El sitio de la construcción del sur argentino

Junio 2011 - Año XXI
Editorial

Un crecimiento que continúa siendo desigual

por Ing. Ricardo R. Kloster - Director
T

ras nueve años sin crisis económicas y ocho años de crecimiento ininterrumpido, siguen notándose grandes inequidades en la distribución de la riqueza en nuestro país.

Más allá de los logros alcanzados por la actual administración, muchos de ellos reconocidos hasta por la oposición -asignación universal por hijo, funcionamiento de paritarias salariales, actualización periódica en las jubilaciones, por mencionar algunos-, es notable ver cómo existen dos países bien diferenciados: uno, compuesto por aquellos que tienen capacidad de consumo y ahorro, que han mejorado sus condiciones de vida a partir del crecimiento económico producido en el país durante los últimos años, y otro, integrado por una gran mayoría, que a pesar de una mejora en sus ingresos en términos relativos no se beneficia con la teoría del “derrame” debido a los buenos momentos de nuestra economía.

Según un informe elaborado por el Indec, que divide a la población en 10 grupos etarios según sus ingresos, el segmento que más creció fue el de menores ingresos, pero aún sigue manteniéndose una gran brecha entre los que ganan más y los que ganan menos: los primeros, en promedio, reciben 8 veces más que los últimos y un 25% de la población económicamente activa continúa por debajo de la línea de pobreza.

De acuerdo con el Barómetro de la Deuda Social Argentina, estudio que elabora la Universidad Católica (UCA), a un 34,3% de la población apenas le alcanza el dinero para el consumo básico, un 51,1% consume, pero no ahorra, y un grupo minoritario -14,7%- es el que puede ahorrar.

El empleo en blanco y la calidad de éste son, sin dudas, condicionantes esenciales que contribuyen a la construcción de una sociedad integrada y con perspectivas de crecimiento. Y nuestro país tiene, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un 41% de la población en esta categoría, mientras que el 59% restante se encuentra en condiciones de precariedad laboral (empleo estable, pero en negro), subempleo (empleo inestable y mal pago) e indigencia (recursos insuficientes para cubrir las necesidades básicas).

En líneas generales, entre 2004 y 2010 se observa un balance positivo de la situación laboral, evidenciado por un aumento del empleo de calidad y una disminución de la desocupación, aunque estas mejoras no se verificaron con la misma intensidad para todos los estratos sociales. Un análisis más profundo revela que el empleo digno creció más en los segmentos medios que en los bajos, concluyendo en que se mantiene o se amplía la desigualdad, agudizándose la brecha estructural.

Por ello, uno de los desafíos que deberá afrontar la nueva gestión gubernamental -sea ésta en su continuidad u otra-, es trabajar para reducir la brecha entre los que más ganan y los que tienen menores ingresos, para lograr una sociedad más homogénea y equitativa.

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