casa de familia de altos, bajos y mansarda”, ubicada en calle Alsina, entre Lamadrid y Dorrego. A poco de terminada su demolición, para dar lugar a un edificio con destino comercial, la cúpula de planta rectangular que hacía las veces de remate del frente apareció depositada en uno de los patios traseros de una casa destinada a la venta de materiales usados

Casa Vilela: un espécimen de excelente estilo

En calle Fitz Roy, a pocos metros de Brown, se ubica la denominada “Casa Vilela”, proyectada en 1909 para el vecino Manuel Vilela. La obra presenta hoy un penoso estado de abandono en su planta alta y dos locales comerciales en su planta baja.

La construcción de esta casona fue comentada por la Revista Comercial de Bahía Blanca, señalando que era hora que se empiecen a construir obras “que vayan dando idea acabada del grado de cultura a que ha llegado la ciudad”, destacando, además, el hecho de que comenzaran a tener cada vez más participación en los diseños “profesionales diplomados”.

La casa Vilela tiene un rico frente de 17,80 metros, dividido en tres cuerpos, el principal al centro, saliente sobre los de los costados, ornamentado con un balcón cerrado, tipo “bob-window”, situado encima de las tres puertas de entradas a las “casas habitación”.

Saurí señaló el estilo usado como “Luis XIII”, con adornos modernos, “muy en boga actualmente en París y Buenos Aires”, asegurando que el resultado, “sin estar recargado de ornamentación”, era suficiente “para hacer agradable el conjunto”. El profesional destacó el uso del “fierro” a modo de balaustre y reja, “por ser de bastante buen gusto”, aseguró, la combinación de ese material con el revoque símil piedra. Ésto destaca la formación ingenieril de Saurí, quien había cursado estudios en la Escuela de Guadalajara.

Finalmente, la Revista Comercial indicó que la vivienda conformaba “un espécimen de excelente estilo” y esperaba verlo reproducirse “con abundancia”, en pro de la estética y para ver si se pierde “de una vez” el aire de pueblo que caracteriza a las calles de Bahía Blanca.

Palacete Bañuelos

No siempre los diseños de Saurí se ajustaron ciento por ciento al art nouveau. Pero sin dudas se las arreglaba para introducir el estilo incluso en obras donde el historicismo participaba de manera principal. Es el caso de la vivienda familiar diseñada en 1909 para el vecino Apolinar Bañuelos, en la villa La Floresta, detrás del parque de Mayo, un sector poco menos que desierto en esa época.

Saurí se ocupó por desarrollar el proyecto pensado en función “de la climatérica local”, eligiendo las orientaciones más adecuadas y prescindiendo de cubiertas de grandes pendientes, propias de las zonas donde la nieve es protagonista. Así, los dormitorios y el comedor fueron orientados al nordeste, “para que el sol de la tarde no tenga perniciosa influencia y no moleste a la hora del almuerzo”, según explicó.

Definió, además, a la fachada como “de estilo apropiado” al clima de la provincia, con temperaturas de 40 grados en verano y un viento pampero que puede producir una presión de 300 kg/m2. “Es la mejor respuesta para los que pretenden construir techos inclinados, aptos únicamente para países con nieve y escasos vientos”, agregó.

Los elementos art nouveau en este caso aparecen en la rejería exterior, en los dinteles curvos de las ventanas y en algunos detalles de los remates. Saurí mencionó que en este caso eligió el estilo “Luis XIV modernizado”. Un diario de la época señaló que el inmueble conformaba “una nota encantadora” en un paraje donde imperaba “la quinta y la chacra”, el cual sería “sorprendido”, en el corto plazo, “por la población pudiente levantando allí sus regias moradas”.

El palacete Bañuelos fue adquirido años más tarde por Camilo Bertorini, propietario de LU2 Radio Bahía Blanca, quien lo rebautizó como “Rancho Grande”, instalando allí los estudios de esa emisora. En 1949 lo compró el club Sociedad Sportiva, entidad que lo ocupa hasta estos días.

Si bien el edificio conserva su forma original, una de las intervenciones más desacertadas desde lo patrimonial fue pintar su fachada, a principios de los ‘90, incluyendo los paños de ladrillo a la vista de la planta alta, resignando el bien el rico contraste entre el color rojo de ese material y el revoque símil piedra de la casa.

Otras obras

Además de las obras precedentes, Saurí dejó su sello en la casa de rentas construida en la esquina de Alsina y Soler, con una maravillosa puerta art nouveau sobre calle Alsina, la cual incluye dos cariátides de larga cabellera ondulada; la fachada del Colegio Nacional –de aires neoclásico, cuyos cerámicos en los pasillos de acceso al lugar están decorados con estilo art nouveau-, y el histórico chalecito de la avenida Alem al 1200 (“El castillo”), que presenta esa particular decoración en su parte superior. “Saurí dirigió construcciones que figuran honrosamente en el capítulo de las más elegantes, bien dispuestas y mejor inspiradas de Bahía Blanca”, comentó el diario La Nueva Provincia en enero de 1913.

Por Ing. Mario Minervino

Saurí: apuntes biográficos

“El hogar de Saurí es uno de los más vinculados y apreciados de Bahía Blanca. Una de sus modalidades más atrayentes la constituye su fino don de causser, amable y espontáneo, fluido, llano, expresivo y de una eximia cultura”, Diario La Nueva Provincia, 1913

La madrugada del 18 de abril de 1913, pocos minutos después de haber participado de una animada reunión familiar en su vivienda de calle Sarmiento al 300, Joaquín Saurí sufrió un derrame cerebral que terminó con su vida. Dos meses antes había celebrado sus 39 años de edad.

Nacido en Barcelona, llegó al país en 1899, con 23 años de edad. En 1906 obtuvo el título de Arquitecto, el 16º egresado en la Argentina. Comenzó trabajando en la Capital Federal, donde ensayó el art nouveau con el uso de la madera y el hierro. Trabajando con el arquitecto Ángel Silva construyó un “magno edificio” en Sarmiento y Cerrito, con un “estilo vienés”, destinado a embellecer la ciudad “para ese momento y para siempre”.

Un año antes de su muerte, Saurí fue protagonista de un hecho desgraciado: en abril de 1912, conduciendo su automóvil, atropelló a un vecino que descendía del tranvía en la esquina de San Martín y Las Heras, causándole la muerte de manera inmediata. Saurí estuvo detenido unos días en la comisaría segunda. Liberado de toda culpa por la justicia, sus allegados aseguran que jamás logró recuperarse de esa fatalidad.

Su muerte generó uno de los cortejos fúnebres más extraordinarios que se viera la ciudad. Más de cien carruajes acompañaron sus restos a la necrópolis. En el lugar, entre varios discursos, se destacaron las palabras de Enrique Mallea, estudiante de quinto año del Nacional, quien al final de sus palabras expresó: “Algún día vendremos los alumnos a colocar una placa de bronce con la leyenda: “Saurí tuvo tres grandes virtudes del maestro: el saber, la bondad y el carácter”.

Pocas semanas después, su viuda, Benigna Rodríguez, se mudó a Buenos Aires con los siete hijos del matrimonio.

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